Quise escribir en este espacio una analogía al color rojo. Pude citar la sangre, la carne, los ojos vampíricos, el aroma de la muerte... Pero no. Este blog es rojo porque yo lo deseo. Eso debería bastar.
19 de noviembre de 2010
... Pasión
17 de noviembre de 2010
Trofeo Volátil (Parte 5)
Una delgada y estilizada silueta de mujer empezaba a notarse a lo lejos. El brillo de la luz, cada vez más potente, reflejaba contra un ajustado y delicioso traje de cuero, que le cubria todo el cuerpo hasta el cuello. Su rostro apenas mostraba dos destellos de luz muy tenue, mezclados con las formas de un rostro maquiavèlico y una sonrisa tan ligera que no podrìa determinar si se trata de placer o de maldad, que en este caso, conducen a las mismas circunstancias. Uno de sus brazos, cubiertos con guantes, apuntaba hacia la cara del antes victimario. El otro se refugiaba detràs del cuerpo de su ama.
Entonces ella asomò ese brazo y mostró un azadón. Lo miró, por unos segundos, cual amante fuera, y de una estocada hirió en un muslo al ya nervioso Mario.
- ¿Porqué matas?
Él no pudo contestar. Estaba petrificado. Recordaba la única vez que el fue sometido. El típico caso de bullying en la escuela primaria. Tres contra uno, costilla rota y ojos hechos tomate, y al final, en su vendetta, sólo uno de ellos conservó un ojo. El dolor del azadón, tanto al entrar como al salir de la carne, lo sentía más en el ojo izquierdo.
Ella tomó la punta del azadón, y de manera muy sensual lamió la sangre que aún le quedaba. Agitó el brazo y en seguida se escuchó el fierro caer. Había una mesa a un costado. Tomó dos agujas, retiró los émbolos y, tomándolas firmemente con las palmas de las manos, las clavó en sus pectorales, sin pasar más allá de la carne. Los tubos se llenaron al instante de sangre. Tomó uno a medio llenar y bebió el contenido. Tomó el otro, completamente lleno, y le dio de beber al dueño. Él se rehusaba. Ella le vació el contenido en el cabello, el cual continuó su camino por todo su rostro.
- ¿Porque matas?
- ¡Por mis bolas! Gritó Mario enojado, pues se sentía intimidada por la espeluznante belleza de su verdugo, por el limpio sadismo con el que era atacado.
Ella alzó la mano y le dio una bofetada. La sangre del cabello aún no tocaba su nariz siquiera, pero ya empezaba a saborear sangre y a sentir flojo un diente.
- ¿Porque matas?
- ¡Por placer, perra!
Enfadada, tomó su rostro con fuerza y le dio un beso. Su aroma le resultaba tan exquisito que le hizo cerrar los ojos. Justo empezaba a sonreir cuando recibió la poderosa patada en sus testículos. Un onomatopeya bastante fuerte lastimó los oidos de los fantasmas de la habitación, mientras una sensación terrible de dolor subía hasta su abdomen.
El sonido de un látigo azotando al suelo empezó a infundarle miedo.
- ¿Porque matas?
- ¡Porque nadie me ama! - Gritaba el sujeto, impotente, clamando por piedad, con lágrimas en los ojos.
Recibió tres azotes en su pecho, dejando unas severas marcas que en cuestión de segundos empezaron a hincharse.
Ella sacó de atrás de la mesa una placa metálica de un metro cuadrado, y la colocó en los pies de su víctima, los cuales ya tocaban el suelo. Conectó un caimán a ella, y otro al azadón. En el otro cabo, había una clavija eléctrica. La enchufó. Deslizó la punta del azadón a lo largo de su pecho, desde el hombro izquierdo hasta el riñón derecho. Él se limitaba a cerrar los ojos y exhalar aire de miedo.
- ¿Porque matas?
- Porque es divertido - Al fin admitió Mario. La sonrisa de Esmeralda, tan sutil y femenina, se acentuó con esta respuesta.
Entonces ella abrió una maleta, sacó una pistola de clavos, la conectó a la corriente y se acercó a Mario. De nuevo, le dio un beso. Él empezó a sentir su malicia, cargada de emociones, las emociones que él mismo sentía cuando mató a todas aquellas personas, hombres y mujeres, tan alejados de la realidad, tan afortunados de encontrarse bajo su tutela, de entrar en el mundo tangible de la mano del sufrimiento infundado en cuerpo y alma.
Ella abrió el pantalón de su traje, y tras dejarse inutilizar por el frenesí de su deseo sexual, unió su cuerpo contra el asesino. Ni siquiera una posición tan incómoda les impidió a ambos disfrutarlo. Ella, porque era el objeto de su cacería. Él, porque sabía que esa deliciosa mujer sería la última sensación placentera de su existencia, el calor de una persona que realmente lo deseara, el trofeo más volátil de su pobre existencia.
Luego de algún rato, cuando terminaron, ella salió del cuarto. La luz blanca de la cocina, al otro lado de la puerta, le hacía sentir a Mario en casa. Pudo escuchar durante quince minutos la regadera y los zapatos andando de un lado a otro en una misma habitación. Quizá había disfrutado de aquella sesión, pero es obvio que para un asesino tan visceral ni siquiera los recuerdos en la piel y en el ser son oportunos para matar a alguien conocido. Ya de regreso, con el mismo traje de cuero negro, aunque ahora húmedo, y con unas pinzas y desarmadores en las manos, destapó la clavija y atornilló los cables desnudos a la soldadora eléctrica. Tomó el bisturí, hizo pequeños cortes en su pecho, y tomó una pequeña botella de jugo de limón que había en la mesa. La abrió, tragó un poco y luego arrojó otro poco a las heridas del sujeto, quien se limitaba a suspirar por el ardor.
Encendió ella el aparato a la mínima potencia, para empezar, tomó el azadón y empezó a acercarse muy despacio. Él, entonces, sonrió de manera que ella pudiera ver. La sonrisa más honesta de su vida. Cerró los ojos y esperó hasta el final.
A la mañana siguiente, Esmeralda ya había limpiado con blanqueador el baño en el que se había duchado. Guardó su sleeping bag, revisó minuciosamente no haber dejado ningun cabello ni huella digital, y se puso guantes de látex. Debía comer un poco antes de irse.
Acudió al refrigerador, sacó la caja de Red Baron, y puso el contenido en un plato. - ¿La ultima rebanada? Ja, dos pizzas en una semana. Tengo que cuidar lo que como de una buena vez - decía mientras apenas sentía un pequeño bultito en su vientre. Un bultito apenas notable de queso y masa preprocesada. Dobló la caja, la tiró en la basura y recogió la memoria USB y las llaves de la habitación de pánico. Mientras la última rebanada se cocinaba en el comal de la estufa, Esmeralda encendió la workstation de su difunto. Tecleó la contraseña, demasiado simplona para un hacker experimentado. Un poco de hurgar entre la carpeta home cifrada y en unos cuantos minutos ya tenía toda la información que buscaba del club de lectura, el cual contaba con doce miembros tan sólo en el área metropolitana. Mas que suficiente para empezar su deporte favorito. Apagó el ordenador y salió respirando tranquila.
Porque era un hecho. Esmeralda no buscaba beneficiar a la sociedad limpiando de podredumbre las calles. No, eso tan sólo era una "canalización de talento". Resulta que hasta el acto del asesinato se ejecuta por llana y simple diversión.
16 de noviembre de 2010
Trofeo Volátil (Parte 4)
- Hola, ¿tienes algo que hacer mañana en la noche? - Preguntó la chica, en un tono más que sugerente, y sin esperar respuesta, continuó - Mañana hay homenaje a Sisters Of Mercy. Nos vemos ahí, y luego iremos a... algún otro lado.
- Así será - decía el tipo, planeando la manera en que debía acomodar sus herramientas de tortura. La mesa forrada en seda negra aún no estaba lista, pues la señora Ágata había ensuciado mucho en esa última sesión. Mario colgó su teléfono con carcasa de fibra de carbono mientras pensaba en los chorros de sangre que salían de la yugular de la Dama mientras apuñalaba su garganta con un escalpelo. Es cierto, el aroma a hembra nerviosa mezclado con sangre fresca y shampoo en en cabello le excitaba demasiado, pero le daba asco el hecho de tener que limpiar todo ese desorden. Las desventajas - decía par sí - de cazar a una persona tan... carnosa. Y no precisamente por obesidad. Quite the contrary.
Finalmente se decidió por su colección de Wegner, que recién había esterilizado el fin de semana. Anotó en la lista del supermercado un paquete de agujas esterilizadas, pues pensaba extraer un poco de sangre para hacer después algunas mezclas con puré de tomate y salsa inglesa, además de que nunca en su vida había cocinado moronga y le provocó mucho la última vez que comió gorditas en aquella fondita.
En la noche surtió la lista del supermercado y compró otra Red Baron, extrañado, ya que no recordaba siquiera haber abierto la caja anterior y ese viernes en la mañana ya estaba en la basura. De paso por el área de electrónicos compró una webcam, el día anterior había visto el trailer de una película porno voyeur y decidió que sería un poco exhibicionista, y subiría el video de su acto a un servidor web en Portugal. Justo en la mañana había descubierto una conexión segura SSH con contraseña "admin" con un troughput de 512kbps, mas que suficiente para un servidor de video.
Se llevó su netbook, la webcam, las agujas, los bisturís, las tijeras para pollo, la soldadora eléctrica, el cable calibre 18 y los focos rojos a la habitación de pánico, y ordenó el resto de la casa, limpiando y perfumando para que no oliera a carne humana guardada. A la mañana siguiente salió a trabajar y no hizo mucho alarde de su incompetencia para trabajar por un bien común, como su prepotencia sugería. En lugar de eso, decidió masturbarse mentalmente con la imagen de Esmeralda, y dejar de pensar en su cuerpo descuartizado. Ya habría suficiente tiempo para ver su fantasía hecha realidad.
En la noche, acudió al bar que había acordado con la mujer. Un abrazo cordial, un saludo sugerente y se introdujeron en esa atmósfera oscura que sugiere el repertorio. Nada fuera de lo común, un poco o un mucho de alcohol, cachondeos a la luz de las velas del bar (en efecto, el bar tenía velas) y algunas miradas perdidas en los ojos del otro. Cualquier expectador podría pensar que esos dos tendrían una de esas típicas noches de sexo brutal de fin de semana.
Su chaqueta de cuero Steve and Barrys, lejos de ser barata, lucía muy bien, pensaba para sí mismo, combinaba excelente con su chamarra negra Chanel con bordados en hilo marrón, a pesar de que no lograba descifrar el casi borroso diseño de éste. Sin embargo, su pantalón nuevo Calvin Klein no luciría muy bien con una mancha de orina en su interior. Dejó con la chica su Dos equis a medio tomar, y fue al baño, algo desconfiado, e incluso pujó intentando que saliera más rápido el líquido dorado. Frente al lavabo había un enorme espejo que dejaba mostrar las tres cuartas partes de su cuerpo. No era un modelo de Men's Health, pero al menos sí mostraba seguridad en sus actos. De la manera más ególatra, verse en el espejo lo excitaba de sobremanera.
De regreso, Temple of Love empezaba a sonar en los enormes altavoces JL. La mirada de Esmeralda ya no era de una chica campirana entusiasmada por nuevas aventuras, sino la de una endemoniada y ninfómana citadina que busca un dealer que pueda satisfacerla en más de un sentido. Pero era obvio que algo la había cambiado su sentido del humor y su líbido. Mario miró a la chica extrañado mientras bebía su aún fría cerveza. Ella sólo sonreía.
Un mareo de pronto invadió su cabeza. No era el alcohol. Ya se lo esperaba, pero no tan cínico. Ella lo había drogado, y no al revés, como se suponía que debía ser. Lentamente cayó en sus brazos, derrumbándose como si el llanto de todas las personas que había asesinado invadieran sus ojos y su conciencia.
Ella solo sonreía.
8 de noviembre de 2010
Adornar tu cuello
27 de octubre de 2010
A una criatura de luz
No te rindas ahora, que tus sueños
están hechos de sonrisas,
que esta magia trae consigo algo de suerte.
Llora profundo, llora esta culpa que no es tuya,
guárdala al fondo de mi alma,
donde no pueda hacerte daño,
donde nadie mas tenga que pagar el precio,
donde no te manche la sangre de mi mano.
Grita fuerte, grítame todos tus miedos,
grítame el mas horrible de tus pecados,
traza en mi piel tus más horribles actos,
y la sellaré en el infierno mismo,
donde el llanto es lo único reprobable.
Rasga mi espalda con todo tu desespero,
marca las llagas que amor te profirieron,
toma todo aquello que te he robado,
tómalo todo, y déjame sin un solo gramo,
y sonríe fuerte, que nada malo ha pasado.
Fotografia de Catriona Rennie.
23 de octubre de 2010
The Paintaker
19 de octubre de 2010
Parasyte
Semilla del mal
germina bajo sombras frescas
el hambre falaz
tu ser más profundo anhela
Le dejas pasar
se difumina en tus venas
quieres respirar
tu llanto ya no será seco...
Llorará por ti...
Sentirá todo ese dolor
que no puedes sentir...
Vivirá por ti...
Tu cuerpo consume...
Taquicárdica sensacion
Morirá por ti...
Préstame tu ser,
cuidaré de tu cuerpo bien
quiero ser tú,
tengo sed de sentir tu sed
Dejame pasar,
en tus venas no doleré
quiero devorar
las circunstancias de tu piel
Lloraré por ti...
Sentiré todo ese dolor
que no puedes sentir...
Viviré por ti...
Tu alma devoro...
Taquicárdica sensacion
Moriré por ti...
Imagen de DouceAgonie
12 de octubre de 2010
Noche perfecta
Tomó el Tridente y atravesó con el su pútrida conciencia,
10 de octubre de 2010
Huella
de tus labios en los mios,
siguen gritando en mi mente, impasivos,
que aún puedo ser libre,
que debo volar muy lejos, muy lejos
de estilos sofisticados,
que deseo unirme a tu alma, a tus ojos,
fundirme en la belleza,
que debo combatir tu incertidumbre
por medio de incertidumbre...
Tu rostro profana mi ser, tan iluso,
y caigo en la umbra eterna,
y de nuevo se levanta sobre infiernos
se desplaza por la tierra,
buscando ese grato gesto, tan tierno,
que aniquila mi tristeza,
que se empeña en devolverme esa vida
a la que opongo resistencia,
pues en vida me asesinan tus ojos,
y en este mundo, me revive tu escencia...
8 de octubre de 2010
Final solution (Peter Ubu)
The girls won't touch me
Cos I've got a misdirection
Living at night isn't helping my complexion
The signs all saying it's a social infection
A little bit of fun's never been an insurrection
Mamma threw me out till I get some pants that fit
She just won't approve of my strange kind of wit
I get so excited, always gotta lose
Man that send me off
Let them take the cure
Don't need a cure
Need a final solution
Buy me a ticket to a sonic reduction
Guitars gonna sound like a nuclear destruction
Seems I'm a victim of natural selection
Meet me on the other side, another direction
Don't need a cure
Need a final solution





