4 de agosto de 2011

Conciencia hecha ser

Abriste la puerta de la libertad,
la luz escapa,
no quiere estar cerca
de los seres que aman,
no quiere estar cerca de mí,
y este calabozo enfermizo,
tan frio como el alma que me presumiste,
se dedica pretenciosamente
a matarme un infinito
numero de veces.
No puedo,
no puedo perecer
tantas veces
ante todos estos castigos,
tu indiferencia,
este terrible sentimiento oscuro,
y mi eterna cárcel que comprime
mi cuerpo,
bondage perfecto,
donde el color de la sangre
es un elemento prohibido
en la decoración tan soberbia
de tu palacio de oscuridad.
Me concedes libertad,
y lo único que consigo
es que el poco calor que queda
se vaya, lejos de mi,
a perderse en el ocaso,
mientras miro tu sonrisa
al percatarte que mi ser
no es mas que jirones,
inertes, expuestos,
presos de la devoción
que alguna vez te profesé.

2 comentarios:

  1. muy intenso, my cierto lo de la indeferncia ...es una mezcla de tantas cosas de tantas letras que te hacen imaginar...nunca dejes de escribir por favor.... sabes quisiera que escribieras otra vez para mi no se dime como me imaginas y me gustaria mucho que te describieras ahiii quisiera que fueramos los protagonistas puedes????

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  2. Jenny: Muchas gracias por leer en este espacio, me complace mucho que aún a alguien le gusten mis letras, aunque la verdad las haya descuidado mucho en estos últimos meses... De hecho siempre he imaginado cómo eres, aunque siempre equivoco mis sospechas... aún así, la próxima entrada en este blog será, a petición, para tí.

    Besos infames desde el ocaso...

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Sea usted libre de escribir lo que quiera en este espacio. No busco que mis lineas le gusten, sino que remuevan sus sensaciones...