2 de mayo de 2019

Que tanto es tantito

A veces llega un espasmo. A veces es un suspiro.
Honestamente, la mayoría de las veces es un ataque de pánico.
Te presentas, sin un aparente patrón. Sin un propósito claro.
Llegas, te estacionas, estacionas tus ojos sobre los míos,
y aunque se de buena fe que seré olvidado en la inmensidad,
tengo esa breve sensación de fama y regocijo.
Sin un propósito claro.
Creo que es lo que más disfruto de encontrarme tu luz
entre tantas estrellas de brillo tan soso, tan áspero y gélido.
Creo que es porque disfruto lo punzante del azadón
antes del sutil calor de la fogata.
Te echo de menos. Y echo de menos el no saber qué es
lo que en realidad echo de menos.
Echo de menos el no poder ni tener que ser racional.
Sólo estar ahí, y sangrar borbotones
por una ridícula punzadita en el pecho.
Si una vez llegas aquí, y no te importa un carajo
la ausencia de métrica que ahora vomito,
sólo entérate que en locura y fugacidad
soy un eterno neófito enamoradizo.
De aquí en adelante, cada reencuentro
será el último, de muchos tantos.
Elijo que te fueras, pues de todos modos
la suerte parecía ya echada, certificada.
Elegí que te fueras, pues sólo estando lejos
podré disfrutar cada vez que vuelvas.

31 de marzo de 2019

No es de tí, lo juro.
Es de ese sentimiento de culpa consumido por la belleza de la melancolía. Una culpa no buscada, no merecida, pero latente, y forjadora de proezas.
No es de tí, lo juro, sino de la manera en que abordas los problemas, consumes almas lenta y cuidadosamente. Embalsamas los restos en una amalgama de recuerdos hermosos y guardas la crisálida, con cariño, en tus recuerdos, esperando a que germine todo un jardín de belleza. O caos. Diferencia de sobra.
Es de tu arte, de tus ojos sobre ella, abrazándola y dandole forma a figuras en el aire que siquiera sabía que existían.
No, no es de tí, es de tus manos, que saben enredarse en mi carne. Como fantasmas con esencia permanente, apenas si desaparecen con el tiempo. Mi piel no conoce de tortura, pues confunde el placer con tus garras haciéndome trizas.
No es de tí, tan sólo de tus sueños ambiciosos, porque parecen tan caóticos que algún atisbo tendrán de certeros.
No, no es de tí, lo juro, no de tí de quien me estoy enamorando. Sólo de todo aquello que representas.