Quise escribir en este espacio una analogía al color rojo. Pude citar la sangre, la carne, los ojos vampíricos, el aroma de la muerte... Pero no. Este blog es rojo porque yo lo deseo. Eso debería bastar.
21 de noviembre de 2013
Amor Muerto (Elizabeth Siddal)
12 de noviembre de 2013
Light my fire
Cuando las caricias dejaron de ser un simple juego
y se convirtieron en un lenguaje,
cuando mi sangre, magnetizada, desplegaba mis dedos
en un afán impetuoso de tocarte,
la cálida luz que anuncia el día tan sólo expiraba...
el ocaso me convirtió en tu predador.
Explotaré tu pecho al habitar en él,
llenándolo, invadiéndolo todo, como veneno,
arderán tus venas al estar tan cerca,
transpirarás te quieros en una larga tormenta.
Evaporarte, menester combustible,
evaporarte, pues soy fuego sin sueño.
Y tú, tan irresistiblemente viva,
no me extrañaría si en tu encanto me vuelvo eterno.
Tu cuerpo, siéntelo, ya es una humareda,
el ingrediente infaltable de este ritual blasfemo.
Es el amor, amor, tan controvertido,
que ejercerlo es delito, y el no hacerlo, un martirio.
29 de septiembre de 2013
Sobre los inmortales y sus deseos mortales
Mira, cómo nuestras pieles vibran al rozarse.
Las leyes y las normas se escribieron para nosotros, Madam.
Las leyes y las normas, apareciendo por generación espontánea,
sin ningún argumento válido, sin ninguna palabra coherente,
dispuestas en absoluto para que las rompamos.
Ven a mi lado y delinque con una sonrisa en la boca,
pues se que guardas muchas bajo ese rostro somnoliento.
Te siento instrumento de viento, y yo el percusionista.
Cada centímetro tuyo es un armónico distinto.
Es todo un arte saber combinar cada nota, en tu rostro, en tu espalda,
en las comisuras de las rodillas y en tus gratas mejillas.
Mis dedos están hechos para crear deliciosos temblores
que sólo tienen gracia al ejecutar tus sonidos.
No te resistas al designio del perfecto multiverso,
que también hay magia y belleza detrás de mis deseos.
Me siento señor del tiempo, y tú mi tesoro imposible.
¿Qué puede importarle lo eterno sobre aquello que no lo es,
a un ser ante el cual lo eterno es lo cotidiano?
En cambio eres frágil, eres tan hermosamente frágil,
que al paso de unos cuantos eones no te podré volver a ver...
Eres tú, aquí y ahora, lo que quiero hacer prevalecer.
Vuélvete eterna en mis brazos, te compartiré de mi inmortalidad.
Bebe fuerte, bebe hasta que la sed no exista más.
14 de septiembre de 2013
Quiero
Fundirme en tu piel como chocolate al microondas,
ser chocolate oscuro y pasearme en tu boca.
Bébeme de a poco, que tus venas sientan el calor,
que tu cuerpo no resienta de un golpe mi descordura.
Volverme loco cuando tus ojos miren los míos,
sea la locura tu pretexto, y también mi antídoto al olvido.
Que me siento cuerdo e invencible teniéndote cerca,
aunque lo notes, que necesitarás atarme una cuerda.
Adherir molecularmente tu mejilla a la mía,
pues no deseo jamás parar de decirte cosas lindas,
te escucho respirar y mi deseo, inevitable, se amotina.
Tu cabello quizá te estorba, a mí me cobija.
Arañarte la espalda, y que me hagas pagar,
pues hasta la más filosa de tus uñas tiene ternura...
Sentir cada instante de tu carne sobre mi carne,
pues has de saber que tu calor tiene un lenguaje,
y sus historias dejan en ridículo a las musas.
25 de agosto de 2013
Colmena
Miremos hacia abajo.
No hay luz mas que la de las estrellas. La luna, cobarde, ha desaparecido. El acto de magia que acontece justo ahora le atemoriza.
La marea tiene hambre. Hambre de humanos. No es que tenga ganas de alimentarla, de hecho no sabría si siquiera le gustara mi sabor. El tuyo sí, y a tu lado disimulo. No, espera, aún no abras los brazos. Sigue aquí, no sueltes mi mano. Intenta mirar lo que miro. Exacto, aquella estrella, la menos brillante de aquel grupo de seis. ¿Quieres saber cómo sé que es la más grande, a pesar de que brilla menos?
Porque ya he estado ahi.
Respira más profundo. Tu cerebro tiene que estar bien oxigenado. Hace un poco de frío, pero es pasajero. El viento nos empuja hacia atrás, quiere que retrocedamos. Pero en cuanto entremos en el trance, verás cómo cambia de opinión. Cierra los ojos...
Una...
Dos...
Salta, tres!
...
El viento en el rostro es delicioso. Me gustaría ser el viento para acariciarte, quizá así de freneticamente, penetrar cada recoveco de tu alma.
Pero el viento se ha detenido.
La gravedad ha perdido su efecto. ¿Cual es la velocidad de un cuerpo en caida libre con gravedad cero?
La del punto de partida. Por eso estamos flotando.
Por eso te he traído hasta aquí, hasta este acantilado. Porque no estás realmente viva en este mundo, que es el mío. Tampoco muerta. De hecho, este es un tercer estado, el cual tiene muchos nombres pero no me he atrevido a darle uno. Aquí el tiempo es prisionero de un agujero negro. El tiempo y el espacio también, y estan tan comprimidos uno sobre el otro que juraría que dando cuatro pasos hacia la estrella, llegaremos a ella. Izquierda. Derecha. No me sueltes, debes controlar con precisión este paso. Izquierda, y el último. Derecha. No te asustes, sé que no respiras. De hecho puedes respirar tan rápido que cambiarías la órbita de la Tierra exhalando. Puedes estar aquí y allá a la vez, pero no es tu cuerpo el que se mueve, recuerdalo. Visualiza la estrella. Hemos recorrido como quinientos cincuenta años luz en cuatro pasos. Pero este Sol no puede quemarte ni a esta distancia. La razón es simple: Aunque el tiempo puede ser eterno aquí, también puede estar congelado eternamente. Si expones tu piel al fuego cero segundos, apenas si tomará color tu dedo al tocarlo.
Ha, ya te diste cuenta, ¿verdad? Puedes coexistir. Coexistir sin dejar de ser tú. Coexistir y dejar de ser absolutamente tú. Te invito a fundirte con esta estrella. Sí, agáchate, como si la fueras a recoger. Introdúcete en ella. No es difícil. Es raro, de hecho, sentir cómo un pedazo de estrella caliente, tus orejas, tus pies y tus rodillas toman el mismo lugar. No te espantes, es normal y te diré cómo salgas de ahí. Bien, ahora eres una enorme estrella.
Ahora esparce tus ojos. Sí, con el fuego. Ahora puedes ver hacia todos lados. Sentir todas las fuerzas, todos los planetas, la gravedad de tu ser y la de los serres que en torno a tí habitan. Hace tiempo vine a comprobar que había dos planetas parecidos a la Tierra. Con vida y demás parafernalia, quizá vida inteligente. ¿Interesante, no? Sentir tantas mentes que, al igual que las nuestras, buscan un sentido para sus existencias. Éste es un lenguaje universal, aunque se comuniquen de formas tan diversas y distintas a las nuestras. Sus deseos de conquistar la eternidad tan sólo para tener más tiempo de conocerse a sí mismos y a todo lo demás. No pienso alterar eso en tí, ni en mí ni en nadie. Creo que estar en esta posición privilegiada no debería romper con los mandatos de la naturaleza... claro, con ciertas excepciones. Siente al resto de las estrellas circundantes. Verdad que son más débiles que tú? Eso es porque ahora eres la estrella más grande, y por consiguiente, la más fuerte.
Te traeré después si gustas, a mostrarte más cosas que he descubierto, o si lo prefieres, te mostraré el arte de detener el tiempo y unificar el espacio, para que puedas hacerlo en soledad. Recuerda que esto requiere bastante habilidad, pues puede que quieras ser inmortal y lo único que consigas sea vivir tanto como la mitad de un suspiro, la mitad de un parpadeo.
Bien, creo que es tiempo de volver. Ya hemos pasado trescientos mil millones de años aqui, a juzgar por la cantidad de estrellas que han muerto en el centro del universo. Es una manera triste de medir el tiempo, pero efectiva. Si te ha gustado la experiencia, regresemos a donde pertenecemos, tomemos una cerveza y volveremos al instante. Sal de la estrella, dame la mano, te ayudaré. Bien. Ahora súbete a mi espalda. Sentirás vértigo, pues daré media vuelta para retomar el camino a casa. Aqui vamos. Uno. Dos. Tresssssss y cuatro. Mira, la marea en el acantilado. Hemos calculado perfecto.
Aquí viene la parte más importante: como hemos viajado a una velocidad espeluznante, en la perspectiva de nuestra realidad, vamos a hacer una gigantesca ola sobre la marea, y caeremos como un metro hasta llegar al fondo. He elegido el acantilado por no ser muy profundo, y podremos sortear las rocas justo antes que el agua que desplazamos regrese a su lugar. Nadaremos sólo un poco y luego escalamos de nuevo para volver al pueblo.
...
Debo confesarte algo.
Te he pedido que te fusionaras con la estrella por una razón muy particular.
Eres, sin duda, la persona más valiosa con la que mi mortalidad se haya encontrado jamás. Y aunque no soy bueno con las palabras y quiza ni con las acciones, debía demostrartelo de la única manera que nunca, nunca perecerá. Si deseas deshacer lo que he hecho, sólo bastará que lo pidas. Después de todo, soy un andante sobre las líneas del tiempo, y puedo prevenir a mi yo anterior de que lo haga, aunque eso implique consecuencias de las que no vale la pena hablar.
La razón por la cual te he pedido esto es porque, como es natural a la mayoría de los seres humanos, deseo que aquello que amo no muera jamás. Sé, de buena fuente, sin embargo, que la inmortalidad es imposible. Así que hace unos instantes, o dentro de trescientos veinte mil años, depende de la perspectiva, te he concedido el don de la longevidad. Una longevidad, además, no etérea, sino ubicua.
Jamás estarás en soledad, pues tu visión del tiempo y del espacio tiene límites que dudo que descubras. Y jamás estarás en extravío, pues todos, sobre todo las almas melancólicas, e incluyéndome, podremos verte en el firmamento.
Tan sólo con saber hacia dónde observar.
Y tu hermoso rostro, entonces, mirará de vuelta, con esa mirada tan decidida, pero tan intrigante, de la cual me enamoré.
Y aunque algo malo te pase en vida, la atemporalidad de tu delicioso ser seguirá alimentándome, como el efecto mariposa, de formas insospechadas y aún incomprensibles para mí.
http://science.time.com/2012/09/21/starry-nights-were-never-like-this/
27 de julio de 2013
Dos contra las estrellas
Dime a cuántos hombres conoces que hablen del temor con una sonrisa en la boca.
Entre mares inmensos y peligrosos te he encontrado. Compartimos gustos por las mareas que parecen quebrar el alma y arrancar nuestros navíos de sus esqueletos. Compartimos la misma sensación de delicia al sentarse frente al fuego y cantarle a las estrellas canciones, canciones que les harán saber que existimos millones de años luz luego de que expiremos tranquilamente.
Dime a cuántos hombres conoces que hablen del temor con una sonrisa en la boca. Porque te tengo tanto miedo. No porque seas peligrosa, aunque lo eres. No porque seas sádica, aunque lo eres. Te temo, más bien, porque eres un tanto como yo. Porque escondemos pasión, de esa pasión inteligente que puede construir y destruir sueños y partes de la piel a discreción. Porque mi ser completo se hace pedazos al tenerte cerca, pero no porque se desmorone, sino porque se convierte en flechas, agudas, fulgurantes, sigilosas y autocontroladas, que tienen un sólo propósito: Envolverte entera. Soy, ergo, susceptible a desaparecerme en tí, a fundirme con tu mirada dulce y la caricia bien dibujada de las yemas de tus dedos.
Dime a cuantos hombres conoces que hablen del temor con una sonrisa en la boca. Desde que me he dedicado a navegar contigo, todos los días son noches, todas las noches tienen el aroma tuyo. Todas las noches asoman las estrellas a mirarnos, atentas. Miro hacia arriba y podría jurar que son ellas las que me quieren al lado tuyo. Es la voluntad de dos contra la de millones de estrellas. La mayoría tiende a ganar. Y aunque tengo voluntad, me niego rotundamente a usarla en contra de esto. Y eso es algo propio de temerse.
Dime a cuantos hombres conoces que hablen del temor con una sonrisa en la boca. Que cuando no es mi boca son mis sueños, mis fantasías, la líbido y la razón las que sonríen en favor tuyo. Que mi alma entera sonríe cuando mis ojos están a cuatro centímetros de los tuyos. Que mi cuerpo entero se regocija teniéndote tan cerca, tan hambriento. Que mis manos se sienten atraídos en sobremanera por tu cuello, que les encanta sentir cómo fluye la sangre, cómo es que sigues viva. Que cada vez que me cuentas tus sueños me los tomo como una pregunta, para cuya respuesta sólo puedo decir cuánto te amo...
Díme cuántos hombres conoces que se metan a la boca del lobo tan sólo para admirar lo filoso de sus dientes.
Y luego de eso, muérdeme.
7 de julio de 2013
Te conozco
14 de junio de 2013
Pero cuantos peros
Dicen que no debes refugiarte en la desesperación,
Patrañas de autoayuda cuando el desespero tiene forma,
tiene aroma y tiene calor de mujer.
Eres desespero fortuito, aliciente del encanto,
mi desespero pues tu bello cuerpo no será capaz de saciarme.
Tus labios no me bastan, no son bastante carnosos.
Tu figura no es lo suficientemente seductora
para mis manos maquiavélicas,
para mi pecho refugiándote.
No, tu cuerpo nunca ha sido suficiente.
Cada vez que te veo, es tu ímpetu pulsante
el que anhela mi intelecto,
tus ideas descarnadas son mi objeto de deseo.
Tus ojos, predicando el fin de los universos,
mis ojos desean besar tus ojos de daga,
mis ojos son carne, tus ojos son hojas,
fundirnos los ojos en un asesinato amoroso.
Escucha, que el silencio al fin ha adquirido ritmo.
Haces música vibrante en mi músculo cardíaco.
Haré las percusiones, tú esmera las notas dulces,
pues se te da excelente ser intérprete casual.
No, tu cuerpo no me basta, es demasiado sensual.
La carne siempre responde al estímulo adecuado,
pero enamorarse no es la causa nunca del estímulo adecuado,
sino el ergo, la consecuencia de querer compenetrarme,
empaparme de tus sueños, ser parte de ellos,
ser leche descremada, café y un poco de hielo,
degustar de tu saliva luego de sentir tu música,
de saber que tu sonrisa es el espasmo del veneno...
14 de mayo de 2013
Susurra
Hoy eres tan noche. Tan noche. Respiras frío, tu tacto es seco. Tan, tan noche. ¿Donde esta ese calor que me ilusiona, esas ganas de seguir respirando? esas ganas de seguir mirando... Donde, si tus ojos no son más ojos, sino huecos donde solía haber desencanto, ahora sólo son receptáculos de luz...
Eres tan noche, pecado sin furia. Mi cuerpo te extraña. Debo sentirte. Debo encontrar tu culpa, pues esa eres tú. Esta culpa, muy mía, me pertenece. Me perteneces. Lo se porque me haces falta. Así te siento. Eres noche, la mía noche. Sé mi noche, y sé cálida. Regresa, y congelame el alma. Quita el calor de mi ser, que el calor no se apaga, sólo se mueve, y deseo que sea tuyo. Ser de la noche.
7 de mayo de 2013
Duéleme, duéleme un poco más, llorar tus ausencias breves.
Que cada vez que beba del café de tus ojos las endorfinas me eleven,
me inciten a amarte,
y mantengan mi cuerpo despierto
hasta nuestro próximo amanecer...
Quémame, quémame toda la garganta, tu saliva de cianuro.
En tu boca me enveneno, siniestra, la hechura de tus besos,
tan artesanales,
la pasión y la ternura a la vieja usanza,
la única que me llena.
Mátame, mata este grosero cuerpo, que esta lascivia no es natural,
que quererte tanto y tan profundo en alma y carne debería ser prohibido,
que alguna vez te creí prohibida y aún hoy me desconciertas,
que aún perdiendo la vida, gota a gota,
el contraste de las sombras con tus ojos es impetuoso,
y deseo ser de tus ojos un prisionero fractal...
...
Y cuando esté caído, yaciendo en el recinto de tu crimen,
te encuentre a mi lado, pues tú también habrás perecido.
Perpetradora puntual, actuar también es tu castigo,
caeremos juntos, lentamente, donde la luz no tiene destino.
La vida se nos va, de nuestros cuerpos, lentamente,
pero en las almas el fulgor cuartea todos los vértices...
Quiero llevarte a esta utopía que en mi pecho has cultivado,
hacerte testigo activa de una pasión desmedida,
y hacerte pagar en mis brazos, en mis oídos tus dulces súplicas,
te sacaré el aliento incesante, tan delicioso como la vida misma.
Y mientras tu me matas por los ojos,
yo te mataré por la boca...
