26 de diciembre de 2010

Dead body rapist

Ha pasado mas de veintidos años cazando el olor de la carne magra, fresca. No es que malgaste su vida, puesto que jamás morirá mientras exista tierra que pisar. Simplemente malgasta su energía, y la manera en que obtiene su energía.

Y aparece, entonces, en las oficinas de los registros de todos los velatorios del estado, recorriendo uno a uno con su velocidad impresionante, a la espera de una jovencita, quizá señora, de complexión mediana y curvas pronunciadas. El rostro no importa: sólo hubo un rostro que realmente le gustó, y decidió terminar con su vida, al igual que con su alma... y ahora pasa las noches buscando cadáveres con los cuales desahogar su aún humano instinto sexual... cadáveres a los cuales contarles sus vivencias, sus experiencias, sus anteriores amantes, esos amores (dieciseis, pocos considerando quinientos sesenta y dos años de vida) que jamás olvidará.

Y ellas, como buenas amantes, escucharán pacientes, con los ojos cerrados, quizá desfigurados por la estrepitosa muerte que hayan tenido, pero siempre descansadas, aliviadas del dolor perimortem, y, a los ojos de nuestro amigo inmortal, satisfechas por el frío pero musculoso miembro que carga entre sus lampiñas piernas de adolescente en apogeo, apenas consumidas por la eternidad.

Es decir, ¿Como puede ser violación, si ellas no dicen que no? Y en todo caso, ¿como puede ser juzgado por humanos si hace tiempo que dejó de pertenecer a ese... rubro?

Y bajo esta justificación, les da un beso en la frente, vuelve a arroparlas en su bolsa negra o manta blanca, y emprende la huída a su guarida, esperando el alba mientras solloza por un destino que pidió y del cual ahora se arrepiente.

19 de diciembre de 2010

Peticiones

Que no tomes mi mano, aunque yo tome de la tuya.
Este mundo es irrelevante a los sentidos, tan superfluamente...
doloroso...
Suena bastante bien el darte un ultimo beso,
tocar tus ojos con los mios,
y luego caminar muy lejos,
donde nadie pueda escuchar ni ver cuando muera...
donde nadie pueda ver cuando paso de ser un asesino serial...
a ser un asesino masivo.
Que no intentes entrar en mis sueños, aunque yo esté en los tuyos,
nuestros cuerpos son sólo sombras,
y nuestros sueños son reflejos,
longitudes de onda distintas, que sumadas no son una,
son armónicos, son transformadas,
son vibraciones de fantasmas que atormentan nuestras moradas,
y luchan entre ellos, creyendo estar en su territorio,
y nos arrastran con su tragedia, tan cómica, tan viva,
nos hacen clavarnos al muro de almas en pena,
arañando nuestras espaldas, extrayendo huesos y visceras,
arrojándolos a los perros, como comida, como mondadientes,
como adornos entre sus fauces,
como abono del arte nuevo,
reciclado, resquebrajado.
Somos jirones de un viejo disfraz
que el Demonio vestía elegante,
y al ver que la frivolidad tiene más estilo
y es más barata
nos arrojó como trapos viejos,
consumiéndonos por casualidad.
Que no quieras encontrar sentido de mi lagaña existencial,
pues este reino es de los no-muertos,
de risa fuerte y estirpe abominable,
y casualmente quieren atraparte,
pues eres más que plastilina pura,
pero mis bestias no quieren moldearte,
sino quebrarte, en piezas amasarte
y arrojarte como en tiro al blanco
a la verdad que tanto les humilla,
pues con su dedo índice los incomoda,
les pica los ojos con su luz mortal,
y en sus ojos, torbellinos negros,
esconde el reflejo de su sobriedad...

14 de diciembre de 2010

Culto a la pelota

 
 
Salió de su madriguera. Le faltaba la pata central derecha, pues había entablado una pelea con otros congéneres. Aún así, pudo salir sin mucha dificultad, a cazar su alimento nocturno.
Una vez fuera, el grillo podía ver, a la altura del suelo, una cantidad impresionante de restos de comida: convenientemente había salido por uno de los muros de un restaurante de tacos. Un trozo de carne, otro de tortilla, otro de cebolla y su rondín de rutina harían de su corta vida una más de entre las almas orgullosas de morir comidos y paseados.
El canto de sus alas, no tan romántico como mágico, lo debería reservar para después, ya que era temporada de apareamiento y aún debia recuperar fuerzas. Sus mandíbulas apenas le permiten sostener un quinto de gramo de masa de maíz, y ya debe lidiar con la penosa necesidad de arrastrar su alimento.
Dos mesas más al frente, más allá de una servilleta donde algún comenzal tiró un trozo de carne a medio masticar, cuyas razones no atenderé en este cuento por respeto al lector, se encontraba un extraño objeto de hule.
Su naturaleza era completamente desconocida para él, excepto su tamaño, era al menos treinta veces más grande que él. Sin más, y deseoso de alejarse de sus bélicos compañeros, emprendió su viaje hacia el artefacto, una enorme odisea de ocho metros y medio, escondido entre un agrietado piso de loza quebrada por el peso de los comensales.
Las mesas y las sillas de plástico, propiedad de alguna refresquera patrocinadora de negocios pequeños, parecían enormes durante el trayecto. El simple hecho de escalar esas superficies gigantes parecía surreal y sin propósito. Pero eso no le ocupaba al grillo.
A tres metros del objeto, justo debajo de la cálida sombra generada por una mesa blanca, un mantel de plástico transparente y un foco incandescente de 60 watts, pudo percibir unas pisadas acolchonadas, muy suaves, pero perceptibles dado el silencio de esa noche de martes.
El grillo se detuvo, puso sus antenas en alerta y esperó. Esperó. Nada. La espera lo cansaba. El silencio reinaba de nuevo. Continuó su camino.
Y ahí estaba. Frente a él tenía un enorme objeto esférico de goma, de quince centímetros de diámetro. Era enorme. Era magistral. Un grillo resignado a peleas mundanas en su madriguera nunca tendría oportunidad en su vida de acercarse a semejante artículo digno de alabanza, tan lleno de colores, desprendiendo su clásico aroma a goma, a tierras lejanas donde ha rodado, a sustancias de toda clase,
a restos de alimentos de muchas generaciones, todas conglomeradas en semejante reliquia.
De nuevo se estacionó el grillo, esta vez absorto, sin poder cerrra su mandíbula, sin poder siquiera estirar sus alas, aunque sabía que no le servirían de mucho, pues por alguna extraña razón no tienen utilidad mas que de órganos sexuales.
Los pasos acolchonados volvieron al ambiente, al suelo, a vibrar de manera tan suave, tan uniforme, como la primera vez.
Esta vez, eran más espaciados, pero tambien más fuertes. Un extraño ente se acercaba.
Pero nuestro grillo no tenía tiempo de dedicarse a mirar el peligro que se le acercaba. Sólo quería llenarse de esos aromas, de esos colores, de esas vibraciones. Los coches en la calle retumbaban el pavimento y la pelota los absorbía de manera fantástica, como guardándolos para sí...
Entonces, la pelota recibió un golpe y salió rebotando entre las mesas. Un enorme gato gris había golpeado la pelota, accidentalmente, luego de haber engullido su bocado.
La boca de ese gato sabía a carne, a cebolla, a salsas roja y verde, a pepitas, a pure de tomate, a camarones deshidratados. Sabía a sueños destazados entre sus fauces. Sabía al primer culto conocido por un ser tan inferior. Sabía a taco al pastor con grillo.

11 de diciembre de 2010

A last word



Soy el nombre de esa persona a quien quisiste en tus tiempos pasados.
Soy el malnacido que destrozó tu vida y tu orgullo con tal de quedarse con aquello que cultivaste... y después lo botó a la basura, donde pertenece.
Soy esa sonrisa que negaste a tu pasado, y esa que hubieras querido en tu futuro.
Soy el rostro de ese sujeto desconocido al cual siempre quisiste asesinar,
la silueta de esa seductora persona a la cual siempre quisiste fornicar,
el rostro de ese miembro de élite al que siempre quisiste ignorar.
Soy palabra de amor, insulto pasajero, maldición indeleble.
En mí no existen pesadillas, pues soy pesadilla en mí mismo.
Soy reclamo de vida, lamento acechando tu agonizante conciencia,
llamado a la Muerte, la única ley en este mundo que miente.

Soy los veintiún gramos que exhalas antes de morir...
el título de un poema sin sentido, que quizá acabas de leer. 

19 de noviembre de 2010

... Pasión



Era un mar de pensamientos perdidos,
buscando un origen, perdiendo un rumbo, 
era un mar de tragedias calladas,
embebidas en lágrimas de tiempos rotos,
donde el alba es hiel y el ocaso es perpetuo. 
Era un pacífico mar oscuro.

Era una daga de luz hiriente,
aniquilando los sueños amargos,
embelleciendo las malas intenciones,
cifrando códigos de amor secreto,
dando estocadas de sobrado encanto. 

El mar ya no era negro, sino fuerte rojo,
ya no era llanto, era pasión inclemente,
ya no era insaciable, sólo era hambre hiriente.
Preguntaba si la luz era suficiente,
luz que penetra como cruel maleza
que con descaro calla al subconsciente,
luz tan brillante que ha llegado al fondo
y desenterrado nuevas sensaciones. 

... y aunque el mar jamás llegará a ser tan blanco,
el rojo sangre le pinta excelente.


Imagen de =thearchon

17 de noviembre de 2010

Trofeo Volátil (Parte 5)

Sintió que abría los ojos, pero no veía absolutamente nada. Sus sentidos todos, excepto el de la vista, se empezaban a recuperar. Podía sentir su propio perfume manchado del sudor de una noche completa, lo que le indicaba que llevaba atado en esa posición más de un día. Lo confirmaba la terrible hambre que perforaba la boca de su estómago. Sus manos, brazos, piernas, pies, cuello, abdomen y pecho, todos amarrados a una superficie plana, como a veinte grados respecto de la vertical. La cuerda, de la más barata, lastimaba su piel, las hebras le daban comezón y sentía una terrible impotencia al no poder rascarse la entrepierna, el cuello, ni siquiera entre las comisuras de sus dedos. Pronto distinguió, al frente suyo, una pequeña luz roja, proveniente de un led. Pronto supo que era su cámara, su cruz de San Andrés perfectamente pulida, sus cuerdas de segunda mano, el olor a hipoclorito de sodio de la marca que él frecuenta, y lentamente, una débil luz roja cuyo brillo aumentaba por un potenciómetro. En efecto, era su propia habitación de tortura.
Una delgada y estilizada silueta de mujer empezaba a notarse a lo lejos. El brillo de la luz, cada vez más potente, reflejaba contra un ajustado y delicioso traje de cuero, que le cubria todo el cuerpo hasta el cuello. Su rostro apenas mostraba dos destellos de luz muy tenue, mezclados con las formas de un rostro maquiavèlico y una sonrisa tan ligera que no podrìa determinar si se trata de placer o de maldad, que en este caso, conducen a las mismas circunstancias. Uno de sus brazos, cubiertos con guantes, apuntaba hacia la cara del antes victimario. El otro se refugiaba detràs del cuerpo de su ama.
Entonces ella asomò ese brazo y mostró un azadón. Lo miró, por unos segundos, cual amante fuera, y de una estocada hirió en un muslo al ya nervioso Mario.
- ¿Porqué matas?
Él no pudo contestar. Estaba petrificado. Recordaba la única vez que el fue sometido. El típico caso de bullying en la escuela primaria. Tres contra uno, costilla rota y ojos hechos tomate, y al final, en su vendetta, sólo uno de ellos conservó un ojo. El dolor del azadón, tanto al entrar como al salir de la carne, lo sentía más en el ojo izquierdo.
Ella tomó la punta del azadón, y de manera muy sensual lamió la sangre que aún le quedaba. Agitó el brazo y en seguida se escuchó el fierro caer. Había una mesa a un costado. Tomó dos agujas, retiró los émbolos y, tomándolas firmemente con las palmas de las manos, las clavó en sus pectorales, sin pasar más allá de la carne. Los tubos se llenaron al instante de sangre. Tomó uno a medio llenar y bebió el contenido. Tomó el otro, completamente lleno, y le dio de beber al dueño. Él se rehusaba. Ella le vació el contenido en el cabello, el cual continuó su camino por todo su rostro.
- ¿Porque matas?
- ¡Por mis bolas! Gritó Mario enojado, pues se sentía intimidada por la espeluznante belleza de su verdugo, por el limpio sadismo con el que era atacado.
Ella alzó la mano y le dio una bofetada. La sangre del cabello aún no tocaba su nariz siquiera, pero ya empezaba a saborear sangre y a sentir flojo un diente.
- ¿Porque matas?
- ¡Por placer, perra!
Enfadada, tomó su rostro con fuerza y le dio un beso. Su aroma le resultaba tan exquisito que le hizo cerrar los ojos. Justo empezaba a sonreir cuando recibió la poderosa patada en sus testículos. Un onomatopeya bastante fuerte lastimó los oidos de los fantasmas de la habitación, mientras una sensación terrible de dolor subía hasta su abdomen.
El sonido de un látigo azotando al suelo empezó a infundarle miedo.
- ¿Porque matas?
- ¡Porque nadie me ama! - Gritaba el sujeto, impotente, clamando por piedad, con lágrimas en los ojos.
Recibió tres azotes en su pecho, dejando unas severas marcas que en cuestión de segundos empezaron a hincharse.
Ella sacó de atrás de la mesa una placa metálica de un metro cuadrado, y la colocó en los pies de su víctima, los cuales ya tocaban el suelo.  Conectó un caimán a ella, y otro al azadón. En el otro cabo, había una clavija eléctrica. La enchufó. Deslizó la punta del azadón a lo largo de su pecho, desde el hombro izquierdo hasta el riñón derecho. Él se limitaba a cerrar los ojos y exhalar aire de miedo.
- ¿Porque matas?
- Porque es divertido - Al fin admitió Mario. La sonrisa de Esmeralda, tan sutil y femenina, se acentuó con esta respuesta.
Entonces ella abrió una maleta, sacó una pistola de clavos, la conectó a la corriente y se acercó a Mario. De nuevo, le dio un beso. Él empezó a sentir su malicia, cargada de emociones, las emociones que él mismo sentía cuando mató a todas aquellas personas, hombres y mujeres, tan alejados de la realidad, tan afortunados de encontrarse bajo su tutela, de entrar en el mundo tangible de la mano del sufrimiento infundado en cuerpo y alma.
Ella abrió el pantalón de su traje, y tras dejarse inutilizar por el frenesí de su deseo sexual, unió su cuerpo contra el asesino. Ni siquiera una posición tan incómoda les impidió a ambos disfrutarlo. Ella, porque era el objeto de su cacería. Él, porque sabía que esa deliciosa mujer sería la última sensación placentera de su existencia, el calor de una persona que realmente lo deseara, el trofeo más volátil de su pobre existencia.
Luego de algún rato, cuando terminaron, ella salió del cuarto. La luz blanca de la cocina, al otro lado de la puerta, le hacía sentir a Mario en casa. Pudo escuchar durante quince minutos la regadera y los zapatos andando de un lado a otro en una misma habitación. Quizá había disfrutado de aquella sesión, pero es obvio que para un asesino tan visceral ni siquiera los recuerdos en la piel y en el ser son oportunos para matar a alguien conocido. Ya de regreso, con el mismo traje de cuero negro, aunque ahora húmedo, y con unas pinzas y desarmadores en las manos, destapó la clavija y atornilló los cables desnudos a la soldadora eléctrica. Tomó el bisturí, hizo pequeños cortes en su pecho, y tomó una pequeña botella de jugo de limón que había en la mesa. La abrió, tragó un poco y luego arrojó otro poco a las heridas del sujeto, quien se limitaba a suspirar por el ardor.
Encendió ella el aparato a la mínima potencia, para empezar, tomó el azadón y empezó a acercarse muy despacio. Él, entonces, sonrió de manera que ella pudiera ver. La sonrisa más honesta de su vida. Cerró los ojos y esperó hasta el final.

A la mañana siguiente, Esmeralda ya había limpiado con blanqueador el baño en el que se había duchado. Guardó su sleeping bag, revisó minuciosamente no haber dejado ningun cabello ni huella digital, y se puso guantes de látex. Debía comer un poco antes de irse.
Acudió al refrigerador, sacó la caja de Red Baron, y puso el contenido en un plato. - ¿La ultima rebanada? Ja, dos pizzas en una semana. Tengo que cuidar lo que como de una buena vez - decía mientras apenas sentía un pequeño bultito en su vientre. Un bultito apenas notable de queso y masa preprocesada. Dobló la caja, la tiró en la basura y recogió la memoria USB y las llaves de la habitación de pánico. Mientras la última rebanada se cocinaba en el comal de la estufa, Esmeralda encendió la workstation de su difunto. Tecleó la contraseña, demasiado simplona para un hacker experimentado. Un poco de hurgar entre la carpeta home cifrada y en unos cuantos minutos ya tenía toda la información que buscaba del club de lectura, el cual contaba con doce miembros tan sólo en el área metropolitana. Mas que suficiente para empezar su deporte favorito. Apagó el ordenador y salió respirando tranquila.
Porque era un hecho. Esmeralda no buscaba beneficiar a la sociedad limpiando de podredumbre las calles. No, eso tan sólo era una "canalización de talento". Resulta que hasta el acto del asesinato se ejecuta por llana y simple diversión.

16 de noviembre de 2010

Trofeo Volátil (Parte 4)

- Hola - decía Mario, mientras se cambiaba la camisa, aún olorosa a pólvora, pensando en los redondos y bien formados senos de Esmeralda y en la tintorería del día siguiente, que sería muy cara.
- Hola, ¿tienes algo que hacer mañana en la noche? - Preguntó la chica, en un tono más que sugerente, y sin esperar respuesta, continuó - Mañana hay homenaje a Sisters Of Mercy. Nos vemos ahí, y luego iremos a... algún otro lado.
- Así será - decía el tipo, planeando la manera en que debía acomodar sus herramientas de tortura. La mesa forrada en seda negra aún no estaba lista, pues la señora Ágata había ensuciado mucho en esa última sesión. Mario colgó su teléfono con carcasa de fibra de carbono mientras pensaba en los chorros de sangre que salían de la yugular de la Dama mientras apuñalaba su garganta con un escalpelo. Es cierto, el aroma a hembra nerviosa mezclado con sangre fresca y shampoo en en cabello le excitaba demasiado, pero le daba asco el hecho de tener que limpiar todo ese desorden. Las desventajas - decía par sí - de cazar a una persona tan... carnosa. Y no precisamente por obesidad. Quite the contrary.
Finalmente se decidió por su colección de Wegner, que recién había esterilizado el fin de semana. Anotó en la lista del supermercado un paquete de agujas esterilizadas, pues pensaba extraer un poco de sangre para hacer después algunas mezclas con puré de tomate y salsa inglesa, además de que nunca en su vida había cocinado moronga y le provocó mucho la última vez que comió gorditas en aquella fondita.
En la noche surtió la lista del supermercado y compró otra Red Baron, extrañado, ya que no recordaba siquiera haber abierto la caja anterior y ese viernes en la mañana ya estaba en la basura. De paso por el área de electrónicos compró una webcam, el día anterior había visto el trailer de una película porno voyeur y decidió que sería un poco exhibicionista, y subiría el video de su acto a un servidor web en Portugal. Justo en la mañana había descubierto una conexión segura SSH con contraseña "admin" con un troughput de 512kbps, mas que suficiente para un servidor de video.
Se llevó su netbook, la webcam, las agujas, los bisturís, las tijeras para pollo, la soldadora eléctrica, el cable calibre 18 y los focos rojos a la habitación de pánico, y ordenó el resto de la casa, limpiando y perfumando para que no oliera a carne humana guardada. A la mañana siguiente salió a trabajar y no hizo mucho alarde de su incompetencia para trabajar por un bien común, como su prepotencia sugería. En lugar de eso, decidió masturbarse mentalmente con la imagen de Esmeralda, y dejar de pensar en su cuerpo descuartizado. Ya habría suficiente tiempo para ver su fantasía hecha realidad.
En la noche, acudió al bar que había acordado con la mujer. Un abrazo cordial, un saludo sugerente y se introdujeron en esa atmósfera oscura que sugiere el repertorio. Nada fuera de lo común, un poco o un mucho de alcohol, cachondeos a la luz de las velas del bar (en efecto, el bar tenía velas) y algunas miradas perdidas en los ojos del otro. Cualquier expectador podría pensar que esos dos tendrían una de esas típicas noches de sexo brutal de fin de semana.
Su chaqueta de cuero Steve and Barrys, lejos de ser barata, lucía muy bien, pensaba para sí mismo, combinaba excelente con su chamarra negra Chanel con bordados en hilo marrón, a pesar de que no lograba descifrar el casi borroso diseño de éste. Sin embargo, su pantalón nuevo Calvin Klein no luciría muy bien con una mancha de orina en su interior. Dejó con la chica su Dos equis a medio tomar, y fue al baño, algo desconfiado, e incluso pujó intentando que saliera más rápido el líquido dorado. Frente al lavabo había un enorme espejo que dejaba mostrar las tres cuartas partes de su cuerpo. No era un modelo de Men's Health, pero al menos sí mostraba seguridad en sus actos. De la manera más ególatra, verse en el espejo lo excitaba de sobremanera.
De regreso, Temple of Love empezaba a sonar en los enormes altavoces JL. La mirada de Esmeralda ya no era de una chica campirana entusiasmada por nuevas aventuras, sino la de una endemoniada y ninfómana citadina que busca un dealer que pueda satisfacerla en más de un sentido. Pero era obvio que algo la había cambiado su sentido del humor y su líbido. Mario miró a la chica extrañado mientras bebía su aún fría cerveza. Ella sólo sonreía.
Un mareo de pronto invadió su cabeza. No era el alcohol. Ya se lo esperaba, pero no tan cínico. Ella lo había drogado, y no al revés, como se suponía que debía ser. Lentamente cayó en sus brazos, derrumbándose como si el llanto de todas las personas que había asesinado invadieran sus ojos y su conciencia.
Ella solo sonreía.

8 de noviembre de 2010

Adornar tu cuello



Dejame ser la sombra
que habita en las esquinas
de esa prisión maldita en la que tienes tu sonrisa
Dejame arroparte
entre restos de inmundicia,
dejame adornar tu cuello con mis caricias malditas

El llanto nocturno reclama tu muerte, 
tus cálidos ojos aún lo estremecen,
hambrientos fantasmas contemplan inertes
la vida volátil que en tus manos tienes...


Tómame ya,
deja de hacerme llorar, 
toma este cáliz mortal,
y dame una gota...
Una gota, una gota más,
rompe el dolor de mi faz,
toma este cáliz mortal,
y dame una gota... 

... 

Quiero mirar tu obra,
la inhumación perfecta,
tu ser que deja huella en las almas más perversas,
quiero limpiar tu crimen,
maquillar las evidencias,
ser tu fiel aprendiz de cacería suculenta.

Mi cuerpo te sigue, mi alma te entiende,
quiero beber más, quiero pertenecerte,
apaga este fiero deseo que duele, 
de tí, de la Muerte, mi ser no discierne...


Tómame, tómame ya,
deja de hacerme llorar, 
toma este cáliz mortal,
y dame una gota...
Una gota, una gota más,
rompe el dolor de mi faz,
toma este cáliz mortal,
y dame una gota... 

(Una gota, una gota más)


El origen de la imagen es obvio.

27 de octubre de 2010

A una criatura de luz



No te rindas ahora, que tus sueños
están hechos de sonrisas,
que esta magia trae consigo algo de suerte.

Llora profundo, llora esta culpa que no es tuya,
guárdala al fondo de mi alma,
donde no pueda hacerte daño,
donde nadie mas tenga que pagar el precio,
donde no te manche la sangre de mi mano.

Grita fuerte, grítame todos tus miedos,
grítame el mas horrible de tus pecados,
traza en mi piel tus más horribles actos,
y la sellaré en el infierno mismo,
donde el llanto es lo único reprobable. 

Rasga mi espalda con todo tu desespero,
marca las llagas que amor te profirieron,
toma todo aquello que te he robado,
tómalo todo, y déjame sin un solo gramo,
y sonríe fuerte, que nada malo ha pasado.


Para Norma. 

Fotografia de Catriona Rennie.

23 de octubre de 2010

The Paintaker



I see your dreams surrended 
by my bloody tears
Them contains no pain
Them contains no pain

Your eyes trying to escape 
from everything they see
Colours gone away
'Cause there is no pain

Now my fears will have some bright
My deepest lust has come alive
Sadistic feelings rise this night
I love your soul falling apart

Your hungry wish for suicide
will not override my word
You pray to feel again
But I posess your pain

You will suffer by not sufering
I like your disgrace
I have strangled your heart
And now there is no pain

Now my fears will have some bright
My deepest lust has come alive
Sadistic feelings rise this night
I love your soul falling apart

19 de octubre de 2010

Parasyte



Semilla del mal
germina bajo sombras frescas
el hambre falaz
tu ser más profundo anhela

Le dejas pasar
se difumina en tus venas
quieres respirar
tu llanto ya no será seco...

Llorará por ti...
Sentirá todo ese dolor
que no puedes sentir...
Vivirá por ti...
Tu cuerpo consume...
Taquicárdica sensacion
Morirá por ti...

Préstame tu ser,
cuidaré de tu cuerpo bien
quiero ser tú,
tengo sed de sentir tu sed

Dejame pasar,
en tus venas no doleré
quiero devorar
las circunstancias de tu piel


Lloraré por ti...
Sentiré todo ese dolor
que no puedes sentir...
Viviré por ti...
Tu alma devoro...
Taquicárdica sensacion
Moriré por ti...


Imagen de DouceAgonie

12 de octubre de 2010

Noche perfecta



La media noche deslumbraba en su velo, tibia y mansa,
noche perfecta para desgarrarse por completo el alma.
Escalando, Inocencio emprendía la caminata
al punto donde su alma y la noche quedaron prendadas.

Era una noche de invierno, pero cálida y sincera,
efímeras estrellas al pendiente de lo que aconteciera,
el hombre ajeno caminaba bajo luna llena,
las luces en el firmamento perdían su belleza...

Una mirada atroz,
carente de toda inocencia,
robando vidas al pormayor...
un destino cruel,
carente de todo placer,
llorando sangre de su corazón...
 
Y la luz se libera, un arma sutil abriendo su pecho,
no es luz de luna llena lo que su hoja refleja,
son tristes lamentos eternos de almas prisioneras...

...

Era una noche de invierno, que al alma pura enerva,
el caminante no deseaba más robar belleza,
una mirada bastaba para envolver delicia en piedra,
sólo era un íncubo insultando su propia naturaleza.

Tomó el Tridente y atravesó con el su pútrida conciencia,
nunca más hará daño, nunca más cercenará cabezas...
se llamaba Inocencio, por su falsa y profana apariencia,
pero era descaro puro, amargo germen de maleza muerta.

Una mirada atroz,
carente de toda inocencia,
robando vidas al pormayor...
intentando trascender,
consiguiendo odio sin cuartel,
plegaria de inconcedible redención
 
Y la luz se libera, un Tridente de plata abriendo su pecho,
no es luz de luna llena lo que su hoja refleja,
es el deseo infranqueable del fin de su existencia...

10 de octubre de 2010

Huella

Los jirones del recuerdo, tan etéreos,
de tus labios en los mios,
siguen gritando en mi mente, impasivos,
que aún puedo ser libre,
que debo volar muy lejos, muy lejos
de estilos sofisticados,
que deseo unirme a tu alma, a tus ojos,
fundirme en la belleza,
que debo combatir tu incertidumbre
por medio de incertidumbre...

Tu rostro profana mi ser, tan iluso,
y caigo en la umbra eterna,
y de nuevo se levanta sobre infiernos
se desplaza por la tierra,
buscando ese grato gesto, tan tierno,
que aniquila mi tristeza,
que se empeña en devolverme esa vida
a la que opongo resistencia,
pues en vida me asesinan tus ojos,
y en este mundo, me revive tu escencia...

8 de octubre de 2010

Final solution (Peter Ubu)


 

The girls won't touch me
Cos I've got a misdirection
Living at night isn't helping my complexion
The signs all saying it's a social infection
A little bit of fun's never been an insurrection
Mamma threw me out till I get some pants that fit
She just won't approve of my strange kind of wit
I get so excited, always gotta lose
Man that send me off
Let them take the cure
Don't need a cure
Need a final solution
Buy me a ticket to a sonic reduction
Guitars gonna sound like a nuclear destruction
Seems I'm a victim of natural selection
Meet me on the other side, another direction
Don't need a cure
Need a final solution

7 de octubre de 2010

Barra de jabón

Fantasmas en mi habitacion...
el tuyo es el peor,
¡sal ya de mi cruel dolor!
¡o lo alivias, o me cortas con tu hoz!
No me dejes caer ante tus pies
si tus pies se alejarán de mí...
No quieras justificar
tu sed de hacerme padecer,
que yo no niego ni un instante
mi sed de ceder...
¡fantasmas en mi habitación,
y mi alma solo reclama el tuyo!

3 de octubre de 2010

Pastel



Mira mi mano deslizarse por encima de la tuya... sé que puedes ver mis venas palpitando de emoción, mientras acarician tu palma, y se elevan por tus muñecas, tus antebrazos, lentamente, tu cuello, y terminan en tu mejilla, rozando tu piel que es tan hermosa...

Oh, no, espera, aún no deseo hacerte el amor. Siéntate, querida, en esta enorme cama queensize. Puedes sentir la suave seda tratando de envolver tus piernas, tus brazos, tu vestido mismo... tu cabello parese adherirse a su superficie, tratando de buscar su compañero molecular de vida. Podrías, si quisieras, fusionarte a esta enorme seda roja, que combina deliciosamente con tu cabellera y tu piel, tan luminosa, parece artificial...

Reincorpórate, por favor. Mira lo que he traído. Adoro esa sonrisa en tu rostro, esa sonrisa maliciosa que reclama placer y entrega, como en las telenovelas ridículas de televisión abierta. Sólo que tu malicia tiene sentido. Quiero pertenecerte, preciosa, pues para eso he destinado este regalo que he elaborado con el más ínfimo deseo. Sientate, para que puedas degustar del contenido de esta charola. Anda, sin pena, destápala. Por supuesto que es un aperitivo del cual yo también degustaré, pero lo haré tan sólo para acompañarte.

Oh, es precioso. Es apetitoso, ¿cierto? Pasé toda la mañana eligiendo los ingredientes ideales. Un buen pastel que quedara a la medida del sabor de tus labios, aunque no puedo recrear su sensualidad por medio de especias y frutos exóticos. Así que elegí hacer la masa con vainilla, con un toque de café y unos duraznos entre capa y capa. Créeme, la consistencia te convencerá más que el sabor mismo. Enseguida, una capa de crema chantillí, igualmente casera, consistencia en verdad cremosa, no como esos betunes azucarados que se solidifican en segundos. Unas pequeñas chispas de chocolate oscuro, y unas hojuelas de chocolate blanco. Fue, en sí, un pastel bastante sencillo. Pero sé que lo disfrutarás tanto como yo al verte haciéndolo.

Anda, ahí tienes el tenedor. Toma un trozo y deposítalo en tu boca... tu saliva deshaciendo el chocolate, deshaciendo e intensificando los sabores... cierras los ojos, me complace saber que te ha gustado. Continúa, preciosa, continúa degustando de este pastel que te he preparado con... amor.

Ahora te acompañaré con una rebanada, no tan generosa como la tuya. Verás, yo ya he comido un poco antes de venir a esta suite.

Oh, ha sido tan delicioso. Créeme que el silencio de la habitación ha acentuado de manera muy sugerente el sonido de tu boca cuando comes cada bocado. Lo sé, no es de muy buen gusto, pero es que seguido de eso escucho tu respiración, un largo suspiro que denota placer. Y eso me excita, tanto como en este momento ya lo debes estar tú. Verás, este relato mental es sólo para mí, y no sabrás que he puesto en el postre un riquísimo coctel de éxtasis, LSD y morfina encapsulada en un proceso químico, que la liberará progresivamente.

Ven, acompáñame a la ventana. La vista de la ciudad es hermosa, tanta gente caminando allá abajo, sin imaginar que esta habitación estará llena de demonios y sensualidad... puede que lleguen a escuchar nuestros gritos... oh, sí, quítame la ropa al mismo tiempo que yo lo hago contigo... tranquila, tenemos toda la noche para ello...

... aunque sólo sea esta noche.

Mira los colores en tu piel, son tan profundos... quiero saborearlos todos, déjame saborear los colores de tu piel, de tus ojos, los agujeros negros de tus senos, tan perfectos... el enigma de tu sexo, que me grita como loco que lo devore, como si fuera un virus que se expande por nuestros cuerpos, y sólo queda aniquilarlo comiéndolo... una y otra vez... tu cuello despide aromas que no le piden nada a los perfumes más exóticos... las horas pasan como minutos, los minutos como lustros... esta noche será eterna, preciosa. Tu y yo fusionados para toda la eternidad...

Han pasado horas, pero ha llegado la hora de descansar. Dulces sueños, querida. Nos vemos en el infierno al cual pertenecimos desde el momento de haber entrado aquí. Ahí vienen los paramédicos... no te resistas. No te preocupes, todo será indoloro ahora. Lo importante... es que estamos juntos.

29 de septiembre de 2010

Tierra incorpórea



Te invito a mi mundo, alma rimbombante. 
No llores nunca más bajo mis aposentos.
Aquí todo es felicidad y gozo,
aquí nada es sino placer y dicha. 
Te invito a este mundo, alma rimbombante, 
donde la soledad es un mito.

Encontrarás una fauna, mi alma rimbombante
donde los erizos juegan a ser canicas,
donde las hienas tienen razón para reir.
Aqui hasta las fieras se reproducen por amor.
Encontrarás una fauna, mi alma rimbombante, 
donde ninguna criatura conoce el temor. 

Tu habitación está lista, alma rimbombante. 
Una bella vista al mar del caos profundo.
Una fogata que enciende con tu misma energía,
y jamás terminará de consumirse,
pues eres poder infinito, alma rimbombante,
y sólo capitulando podrías apagarte. 

Sólo deja este cuerpo infame, alma rimbombante. 
Un sutil trozo de carne que no sirve de nada. 
Que flote tu alma en mis aguas territoriales,
si la sangre fluye o no, ya no debe interesarte. 
Deja este cuerpo infame, alma rimbombante,
y disfruta conmigo de este ocaso inalcanzable. 


Imagen de Victoria Frances

25 de septiembre de 2010

A un recién iniciado



Desvaneces.
El umbral de la melancolía desvanece contigo.
No quedan recuerdos, nada que te pueda herir,
ni tampoco nada que te pueda hacer sonreir. 
Sientes panico, o quizá no lo sientes.
La sensibilidad ha decaído junto con el resto de tu humanidad.
Pero sigues apreciando la belleza
que tienes ante tus ojos. 
¿Como puedes dejar de ser humano 
sin dejar de sentir la belleza?
O quizá no se te ha ocurrido pensar
que puedes apreciar la belleza, precisamente, 
porque dejaste de ser humano,
porque dejaste de ser.
Reniega de tu pasado y presente. Eres un monstruo.
No importa. No puedes mantenerte en pie
ante una batalla tan absurda.
Tu realidad triunfará sobre tu voluntad. 
Siempre lo ha hecho. No hay diferencia ahora.
Deja de quejarte, criatura hermosa. 
Ante mí seguirás siendo ese amor inolvidable.
Ahora sal de esta catacumba, sin más que tus manos poderosas
y tu visión de lo invisible,
y sal a cazar tu alimento de la noche. 
Cuando vuelvas y ambos hayamos manchado
nuestros labios con vida ajena, tan sugerente,
mancharemos nuestras pieles una vez más, 
quejándonos de nuestro destino,
sintiéndonos felices de compartirlo. 

23 de septiembre de 2010

Vórtice

La luna, mi Luna, se esconde.
Se dice que la envidia la ha invadido.
Se dice que su sed de sangre y sueños
simplemente ha cedido a la mas pura envidia.
Mientras la noche alberga el despertar de mis ojos,
miran los tuyos, como poseídos.
El resto se opaca, carece de sentido,
carece de color, perece de importancia.
El vórtice infinito de tus pupilas
es delicioso, es adictivo.
Mis deseos incuban, deseando perderse
en ese mundo etéreo donde tu fauna crece
y me hace cosquillas bajo la hojarasca,
mientras caigo firme ante un destino incierto,
donde la belleza impera hasta al más triste verso.
Donde no hay dolor que por placer no venga,
donde el viento acaricia tu rostro, excelsa,
donde me es prohibido acercarme a tu alma,
aunque la mía te ceda su última palabra...


La luna, mi Luna, se esconde.
Se dice que la envidia la ha invadido.
Su sed insaciable de sangre y sueños
se han opacado al ver tu reflejo.

17 de septiembre de 2010

Ego fames sum

Siempre había creído que el hambre, en particular, la que me consume, sólo se extingue una vez saciada.
He pasado la mitad de mi vida tratando de cumplir con tal empresa. porque nací con hambre, y es horrible tomar conciencia de ello. es horrible despertar cada maldita mañana, desayunar y seguir teniendo hambre, comer y seguir teniendo hambre, cenar y tener un enorme hueco en el estómago. Comida, amor, sexo, alcohol, drogas, metafísica, Muerte, en cierta medida. Lo he probado todo. Y el hambre sigue.

Apuesto a que has experimentado la sensación de mareo, de abstinencia de pensamiento, el deseo de echarte a descansar, cuando no has probado alimento en una considerable jornada. Y apuesto a que has experimentado también el alivio de comer después de haber padecido este terrible mal: tu estómago se tiene que volver a estructurar, tus intestinos se mueven para dar cabida al majestuoso alimento que está a punto de ser absorbido, que por muy simple que sea siempre será un manjar.

Lo sé, porque también lo he sentido. tan sólo en el cuerpo. Aunque hoy no la he necesitado.

Por primera vez en no se cuanto tiempo, el hambre se ha ido. El mundo me importa poco o nada. Quizá nunca sepa lo que se siente alimentar el espíritu adecuadamente, como lo muestran en las películas y en las series de televisión. Quizá nunca encuentre una muerte tan poética que me permita olvidarme incluso que existo, como lo he leído en ciertos libros de corte fantástico.

Pero, curiosamente, es el hambre lo que me mantiene vivo. Y hoy lo sé con certeza, despues de tanto indagar. Ya que no siento ese terrible mal arrastrándome a su centro de gravedad, puedo decir muy contento que puedo pegarme un tiro en la sien, con la certeza de no sentir absolutamente nada.

Por otro lado, y por primera vez en la vida, extraño esos demonios que me atormentan a diario. Extraño estar enfermo. Es mejor ser el vacío mismo que poseerlo. La cuestión es simple: vivir lisiado o morir entero.

It´s better to reign in hell than to serve in heaven.

10 de septiembre de 2010

Sex night (for the living dead)!



Se despierta a media noche,
desentierra su cabeza,
sale de su mausoleo
con las medias medio puestas
Quita cucarachas negras 
de su negra cabellera,
ella no mira tus ojos,
sólo mira tu bragueta

Forrada en bisutería,
una chaqueta bien coqueta,
falda de a pelos de escoba
y unas botas muy ruidosas
Caminando sigilosa,
ella está sexy, y está muerta
Ella no mira tus ojos,
sólo mira tu bragueta

Sex night for the living dead!
Quieren carne y te van a morder,
entre tus piernas van a enloquecer,
just join the party for the living dead!

31 de agosto de 2010

Tormenta dama


Te encuentro apagada, 
lascivia,
una tremenda tormenta 
incomoda al silencio,
huye desquiciado,
te abandona.
Pero tiene miedo,
y regresa a tí,
a tus pensamentos.
No digas nada. 
No tomes el barandal 
si no es necesario.
El fin está cerca,
tan sólo rondando
tu erótica sombra.
No quiere que sufras.
Tomará tu corazón,
beberá de él, 
sacrificio noble,
y lo devolverá
para que vuelvas a latir,
y aspires fuerte...
saboreando el clímax.

29 de agosto de 2010

En la luneta



Te veo actuando con soberbia, artista del demonio. Aún recuerdo tu ímpetu, tu energía sin origen ni final para danzar allí abajo. Apuesto a que tú también: Me contabas cómo disfrutabas calzar las medias de algodón y sentir el frío piso de madera apuntalando sobre las yemas de los dedos de tus pies. Pero no te importaba. Bailar y divertir era lo único que te importaba, aún si no fueras la protagonista, pues sabías que alguien, quizá yo, siempre estaría ahí para admirar tu arte único y sonreírte más de lo habitual cuando el enorme telar cubriera el escenario. Sé lo maravillosa que es esa sensación: Yo alguna vez estuve ahí, recitando versos tan sólo para mí. Nunca tuve un público numeroso, tan sólo algunos visitantes que iban de pasada por la ciudad. Me encantaba ver sus caras desde la contraesquina de la entrada del teatro. Si sonreían, iba por buen camino. Y si no, simplemente era cuestión de mejorar. Sólo eso, y nada más.

Pronto te diste cuenta que la manera en que te observa la gente aquí arriba, en la luneta, es lo que más importa. Sólo los verdaderos admiradores se sientan adelante, o en las gradas, lo más cerca posible del escenario. Pero no te diste cuenta de la realidad: los verdaderos jueces estamos arriba. Aquí se sientan, junto a mí, los que no son aduladores, los que sólo pretenden ver un buen espectáculo y no a un intento de artista cantando falsetes como si fuera mezzosoprano. Es típico de los artistas jóvenes, creen que el mundo entero no abarca más de diez metros de distancia. Entonces sienten que pueden tomar lo que quieran.

Alguna vez experimenté lo mismo que tú. Me dejé llevar por la soberbia, y no conforme con eso, quise apoderarme del mundo. Porque no sabía lo que quería, hasta que conocí la belleza de tu ser. Oh, preciosa alma manchada de gris, cual sería mi sorpresa al darme cuenta que tú no eras el fin, sino el medio. Y eso, por si no te habías dado cuenta, te quita por completo el papel protagónico. Bailaba junto a las olas de tu vestido, percibiendo el aroma del suave sudor de tu piel, jactándome de no haber conocido sonrisa más bella. Oh, como me jactaba.

Pero en camerinos, la alegría se iba. La belleza se disipaba a la luz de las velas, peores jueces que una optimista luz de halógeno montada en un soporte de varillas. Las sombras producto de la luz natural reflejaban las arrugas en tu frente: arrugas de desesperación.

Ahora que estoy aquí, en la luneta, me siento más fuerte, más vigoroso. El simple hecho de aplaudir y juzgar me da una ventaja sobre el actor mismo: tengo el don de la multiplicidad. Desde aquí yo decido cuantos finales de la historia hay, cuantos errores tuvo el cantante en su dicción, cuánta sangre brotó de las heridas de la escena de batalla. Puedo volver a comenzar con el simple hecho de cambiar de butaca. Y sobre todo: el espectador, que soy yo, puede decidir quién es el protagonista de la historia.

Y cuando bajes del escenario, delicia de artista, cansada de recibir aplausos de la nada, y las puertas del teatro se cierren, yo volveré a subir. Vestiré mis mejores galas, y actuaré para nadie en particular. No volveré a buscar un protagónico, pues semejante cosa es un insulto a la verdadera vocación. Pues no hay protagonista si no hay auditorio a quien agradecerle los aplausos.

22 de agosto de 2010

WhyVersusWhat



Hay voces. Hay llantos. Hay mujeres clamando muerte en el aire. Hay hombres orando porque sus espadas se manchen de la sangre del enemigo. Hay una hermosa fiesta de sangre en Valaquia. Hay cuerpos empalados en toda el ala norte del palacio Real, pero hoy ha sido noche de caza, asì que los cadáveres son frescos. Ahì estoy yo, sentado al costado izquierdo de la gran mesa del banquete de victoria. Mucho vino, mucha carne, enormes pescados y demás delicias importadas de las antiguas costas griegas y demás países del sur. Procuro tener mi copa siempre llena, degustando de las personas a mi lado después de haber dado muerte a tantos enemigos. Francamente, no entiendo cómo es que los otomanos se empeñan en expandirse de manera tan... imperial. Considero esta época deleznable en materia de política y relaciones exteriores. Pero al menos me permite dar de comer a mi familia y a mis súbditos, a quienes aprecio mucho, muy a pesar de lo que puedan decir mis colaboradores.
He ahí. A seis bancas de mí está el príncipe Vlad Tepes. Esa expresión dura. Un héroe para la mayoría de los que están sentados en esta mesa, incluído yo. Ingenuos. Inspirar terror en los pueblos de manera tan alardeante es tan... infantil. No puedo mirarlo a los ojos sonriendo, o me mandará empalar por adulador. No puedo mirarlo a los ojos con el odio que le profiero, o me mandará empalar por obviedad. No puedo mirarlo con ojos vacíos, o me mandará empalar. Me burlo para mis adentros de su torpeza política.
A mi lado, un comenzal ha empezado a taparse la boca. Parece que uno de los soldados empalados ha empezado a defecar. Es cierto, el aroma es bastante llamativo y desagradable. El pobre sujeto empezó a toser, y se ha levantado de la mesa, quizá a vomitar en una esquina. Vlad también se ha levantado. ¡Si no le gusta estar en esta mesa, quizá prefiera estar acompañándolos en su asco! Profirió mientras sus guardias personales van por una nueva estaca de madera, y agujeran el piso para ensartar al pobre hombre. El asco, sin duda se le quitó. La punta del palo no está lo suficientemente afilada, por lo que tardará un buen rato en morir.
El mandatario se ha reincorporado a la mesa, y continúa su comida. Me parece bastante triste el no poder contemplar cómo el brillo de los ojos de la víctima no podrá llegar a mis pupilas. Poesía pura. Aunque ya ha sido bastante poesía mortuoria por hoy. Aún recuerdo a esa mujer, llorando por la vida de su pequeña. Ambas mujeres eran de una belleza extraordinaria. Recuerdo haberle partido el cuello rápidamente a la pequeña, para que no sufriera, y así complacer a su madre, a la cual le degollé el cuello, mientras la sujetaba entre mis brazos y le dí un beso, mientras yo me deleitaba de su aroma otoñal y ella me entregaba su último aliento, y manchaba mi armadura de un precioso rojo sangre. Sé que estuvo mal, pero no me arrepiento. Yo cumplí órdenes, y lo hice a mi antojo. Sé que moriré en batalla, quizá en tres dias, cuando las fuerzas turcas intenten llegar a mis dominios.
Sé que algún día alguien dirá algo como esto: "Al final, el porqué nunca importa, tan sólo tus acciones". Ver a todos esos aduladores me provoca más asco que la mierda y la orina de las mujeres detrás mío, parecieran estar en esa etapa roja de su ciclo lunar. Clamando piedad por seguir existiendo, aunque dicha existencia tarde o temprano carezca de significado. No pueden ni siquiera llamar a un tema de conversación por temor de insultar al príncipe con comentarios idiotas, los cuales suelen proferir. Por miedo, por ventaja, por placer, ¿que mas da? Al final son todos aduladores.

Incluyéndome.

14 de agosto de 2010

Sujeto Crucificado

No suelo postear cosas ajenas a la literatura y los movimientos sociales en este blog. De hecho, esta es la primera vez que lo hago.

Hace poco que empecé a jugar Hitman 2, y en el último nivel conseguí lo que a continuación verán: Un tipo pegado a un ventanal de una iglesia, en posición anticristo. Me pareció fantástico, hice capturas y a continuación lo muestro.

Advertencia: Si creen que voy a dejar de ser banal de ves en cuando, SE EQUIVOCAN. Soy un ser ocioso y decadente al igual que la (inmensa) mayoría de ustedes.



10 de agosto de 2010

Der todesengel

Yo creía en fantasmas. Creía en espíritus.
Creía en monstruos descomunales, viajando a pie
entre las enormes coníferas nevadas,
creía en los vampiros, las brujas, íncubos y súcubos,
creía hablar con tan encantadores seres,
creía que su poder inmortal se impregnaba a la piel.
Creía en las hadas, en los gnomos, en trolls y pitufos,
en la magia de los cuentos que cuando niño leía.
Creía en los demonios, y en los ángeles también.
Creía en uno en particular, cuyo poder era abismal.
No tenía ni forma humanoide, pues humano era un insulto.
Portaba, con orgullo, la bandera de la incertidumbre,
del oscurantismo de las almas, de la belleza inmortal,
sin embargo, yo veía un haz de tenue luz,
el toque necesario para andar mi camino,
para olvidarme de un pasado que jamás me atrevería a contar.
El toque necesario para alegrar mi alma,
pues mi profunda tristeza jamás una sonrisa podría camuflar.
Sentía las plumas de sus alas tejiendo sueños en mis mejillas,
caramelos en mis manos, néctar suave entre mis labios.
Me pedía cerrar los ojos, y yo, fiel a su canto
me limité  a obedecer.
Y soñé.


Y soñé.

Y soñé.


Y soñé.

Y soñé.


Y soñé.

Y soñé.


Y soñé.


Y abrí los ojos.
Colmillos amarillos.
Uno en mi ojo izquierdo, otro en mi parietal.
Mis huesos crujían. Mi mente no entendía.
El monstruo succionaba. Jadeaba, mordía.
Mi fuerza se acababa. Mi presión... subía.
Tomé del cuello a la bestia, de piel escamada.
La arrojé en contra mía, y cayó asustada.
Se reincorporaba, al ataque dispuesta.
Y ví el cadáver de un bello angel, sangre dispersa,
bello cuerpo sin vida... y sin carne, y sin belleza.
¿Como puede una criatura - pensé - tan excelsa
perder su quintaescencia con tan sólo morir?
¿Es que la bestia la extrajo para sí? ¿Que beneficio así obtendría?
¿O es que acaso era...
acaso era una piel de muda?
El frío engendro contempló el crimen conmigo,
y salió huyendo, como si en mi viera
un inquisidor que lo cazaría,
y al no tener belleza, lo asesinaría.
Hoy creo en los ángeles hermosos.
Creo también en la muerte que los contiene.
Nunca lo sabré, si es una piel inerte
de una bestia de pezuñas verdes,
o alimento codiciado de tales bestias,
que buscan cazar a la expectativa.
Aún guardo una pluma del angel caído,
para recordarme que si sigo vivo
es porque la desgracia y la Muerte,
mi preciosa amada, traza mi camino.

28 de julio de 2010

Entre perro y lobo


 
Me clausuran en mí.
Me dividen en dos.
Me engendran cada día en la paciencia
y en un negro organismo que ruge como el mar.
Me recortan después con las tijeras de la pesadilla
y caigo en este mundo con media sangre vuelta a cada lado:
una cara labrada desde el fondo por los colmillos de la
     furia a solas,
y otra que se disuelve entre la niebla de las grandes manadas.

No consigo saber quién es el amo aquí.
Cambio bajo mi piel de perro a lobo.
Yo decreto la peste y atravieso con mis flancos en llamas
las planicies del porvenir y del pasado;
yo me tiendo a roer los huesecitos de tantos sueños
     muertos entre celestes pastizales.
Mi reino está en mi sombra y va conmigo dondequiera que vaya,
o se desploma en ruinas con las puertas abiertas a la
     invasión del enemigo.

Cada noche desgarro a dentelladas todo lazo ceñido al corazón,
y cada amanecer me encuentra con mi jaula de obediencia en el lomo.
Si devoro a mi dios uso su rostro debajo de mi máscara,
y sin embargo sólo bebo en el abrevadero de los hombres
un aterciopelado veneno de piedad que raspa en las entrañas.
He labrado el torneo en las dos tramas de la tapicería:
he ganado mi cetro de bestia en la intemperie,
y he otorgado también jirones de mansedumbre por trofeo.
Pero ¿quién vence en mí?
¿Quién defiende de mi bastión solitario en el desierto, la sábana del sueño?
¿Y quién roe mis labios, despacito y a oscuras, desde mis propios dientes? 

Olga Orozco (Poeta Argentina). 
La imagen es de Die Form.

Cómo se crea una canción pop

Esto que (si se disponen a hacerlo) están a punto de ver es una impetuosa realidad en el mercado musical dirigido por las multinacionales. Lo admito sin temor a la verguenza: yo llegué a dejarme influenciar por estos trucos mercadotécnicos cuando niño, con la llegada comercial del hip-hop. No digo que ahora escuche música mejor, sino que descubrí justo a tiempo que hay cosas mejores.

La canción es deleznable. Pero ese es el punto. Los invito a ver esto que ví en PsicoFXP.


24 de julio de 2010

Trofeo volátil (parte 3)

Mario abrió el refrigerador. Eso que quedaba ahí, al fondo hasta abajo, detrás del six-pack de cervezas, era el pie de la señora Ágata. Era una lástima, que una señora tan deliciosa tuviera una existencia tan finita. Lo puso en la cacerola, a la cual agregó también un poco de arroz (arroz de verdad, mexicano, no estilo oriental) y unos trocitos de tocino que tenía guardados desde la vez pasada que hizo hamburguesas, curiosamente, con los senos molidos de la mujer. Eran algo grasosos, pero si no se enfriaban demasiado conservaban un muy bien sabor. Nada que diez minutos extra de ejercicio el sábado no solucionaran.

Dejó cociendo la pieza con la cacerola tapada y la flama de la estufa al mínimo, para descongelar, y mientras, con la confianza de tener tuberías en buen estado, fue al supermercado para comprar bolillo, que ese día estaba recien salido del horno y había poca gente que lo arrebatara de las canastas. La calidad de ese pan era superior, así que valía la pena llegar un poco tarde al trabajo con tal de tener un buen desayuno. Tomó su teléfono y se conectó a Facebook desde el proxy francés. Esmeralda había dejado un mensaje privado: "HolAaa chICo GuApO Xd tE aKueRDaSssS de MiIIIiiI!??? QuIERo vRTtttEEeeE!". Un poco de hurgar el perfil público de la chica y ya tenía su número de teléfono. Saliendo de trabajar la iba a llamar, para ver si salían a algún lado, un bar no muy concurrido donde la pudiera drogar y sacar sin que preguntaran más allá del estado etílico de la chica. Ya en la tienda, se dio una vuelta por el área de música. Compró la nueva edición de la línea Putumayo de jazz, y se dirigió a comprar su bolillo, unos muffins con mermelada de fresa y un galón de leche, ya que el humor de la pierna de la señora Ágata había cortado de manera muy extraña la que había en el refrigerador. También compró un desinfectante Arm & Hammer, pues la cocina en general era toda una fuente orgiástica de ácido desoxirribonucléico.

En el trabajo, se enteró que su jefe anterior había sido despedido. Mario había acertado en entrar a esas páginas de porno infantil por medio de una conexión SSH a la débilmente protegida estación de trabajo del tipo. Eugenio, el más experimentado de todos, sería ahora el nuevo jefe de trabajo. En esa empresa, se trabajaba de manera muy rara: no había jefes, sino editores. Todo mundo se ponía a leer el código de otros. Mario se limitaba a compilar y correr, si funcionaba no decía nada, y casi todos sus comentarios eran sobre la estética y funcionalidad de las aplicaciones finales. Y ahora que el calvito estaba al frente y lo manipulable que era, sería más fácil alejarse del trabajo apelando a la incompetencia del líder. De todos modos, en dos semanas planeaba hacer lo de los bombones. Una vez, cuando recién empezaba a trabajar en la empresa, fue a su casa, y tenía una copia original de Red Hat Linux Enterprise 4 en su vitrina, al lado de un disco de Ubuntu 6.06, el primero que salió al público, y una Commodore 64 impecable con, según le había mostrado aquella vez, Linux Kernel 2.6.27, totalmente funcional. Para una persona normal no significa nada, pero para Eugenio era lo máximo. Y de un tiempo para acá a Mario le complacía hacerse de los placeres de otras personas. Quizá porque a él ya no le satisfacía nada.

Se le fue el tiempo pensando en cómo podría lucir la cara de Eugenio si supiera que esos discos de software terminarían de freezbees, apuntados hacia las comisuras de los labios de alguna chica, o incluso de la misma Esmeralda, y que una vez manchados en sangre su paradero sería un bote de basura bañada en cloro, o cal, si es que contenía restos de intestinos.

De noche, no podía dormir. Cargó un rifle SMG con silenciador que tenía en la caja fuerte, se movió al norte de la ciudad en autobús, subió a uno de los edificios abandonados de la colonia Palestra, ajustó la mira de francotirador y disparó unos cuantos tiros a una señora que se estaba bañando a dos cuadras de distancia. Tiros limpios desde su ventana hasta la ventana del baño de la señora que daba al patio trasero, totalmente descubierto. Cuatro disparos bastaron para quebrarle el cráneo. La calle gritaba el clamor de la noche de vísperas de fin de semana. Mario se quedó viendo por la mirilla al cadáver por un largo rato. Una niña entró y vió el cuerpo de su madre tirada, ensangrentada, los senos cubiertos en jabón, el cabello sin terminar de enjuagar y una última lágrima cuando la pequeña empezó a gritar desesperada. El tirador recogió los casquillos, bajó un piso y disparó con acierto, y de un solo disparo, al foco del baño. La niña pareció callarse. La oscuridad ocultaba apropiadamente su triste realidad de huérfana (al día siguiente, el periódico revelaría que no había hombres en la casa).

Por un momento, Mario pareció darse cuenta de su realidad, y se sintió mal por haberle mostrado a la pequeña ese pequeño tormento, oculto, pero presente. Recogió el quinto casquillo, caminó unas cuadras y tomó un taxi a su casa, mientras llamaba a Esmeralda.

9 de julio de 2010

Cuentos verdaderos



Arrúllame entre tus brazos. Acerca mi cabeza a tu pecho, lleno de amor, de ese amor volátil que tanto pregono y que tanta falta me hace. Arrúllame con el canto de tu corazón, donde la arritmia tan sólo es un sueño, donde la muerte y la desidia tan sólo las tengo yo. Cuentame, hermosa alma, de todas las veces que he intentado aniquilarte, con pericia, con soberbia determinación, y he fallado estrepitosamente. Cuéntame todas aquellas veces que me has perdonado por querer deshacerme de tí, mi única verdad, y me has castigado con el insomnio más dulce. Cuéntame que estoy muerto, que ahora te dedicas a sostener mi cadáver sobre tu pecho, cantandome una canción de cuna, mientras el suave sonido de tu voz perfora mis oídos y el diablo mismo recoge los jirones de mi alma, para alimentar con éstos a los herejes, a los traidores, a los mentirosos y lunáticos que tanto alabé. Cuentame,  hermosa alma, cómo sujetaste firmemente esa escuadra entre tus manos, oh, tus preciosas manos de hiel y zarzamora, besaste mis labios en clara señal de desapruebo, y sin más, tiraste del gatillo, cuéntame cómo la bala entró por mi orbital izquierdo, y se alojó en mi hipotálamo, enamorándome locamente de tí, haciéndome contemplarte mientras preparabas el calabozo en el que me torturarías eternamente, en el que pagaría de la manera más extraña la traición que ejecuté contra el mundo: el hecho de existir...

5 de julio de 2010

Lindo vals



Corto y corto, con empeño sin igual.
A este cuchillo le falta afilar,
pero el placer de descuartizarte
me hace excitarme, ¡me hace estallar!
Cara con cara, vamos a bailar, 
chorreando sangre en la pista de baile,
¡regàlame una sonrisa post-mortem,
pues te voy a momificar!

¡Vals con tus huesos!

Tus huesos tibios, erotizantes,
son deliciosos al compás de este vals...
eternamente entre mis brazos,
aún queda carne por mordisquear...
En tu pelvis estilizada
esconderé mi virilidad,
eres pura misantropía,
¡en tus costillas me siento brutal!

¡Vals con tus huesos!

30 de junio de 2010

Trofeo volátil (Parte 2)

Tomó el vaso de la licuadora, puso un diente de ajo, un poco de mantequilla (a falta de aceite de oliva), sal, pimienta, almendras molidas, chiles chipotle  y caldo de pollo. Treinta segundos a velocidad baja y despues a freir en la cacerola. Agregó las costillas de la señora Ágata, aquellas donde alguna vez estuvieron sus preciosos y redonditos senos, esperó a que marinaran bien, arrancó la carne, limpió los huesos a punta de mordida y con la carne se preparó unas ricas quesadillas con pico de gallo. Una taza de café de olla, ponerse la camisa blanca con rayas grises Aldo Conti (una camisa corriente para un martes corriente) y se fue a trabajar.

De nuevo, lidiando con la estúpida máquina y la pésima instalación de Oracle Database en la máquina previrtualizada de Solaris. Mario se levantó fúricamente a con el pobre de Eugenio, que ya ni un cabello le quedaba y ese estómago de ballena no le favorecía al botón de su saco, y le pidió los discos de instalación para poder crear su propia máquina virtual. "Hay maneras más constructivas de perder el tiempo", le decía mientras le arrebataba los discos de la mano y se disponía regresar a su labor. Mientras se compilaban los códigos fuente, miraba al segundo monitor, divagando en su correo mientras pensaba la manera de usar apropiadamente toda esa grasa que extraería del estómago de Eugenio, quizá haría un hornito con una caja de zapatos y papel aluminio, e intentaría prenderla mezclada en un poco de alcohol sólido y usando sus lentes de amplificador de luz. Si asara bombones no tendrían el sabor más dulce del mundo, pero al menos su mera existencia habría tenido algo de provecho, en el fogón de Mario.

Una vez importada la base de datos de prueba, se disponía al diseño del intérprete SQL cuando su extensión telefónica sonó. Estaba medio adormilado, su brazo cayó pesadamente sobre el auricular, antes de llevarlo a su mejilla. "Esta noche hay reunión del club de lectura. Te esperamos". Mario aborrecía los clubes de lectura. La única manera por la cual se unió a dicho club era porque sus colegas se ayudaban mutuamente a la hora de limpiar los asesinatos que cometían. Pero no le gustaba, de ninguna manera, tener que compartir sus guisos con nadie, mucho menos con el imbécil japonés de Mérida, ya que siempre salía con su estupidez de agregar toques dulces y soya a los lomos. Simplemente la comida oriental lo aburría, y una lengua sofrita con soya y brócoli no era lo mismo a una lengua hecha al más puro estilo mexicano, como su abuelo le enseñó a hacer justo antes de que la esmeriladora del taller fuera a dar a su omóplato derecho y avanzado hacia su maxilar inferior, desangrándolo por completo.

Saliendo de trabajar, se dirigió en su motoneta a la Biblioteca municipal. Dio la vuelta a la manzana para entrar por la parte de atrás, donde un musculoso hombre de color cuidaba la entrada, vestido con una clásico suéter con cuello de torguga, comprado en algún autoservicio. El libro de la noche era Santo y seña, Marco Polo, de William Buckley. Mario lo mostró y el hombre descruzó los brazos y le abrió el portón metálico. La luz era tenue, olía a menudo de hombre mediano. Es un buen caldo, pero la costumbre hace perder el encanto. De nuevo, a jugar póker mientras las tripas se terminaban de cocer y el oriental preparaba un mediocre arroz a la poblana, nada apropiado considerando los pimientos dulzones mezclados con la cebolla picada y el orégano del caldo.

Más tarde, llegó a su casa. Estaba tan cansado y fastidiado que tan sólo llegó a prender la computadora, para ver de nuevo su correo. Esmeralda, chica guapa de la semana, lo había agregado en Facebook, según decía el navegador. Mario no recordaba siquiera haberle enviado petición de amigos. Tan sólo apagó de nuevo el ordenador y se fue a la cama.

Mientras tanto, las voces seguían atormentando sus pesadillas. Esta vez decía algo más concreto: Ya han secado... ya han secado...

28 de junio de 2010

Trofeo volátil (Parte 1)

Ya eran más de las tres de la mañana y Mario aún se encontraba destazando a la señora Ágata. Era una buena vecina, tenía un cuerpo tierno y excepcional a sus cuarenta y seis años. Pero eso no impedía que sus ligamentos fueran tan elásticos y resistentes como el recto de un cerdo. Ni se diga masticarlos una vez cocinados. Después de todo, enero es un mes bastante propicio para conservar las menudencias y huesos a la hora de cocinar caldos. Y, mejor aún, una olla esconde mejor una evidencia tan arriesgada (vamos, se trataba de la vecina del departamento de arriba) que una parrilla. Aunque al final todo iba a parar al estómago de nuestro protagonista.

Así que terminó y, después de haber limpiado con blanqueador la "habitación del miedo", tomó una ducha, quemó el filtro del desague que él mismo había instalado para filtrar la sangre, y se retiró a dormir. Iba a ser un lunes muy atareado, pues tenía que entregar el avance del gestor de base de datos que se le había asignado y tenía que estar fresco para exponer ante el grupo de trabajo. Para su fortuna, implementar una clase en JSP para leer una base de datos en SQL no era nada del otro mundo, no mientras el cliente no exigiera mas que entrada y salida de registros fijos.

Dicho y hecho, el lunes expuso su idea de un módulo, una sola clase que ejecutara todas las peticiones del cliente sin tener que recurrir a distintos módulos separados que "desunificaran" la secuencia de programación de los desarrolladores. Incluso vistió corbata, la cual compró exclusivamente para la ocasión, una Federico Zegna azul marino con rayas amarillas. Definitivamente llamaba la atención e inspiraba carisma. Pero el jefe de desarrolladores insistió en que trabajar de ese modo era una pérdida de tiempo, argumentando que el tiempo de ejecución se vería severamente afectado ante la petición de muchos clientes, ya que el servidor tendría que tener abiertas múltiples instancias del módulo para poder atender a todas las peticiones, y ya que el programa sería muy extenso, se necesitaría un servidor con capacidades que la empresa no estaría dispuesta a pagar. Y menos considerando que el servidor que tenían instalado era una computadora de escritorio HP con 2GB de RAM, lo cual les parecía un hardware bastante robusto, incluso tratándose de una computadora de hogar.

El jefe no menospreció a Mario ni mucho menos. Pero se sintió brutalmente ofendido. Antes de salir de trabajar, se conectó con un proxy europeo a la base de datos del IMSS y extrajo información de una guapa agente de ventas de Epson que le había dejado su tarjeta el viernes pasado. Decidió que era una oportunidad de sacarse el estrés de encima, así que reunió sus datos en su memoria encriptada, apagó su estación y salió a realizar las compras. Compró una pizza Red Baron congelada, unos nuggets de pollo, un litro de blanqueador, medio galón de agua purificada, una botella de vino chileno, un kilo de sal de mesa, queso ranchero, chipotles y tortillas integrales. Una dieta que nada beneficiaba su cutis, excepto porque ese día iba a comer carne fresca.

Así que llegó a su casa, puso a calentar el caldo, agregó unos chiles y, en lo que terminaba de cocerse la señora Ágata, se preparó unas quesadillas, se sirvió una copa de su nuevo vino, la mezcló con un caballito de vodka que quedaba en la licorera debajo de su almohada y se sentó frente a su computadora a leer la información que había descargado.

Era un escritorio bastante ordenado. Tres monitores, uno LED y dos de cristal líquido, conectados a una Mac Pro, teclado y mouse inalámbricos usualmente guardados en el cajón de enmedio, y un sencillo sistema de sonido para escuchar música. Una foto de un gato negro, su primer gato (su primer asesinato) y una llave digital de Porsche, adaptada para abrir la habitación del miedo.

En el monitor de la derecha aparecía la lista de novedades de sus amigos en Facebook, el de la izquierda permanecía apagado, y el del centro desplegaba el historial médico de la señorita Juárez. Esmeralda, se llamaba. Bonito nombre para bonita mujer de veintitrés años. Carrera técnica, aborto reciente, recetas de antidepresivos, cauterización de cuello a los ocho por una cortada en un accidente automovilístico y una atención médica precaria. A Mario le gustaba leer de derecha a izquierda, de abajo para arriba. Tez blanca, cabello castaño, ojos cafés oscuro, 1.70, y a juzgar por la mirada de la credencial de elector, una vida simple pero decorosa. El estereotipo de la mujer que trata de sobrevivir la cotidianeidad a través de grupos religiosos y drogas suaves, que trabaja arduamente para demostrarle a no se quien no se qué, y que llega a su casa todas las noches a cenar una pieza de pan dulce y a conciliar el sueño pensando en lo patética que es su vida al intentar no ser patética.

Mario terminó de escribir el parser de Excel 2007 para PHP que tenía pendiente de la semana pasada y se fue a dormir.

Una voz le gritaba, muy al fondo. Le pedía compasión. Estaba oscuro. Mario corría, buscando esa voz. No sabía si era una de sus víctimas pasadas o era la última novia que tuvo, a la cual le taladró la garganta con una broca 5/16, sin darle tiempo siquiera para suplicar por su vida. El trozo de diente que brincó a su párpado izquierdo aún le lastimaba. Pero esta vez sentía la sangre correr hacia su boca. Era extraño, la sangre sabía a naftalina, y conforme bebía, la voz gritaba más fuerte. 

Mario despertó empapado en sudor frío. Se levantó a darse un regaderazo mientras pensaba en la metáfora de su sueño. Eran las dos de la mañana. Aún quedaba tiempo de dormir bien.

20 de junio de 2010

20 de Junio

Querido Diario:



Hoy he tenido a dicha de contemplar los grandes sistemas que rigen mi vida diaria, y me complace mucho poder nombrarlos como si fueran míos: mi Iglesia, mi Gobierno. Me siento tan confiado y seguro con estas maravillosas organizaciones que por milenios nos han guiado al mundo en que vivo que hoy me siento capaz de darlo todo por defender su doctrina.

He asistido a misa. Hace años que no lo hacía. Me siento tan decepcionado de mí mismo que doy gracias al Señor que el día de hoy me ha iluminado para asistir a escuchar su palabra, a participar de la eucaristía y apoyar a mi comunidad católica. Me siento parte de algo nuevamente, y este enorme vacío se ha ido de mi alma paulatinamente.



No entiendo cómo es que hay tantos problemas en el mundo, hambres, holocaustos, pobreza, desastres naturales, todas esas cosas que se podrían evitar si tan sólo dejáramos de pelear por ideales insulsos y nos dedicáramos a lo que verdaderamente importa: la fé en algo confiable, algo que nunca te abandonará ni decepcionará, algo que le da sentido a la vida humana y nos aleja del pecado: la palabra del Señor.

Cuando decidí alejarme de la fé (de lo cual no me siento orgulloso para nada, pues sé que el Señor me miró con tristeza todos esos años) no entendía cómo es que un ser tan superior podía existir, y regir nuestras existencias. Pero hoy he comprendido que no es así. Somos seres libres, pensantes, y por eso tenemos la opción de seguir al Señor. ¡Oh, alabado Él y su magno plan! Nunca me abandonó en esta terrible época de oscuridad: tan sólo me dio la claridad para ver el camino que me tiene preparado, de estar a su lado por el resto de los días.

Pude ver el camino y las herramientas que me tiene para mi misión. La principal herramienta es la Biblia. Ella contiene todo lo que necesito para ser feliz. Me pide que no sea ambicioso, que sea condescendiente con mis compañeros y amigos, que no persiga mis ideales, ya que son innecesarios y contaminados del mundo del Demonio. Si tan sólo me dedico a seguir Su camino, no tendré más de qué preocuparme, sino resignarme a una vida pacífica. No necesitaré aprender a luchar, porque mi Señor lo hará por mí. No necesitaré perseguir mis ideales, porque siguiendo los ideales del Señor nada me hará falta. No necesitaré pensar, pues el Señor me ha dejado las sagradas escrituras para no tener que preocuparme por eso nunca más.



No entiendo cómo pude haberme preocupado tantos años por encontrar luz en mi camino de oscuridad. He esperado toda mi vida encontrar una razón, deshacerme de toda esa decepción que he tenido del mundo. De hecho, la palabra decepción ha gobernado mi mundo. Pero ahora no lo necesito más. El Señor ha pensado en ello por mí, y sólo tengo que atender a su llamado.
El Señor es mi pastor, nada me falta.



Si no esperas algo, no puedes desilusionarte.