Quise escribir en este espacio una analogía al color rojo. Pude citar la sangre, la carne, los ojos vampíricos, el aroma de la muerte... Pero no. Este blog es rojo porque yo lo deseo. Eso debería bastar.
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27 de septiembre de 2012
Fucking blue
Una luna me separa de tí esta noche.
Una luna me conforta, y me da escalofríos.
¿Como puedo sentirme tan culpable de querer tocarte
con tanto anhelo, con tanta necesidad?
Y la necesidad, absurda, romántica e incómoda
que duele si no es saciada...
Una luna me separa menos de tres segundos de tu reflejo
en sus mares ocultos bajo la erosión del tiempo.
Una luna me llena de luz fría,
luz que sólo los fantasmas pueden lograr.
Eres un fantasma acariciando mi mejilla,
quizá por desidia, quizá por coincidencia.
Condeno las matemáticas que me aferran a tí,
al destino que se ha empeñado en cruzarte en mi camino.
Pues esta noche, que mi alma se siente herida sin razón,
te necesito tanto...
26 de enero de 2012
Burn me
fuego semejas
detras de la comisura del volcano
abrasando la naturaleza circundante
advirtiendo al viajero sobre tu caricia
llamando a mi espiritu a tu encuentro
fuego semejas
mi carne desea perecer en ti
mi canto solo es canto en tus percusiones
escucha mi alma, menciona tu nombre
poema absorto, delicada esencia
ardes la noche, y entre sus cenizas
perfumas el viento bajo las estrellas
y yo solo respiro... respiro suave
embelesado bajo tus hechizos
quemas mi garganta y mi nariz, brutal
quemas mi espiritu, ya vacio de maldad
mis ojos ya solo ven flores rojas
que dibujas calidas con tus vaivenes
fuego semejas
mi piel al tocarte esta en compromiso
y estar de ti lejos es terrible frio
asesinando los jirones de la vida
destruccion pura y libre de albedrio
eligeme, sere tu leña
vive en mi, aunque yo perezca
sere ceniza, remembranza excelsa
y entre los vientos viviras... eterna
Para N.L.
10 de agosto de 2011
Despierta, súbitamente, como si algo importante estuviera por acontecer ese sábado. No lleva calcetas ni medias, así que lo primero que hace su pie desnudo al buscar su sandalia es tocar el frío del piso marmolado, casi tan frío como metálico.
Se repasa su larga cabellera castaña oscura con sus manos, tratando de arreglar su entropía, producto de sueños infames, de sueños rotos, tan hermosos y tan bizarros como sólo una mujer joven puede tenerlos. Sus manos, firmes pero delgadas, buscan entonces esos delgados y pequeños anteojos que acabarán por tapar la hermosura de unos ojos tan claros como el fuego del infierno, y tan cautivadores como éste. Se incorpora, y una vez en pie, un pequeño ajuste a su playera de dormir la prepara para ir en busca del sagrado café matutino.
Camina lentamente, pero no con pereza, más bien con paciencia, pues sabe que todo lo malo del mundo puede ocurrirle precisamente hoy, pero también sabe que la vida no está para vivir con temor, hay que enfrentar lo que sea, en el momento que sea. La vida es una guerra, y no importa cuán rápido te muevas, mientras ella se sienta determinada a ganar.
El agua hirviendo. Abre una gaveta para sacar una taza, y brinca un libro que llevaba escondido ahí tres días. Algún título tan históricamente relacionado, como Porqué perdí la guerra (una genial narrativa de los últimos momentos de Hitler), o La hora 25 (la otra cara de la moneda, la del proletariado oprimido). Un bonito libro de pasta dura de esos que a poca gente le apasiona, excepto a nuestra protagonista. Toma el libro con una mano, pues sabe que es momento de continuar leyendo, y con el otro toma la taza más negra que se encuentra. Sabe que en una mañana fría es delicioso ver cómo la espuma se clarifica y dibuja formas en la superficie del café... fantasmas mutilados, rostros con pesares humanos, dragones guapos, emoticones aburridos pero de uso obligatorio, cuchillos clavándose en la carne... cosas tan caprichosas, tan insalubres...
Pero al momento de beber el primer sorbo, la calma llega a su bronceada piel: el color se recompone, una sonrisa sincera se dibuja en ella. El sabor invoca en ella recuerdos aprisionantes que sabe que no deben volver, lágrimas provocadas por los errores del pasado, la oscuridad invadiendo sus sentidos... siente dolor, pero sabe que no puede sentirlo igual que otras personas, sabe que la mayoría de las veces es necesario transformarlo, hacerlo digerible. Y en ese momento, su mente volátil se convierte en hedonista. Al final, el placer es el único remedio ante la pesadez del alma y del ser. Sigue bebiendo, entonces, como si su vida pendiera de ese sabor tan delicioso... pero sabe que no bastará. ¿Sexo? ¿Drogas blandas? ¿Ejercicio? ¿Embriagarse en una lectura? ¿Bailar diabólicamente con algún disco de 69 Eyes, o exaltar su feminidad con alguno otro de Depeche Mode? Sólo ella lo sabe. Pero esa tarde solitaria debe ser bien aprovechada. Porque la soledad también es un momento tan íntimo, tanto como lo es estar con su amante favorito, como lo es irse de copas con sus amigas feas (seguramente muy feas en comparación a ella misma), como lo es enamorarse de alguien imposible, como lo es confesar su fetiche más oculto.
En la mesa ve un pequeño alfiler. Lo toma, y empieza a jugar con él en su brazo. Se pincha con él. no pretendía herirse. Sin embargo, la creciente gotita de sangre le empieza a llamar la atención. La mira, atenta, se pierde en su rojo amarillento. Ya puede sentir su aroma, distinguirlo sobre el de la infusión. Duda acercarse, duda contemplar ese precioso elíxir que de ella misma nace. No puede nadie atreverse a llamarle narcisismo, porque ese ser interior que en su sangre se expone es otro ser, totalmente distinto al que ella contempla en el espejo cada vez que se desmaquilla para visitar a Oneiros.
No. Se trata de otra naturaleza. Una naturaleza prohibida, más allá del bien y del mal. Una naturaleza a la cual yo mismo, quien describe, siente un sometimiento terrible, una obsesión enfermiza por probar la exquisitez de esa vibra roja, una exquisitez a la cual el mundo material me restringe...
Pero a ella no la restringe.
Finalmente, se atreve a posar esa sustancia en su lengua. Sus ojos se cierran, su corazón late más rápido, pero también más preciso. una sonrisa maléfica se dibuja ahora. Tierna, pero maléfica.
Y yo, en mis sueños, le digo: Nunca es suficiente.
Para Jenny.
Cualquier concepto alejado de la realidad debería usted aclarármelo.
25 de julio de 2011
Después de andar muchos pasajes oscuros
he decidido dar una larga caminata
en ese que le llaman... el camino de la luz.
Sentí tu mano todo este camino,
sentí cómo tu sonrisa suspiraba,
tergiversando la realidad que siempre he conocido,
enmarañando con tus caricias mi cabello,
susurrando que lo mejor estaba aún por ocurrir...
Y ví hermosos paisajes, la bruma del mar,
acantilados que por primera vez no me invitaban
a lacerar mi cuerpo y morir en sus fauces,
pude ver el sol directamente,
sin arder en sus llamas como en mis vidas pasadas.
Perdí el miedo, a tu lado, a ser tocado por estos haces
de realidad profanada por mi sola presencia.
Y cuando estaba listo, tomaste mi rostro,
lo dirigiste hacia el tuyo,
invitándome a que ocurriera
eso que siempre ocurre en los cuentos de hadas,
a mirarte tiernamente
y darnos el statu quo de nuestras sensaciones,
a sentir el aroma de tu cabello
entintado en flores muertas y brillos lúcidos,
a escuchar la vibración de tus palabras
más dulces, más eternas, más hermosas
que la más fina de las mieles egipcias...
Ahora que he hecho eso,
todo eso y más, en este mundo de luz hermosa,
no me siento digno de quedarme,
pues yo pertenezco a otras tierras,
soy extranjero en esta tierra maldita,
y soy extranjero en mi propia tierra,
las garras de la desdicha me persiguen
justo ahora que no quiero ceder,
y aún me pregunto, ingenuamente,
si estás dispuesta, alma de bien
a interceder por mi en este valle de luces sofocantes...
11 de junio de 2011
Mar dulce
No llames a mi puerta hoy.
Estoy escribiendo, estoy ocupado.
Estoy ocupado tratando de escribirte un poema.
Un poema que exhalte tu belleza,
que eleve a los ojos de los dioses
todo aquello que amo de tí.
No abras esa puerta,
no contamines con tu preciosa prescencia
este vil intento de literatura profana.
No engalanes mis ojos con tus ojos,
no endulces la delicia de este aroma a flores marchitas
con el aroma de tu cabello agitando la habitación.
No te acerques, te lo imploro,
no te acerques, no roces tu piel con la mía,
no borres de mi mente mis deseos perversos,
no los conviertas en sentimientos puros,
no me hagas proferirlos hacia tí,
sentir que en carne y alma te necesito.
No me mires a los ojos, silenciosos,
no exprimas cada gota de mi vida,
esta pluma ha dejado de escribirte,
pues mis dedos solo quieren tocar tu rostro
mientras lo acerco al mio, encarando
aquella energía febril que me sofoca.
No me beses, por favor, no me beses,
no me des de tu sabor el tibio suspiro
que me hace languidecer frente a tu porte,
no quemes mis mejillas con la suavidad de tu pelo,
pues no puedo hacer poesía sobre hermosura
si la hermosura misma me embriaga en su locura.
No me tomes, ahora no, elíxir benigno,
no me hagas beber de tu piel llena de vida,
pues deseo sumergirme entre tus aguas,
pero se que en esos mares no hay dolores,
rabiosos mares de agua dulce y lágrimas tersas...
si lloro en ti, mi poesía toda estará muerta.
Estoy escribiendo, estoy ocupado.
Estoy ocupado tratando de escribirte un poema.
Un poema que exhalte tu belleza,
que eleve a los ojos de los dioses
todo aquello que amo de tí.
No abras esa puerta,
no contamines con tu preciosa prescencia
este vil intento de literatura profana.
No engalanes mis ojos con tus ojos,
no endulces la delicia de este aroma a flores marchitas
con el aroma de tu cabello agitando la habitación.
No te acerques, te lo imploro,
no te acerques, no roces tu piel con la mía,
no borres de mi mente mis deseos perversos,
no los conviertas en sentimientos puros,
no me hagas proferirlos hacia tí,
sentir que en carne y alma te necesito.
No me mires a los ojos, silenciosos,
no exprimas cada gota de mi vida,
esta pluma ha dejado de escribirte,
pues mis dedos solo quieren tocar tu rostro
mientras lo acerco al mio, encarando
aquella energía febril que me sofoca.
No me beses, por favor, no me beses,
no me des de tu sabor el tibio suspiro
que me hace languidecer frente a tu porte,
no quemes mis mejillas con la suavidad de tu pelo,
pues no puedo hacer poesía sobre hermosura
si la hermosura misma me embriaga en su locura.
No me tomes, ahora no, elíxir benigno,
no me hagas beber de tu piel llena de vida,
pues deseo sumergirme entre tus aguas,
pero se que en esos mares no hay dolores,
rabiosos mares de agua dulce y lágrimas tersas...
si lloro en ti, mi poesía toda estará muerta.
13 de abril de 2011
Reines Blut
Volaba, buscando sueños en el reino de Oneiros, sueños que robar
para entregártelos como tributo... tributo a algo que alguna vez
ví en tus ojos...
y mientras viajamos zurcando las hermosas sábanas de seda negras
de esta tierra infernal, donde todo placer es veneno,
me miras a los ojos, buscando venganza por un crimen
que francamente ya no recuerdo si fue tu iniciativa...
o mi descaro.
Vimos hermosas rosas negras, con el corazón tan rojo como el nuestro.
Vimos seres cayendo en la amargura de la pasión, incapaces
de tocar esas fronteras de las que ahora nosotros somos habitantes,
víctimas de la locura, del desenfreno, del amor, del sadismo,
de verte caer mientras te empujo al abismo,
mientras sentir tu mano asirme, para llevarme contigo...
Vimos armas de fuego acribillándonos con estacas plateadas,
nuestras almas destrozadas por el dolor, resucitando
una y otra vez, sin dejar de aferrarnos de la ingenuidad,
pues cada vez que intentaba acercarme, me asesinabas,
y cada vez que lo lograba, te asesinaba...
y sin embargo, seguimos vivos. Y muertos. Por infinito.
Ví tu corazón, tan ácido, tan amargo y dulce,
y yo me embelesaba de él, mientras sentía tus latidos...
y tus latidos eran música, y tu respiración era aire,
y yo bailaba y vivía embebido en tu ser, descubriendo secretos,
olvidándolos en ese dolor que también me compartías,
y recordándolos cuando entre mis manos te tenía...
Y despegué mis colmillos de tu antebrazo.
Aún estabas viva. Era, pues, perfecto.
Pues no es tu momento de morir, ni de vivir eternamente.
Deseo que vivas, mi preciosa víctima,
pues por tu vida es por lo que me estremezco...
hasta que me acompañes en este engalanado mundo de sombras,
o decidas engalanar tu propia partida.
Para N.
13 de marzo de 2011
Trescientas estacas
A veces quisiera morder firmemente tu cuello
A veces quisiera decir que es menos que deseo
Quisiera juntar tus lágrimas y hacerles sepelio
Tragarme tu orgullo y morir bajo tus venenos
Dejar de aspirar cada aroma que contiene tu encanto
Dejar de tocar tu locura con dedos lascivos
Dejar de clavarme en las manos momentos tan tiernos
Conjurar palabras de amor, sin creer en su magia
Dejar de sentir trescientas estacas hechas de tu mirada
Asesinarte a la luz de la luna, y dejarte humillada
Beber tu sangre y tu éxtasis, dejarte desamparada
Sentir el dolor, pero ya no el mío... sino el de tu alma
Dejar de versar en tu causa, fijar mi atención en la nada
Merecer tu corazón, y perderme en él en un instante
Arruinar el poema presente, navegando entre tu cabello
Deseando descubrir tu espíritu a través del susurro de tu voz
Cubrir cada gramo de tu piel con mi solemne perdición
Sentirte tan cerca, tan cerca como una muerte atroz
Ver partir tu cuerpo lejos, mientras tu corazón
me odia sólo un poco a la vez, como lo hago yo.
Imagen de Andreea Cernestean
6 de febrero de 2011
Amor eterno
¿Como es que el amor puede ser eterno, si por definicion es tan... efimero?
¿Como es que se puede guardar a alguien en mente y alma por el resto de la eternidad... si la misma eternidad es finita?
Me decia todas estas palabras al oído, mientras seguia bebiendo de mi cuello. Esa pregunta tan... pasional, tan carente de respuesta, una respuesta que buscaba en mis recuerdos, en el calor de mi sangre.
Intenté responder, desde mi alma, pero era tarde. Yo había muerto. Le había dado mi vida, y aunque ahora sonreía, todo había acabado para mi.
Ella abandonó mi cuerpo, tendido en el suelo, quiza donde pertenecía. Salió iluminada bajo la hermosa luna menguante. No pude ver su sonrisa, pero sí su cabello ondulante, acariciando mi último aliento, mientras ambos partimos hacia la libertad.
Para N.
14 de diciembre de 2010
Culto a la pelota
Salió de su madriguera. Le faltaba la pata central derecha, pues había entablado una pelea con otros congéneres. Aún así, pudo salir sin mucha dificultad, a cazar su alimento nocturno.
Una vez fuera, el grillo podía ver, a la altura del suelo, una cantidad impresionante de restos de comida: convenientemente había salido por uno de los muros de un restaurante de tacos. Un trozo de carne, otro de tortilla, otro de cebolla y su rondín de rutina harían de su corta vida una más de entre las almas orgullosas de morir comidos y paseados.
El canto de sus alas, no tan romántico como mágico, lo debería reservar para después, ya que era temporada de apareamiento y aún debia recuperar fuerzas. Sus mandíbulas apenas le permiten sostener un quinto de gramo de masa de maíz, y ya debe lidiar con la penosa necesidad de arrastrar su alimento.
Dos mesas más al frente, más allá de una servilleta donde algún comenzal tiró un trozo de carne a medio masticar, cuyas razones no atenderé en este cuento por respeto al lector, se encontraba un extraño objeto de hule.
Su naturaleza era completamente desconocida para él, excepto su tamaño, era al menos treinta veces más grande que él. Sin más, y deseoso de alejarse de sus bélicos compañeros, emprendió su viaje hacia el artefacto, una enorme odisea de ocho metros y medio, escondido entre un agrietado piso de loza quebrada por el peso de los comensales.
Las mesas y las sillas de plástico, propiedad de alguna refresquera patrocinadora de negocios pequeños, parecían enormes durante el trayecto. El simple hecho de escalar esas superficies gigantes parecía surreal y sin propósito. Pero eso no le ocupaba al grillo.
A tres metros del objeto, justo debajo de la cálida sombra generada por una mesa blanca, un mantel de plástico transparente y un foco incandescente de 60 watts, pudo percibir unas pisadas acolchonadas, muy suaves, pero perceptibles dado el silencio de esa noche de martes.
El grillo se detuvo, puso sus antenas en alerta y esperó. Esperó. Nada. La espera lo cansaba. El silencio reinaba de nuevo. Continuó su camino.
Y ahí estaba. Frente a él tenía un enorme objeto esférico de goma, de quince centímetros de diámetro. Era enorme. Era magistral. Un grillo resignado a peleas mundanas en su madriguera nunca tendría oportunidad en su vida de acercarse a semejante artículo digno de alabanza, tan lleno de colores, desprendiendo su clásico aroma a goma, a tierras lejanas donde ha rodado, a sustancias de toda clase,
a restos de alimentos de muchas generaciones, todas conglomeradas en semejante reliquia.
De nuevo se estacionó el grillo, esta vez absorto, sin poder cerrra su mandíbula, sin poder siquiera estirar sus alas, aunque sabía que no le servirían de mucho, pues por alguna extraña razón no tienen utilidad mas que de órganos sexuales.
Los pasos acolchonados volvieron al ambiente, al suelo, a vibrar de manera tan suave, tan uniforme, como la primera vez.
Esta vez, eran más espaciados, pero tambien más fuertes. Un extraño ente se acercaba.
Pero nuestro grillo no tenía tiempo de dedicarse a mirar el peligro que se le acercaba. Sólo quería llenarse de esos aromas, de esos colores, de esas vibraciones. Los coches en la calle retumbaban el pavimento y la pelota los absorbía de manera fantástica, como guardándolos para sí...
Entonces, la pelota recibió un golpe y salió rebotando entre las mesas. Un enorme gato gris había golpeado la pelota, accidentalmente, luego de haber engullido su bocado.
La boca de ese gato sabía a carne, a cebolla, a salsas roja y verde, a pepitas, a pure de tomate, a camarones deshidratados. Sabía a sueños destazados entre sus fauces. Sabía al primer culto conocido por un ser tan inferior. Sabía a taco al pastor con grillo.
Una vez fuera, el grillo podía ver, a la altura del suelo, una cantidad impresionante de restos de comida: convenientemente había salido por uno de los muros de un restaurante de tacos. Un trozo de carne, otro de tortilla, otro de cebolla y su rondín de rutina harían de su corta vida una más de entre las almas orgullosas de morir comidos y paseados.
El canto de sus alas, no tan romántico como mágico, lo debería reservar para después, ya que era temporada de apareamiento y aún debia recuperar fuerzas. Sus mandíbulas apenas le permiten sostener un quinto de gramo de masa de maíz, y ya debe lidiar con la penosa necesidad de arrastrar su alimento.
Dos mesas más al frente, más allá de una servilleta donde algún comenzal tiró un trozo de carne a medio masticar, cuyas razones no atenderé en este cuento por respeto al lector, se encontraba un extraño objeto de hule.
Su naturaleza era completamente desconocida para él, excepto su tamaño, era al menos treinta veces más grande que él. Sin más, y deseoso de alejarse de sus bélicos compañeros, emprendió su viaje hacia el artefacto, una enorme odisea de ocho metros y medio, escondido entre un agrietado piso de loza quebrada por el peso de los comensales.
Las mesas y las sillas de plástico, propiedad de alguna refresquera patrocinadora de negocios pequeños, parecían enormes durante el trayecto. El simple hecho de escalar esas superficies gigantes parecía surreal y sin propósito. Pero eso no le ocupaba al grillo.
A tres metros del objeto, justo debajo de la cálida sombra generada por una mesa blanca, un mantel de plástico transparente y un foco incandescente de 60 watts, pudo percibir unas pisadas acolchonadas, muy suaves, pero perceptibles dado el silencio de esa noche de martes.
El grillo se detuvo, puso sus antenas en alerta y esperó. Esperó. Nada. La espera lo cansaba. El silencio reinaba de nuevo. Continuó su camino.
Y ahí estaba. Frente a él tenía un enorme objeto esférico de goma, de quince centímetros de diámetro. Era enorme. Era magistral. Un grillo resignado a peleas mundanas en su madriguera nunca tendría oportunidad en su vida de acercarse a semejante artículo digno de alabanza, tan lleno de colores, desprendiendo su clásico aroma a goma, a tierras lejanas donde ha rodado, a sustancias de toda clase,
a restos de alimentos de muchas generaciones, todas conglomeradas en semejante reliquia.
De nuevo se estacionó el grillo, esta vez absorto, sin poder cerrra su mandíbula, sin poder siquiera estirar sus alas, aunque sabía que no le servirían de mucho, pues por alguna extraña razón no tienen utilidad mas que de órganos sexuales.
Los pasos acolchonados volvieron al ambiente, al suelo, a vibrar de manera tan suave, tan uniforme, como la primera vez.
Esta vez, eran más espaciados, pero tambien más fuertes. Un extraño ente se acercaba.
Pero nuestro grillo no tenía tiempo de dedicarse a mirar el peligro que se le acercaba. Sólo quería llenarse de esos aromas, de esos colores, de esas vibraciones. Los coches en la calle retumbaban el pavimento y la pelota los absorbía de manera fantástica, como guardándolos para sí...
Entonces, la pelota recibió un golpe y salió rebotando entre las mesas. Un enorme gato gris había golpeado la pelota, accidentalmente, luego de haber engullido su bocado.
La boca de ese gato sabía a carne, a cebolla, a salsas roja y verde, a pepitas, a pure de tomate, a camarones deshidratados. Sabía a sueños destazados entre sus fauces. Sabía al primer culto conocido por un ser tan inferior. Sabía a taco al pastor con grillo.
30 de septiembre de 2010
Un argumento ontológico nihilista cuyo nombre es más largo que el argumento mismo
Dios ha muerto.
Dios es una creación humana.
El ser humano es lo que proyecta.
Ergo, el hombre ha muerto.
Dios es una creación humana.
El ser humano es lo que proyecta.
Ergo, el hombre ha muerto.
17 de septiembre de 2010
Ego fames sum
Siempre había creído que el hambre, en particular, la que me consume, sólo se extingue una vez saciada.
He pasado la mitad de mi vida tratando de cumplir con tal empresa. porque nací con hambre, y es horrible tomar conciencia de ello. es horrible despertar cada maldita mañana, desayunar y seguir teniendo hambre, comer y seguir teniendo hambre, cenar y tener un enorme hueco en el estómago. Comida, amor, sexo, alcohol, drogas, metafísica, Muerte, en cierta medida. Lo he probado todo. Y el hambre sigue.
Apuesto a que has experimentado la sensación de mareo, de abstinencia de pensamiento, el deseo de echarte a descansar, cuando no has probado alimento en una considerable jornada. Y apuesto a que has experimentado también el alivio de comer después de haber padecido este terrible mal: tu estómago se tiene que volver a estructurar, tus intestinos se mueven para dar cabida al majestuoso alimento que está a punto de ser absorbido, que por muy simple que sea siempre será un manjar.
Lo sé, porque también lo he sentido. tan sólo en el cuerpo. Aunque hoy no la he necesitado.
Por primera vez en no se cuanto tiempo, el hambre se ha ido. El mundo me importa poco o nada. Quizá nunca sepa lo que se siente alimentar el espíritu adecuadamente, como lo muestran en las películas y en las series de televisión. Quizá nunca encuentre una muerte tan poética que me permita olvidarme incluso que existo, como lo he leído en ciertos libros de corte fantástico.
Pero, curiosamente, es el hambre lo que me mantiene vivo. Y hoy lo sé con certeza, despues de tanto indagar. Ya que no siento ese terrible mal arrastrándome a su centro de gravedad, puedo decir muy contento que puedo pegarme un tiro en la sien, con la certeza de no sentir absolutamente nada.
Por otro lado, y por primera vez en la vida, extraño esos demonios que me atormentan a diario. Extraño estar enfermo. Es mejor ser el vacío mismo que poseerlo. La cuestión es simple: vivir lisiado o morir entero.
It´s better to reign in hell than to serve in heaven.
He pasado la mitad de mi vida tratando de cumplir con tal empresa. porque nací con hambre, y es horrible tomar conciencia de ello. es horrible despertar cada maldita mañana, desayunar y seguir teniendo hambre, comer y seguir teniendo hambre, cenar y tener un enorme hueco en el estómago. Comida, amor, sexo, alcohol, drogas, metafísica, Muerte, en cierta medida. Lo he probado todo. Y el hambre sigue.
Apuesto a que has experimentado la sensación de mareo, de abstinencia de pensamiento, el deseo de echarte a descansar, cuando no has probado alimento en una considerable jornada. Y apuesto a que has experimentado también el alivio de comer después de haber padecido este terrible mal: tu estómago se tiene que volver a estructurar, tus intestinos se mueven para dar cabida al majestuoso alimento que está a punto de ser absorbido, que por muy simple que sea siempre será un manjar.
Lo sé, porque también lo he sentido. tan sólo en el cuerpo. Aunque hoy no la he necesitado.
Por primera vez en no se cuanto tiempo, el hambre se ha ido. El mundo me importa poco o nada. Quizá nunca sepa lo que se siente alimentar el espíritu adecuadamente, como lo muestran en las películas y en las series de televisión. Quizá nunca encuentre una muerte tan poética que me permita olvidarme incluso que existo, como lo he leído en ciertos libros de corte fantástico.
Pero, curiosamente, es el hambre lo que me mantiene vivo. Y hoy lo sé con certeza, despues de tanto indagar. Ya que no siento ese terrible mal arrastrándome a su centro de gravedad, puedo decir muy contento que puedo pegarme un tiro en la sien, con la certeza de no sentir absolutamente nada.
Por otro lado, y por primera vez en la vida, extraño esos demonios que me atormentan a diario. Extraño estar enfermo. Es mejor ser el vacío mismo que poseerlo. La cuestión es simple: vivir lisiado o morir entero.
It´s better to reign in hell than to serve in heaven.
9 de julio de 2010
Cuentos verdaderos
Arrúllame entre tus brazos. Acerca mi cabeza a tu pecho, lleno de amor, de ese amor volátil que tanto pregono y que tanta falta me hace. Arrúllame con el canto de tu corazón, donde la arritmia tan sólo es un sueño, donde la muerte y la desidia tan sólo las tengo yo. Cuentame, hermosa alma, de todas las veces que he intentado aniquilarte, con pericia, con soberbia determinación, y he fallado estrepitosamente. Cuéntame todas aquellas veces que me has perdonado por querer deshacerme de tí, mi única verdad, y me has castigado con el insomnio más dulce. Cuéntame que estoy muerto, que ahora te dedicas a sostener mi cadáver sobre tu pecho, cantandome una canción de cuna, mientras el suave sonido de tu voz perfora mis oídos y el diablo mismo recoge los jirones de mi alma, para alimentar con éstos a los herejes, a los traidores, a los mentirosos y lunáticos que tanto alabé. Cuentame, hermosa alma, cómo sujetaste firmemente esa escuadra entre tus manos, oh, tus preciosas manos de hiel y zarzamora, besaste mis labios en clara señal de desapruebo, y sin más, tiraste del gatillo, cuéntame cómo la bala entró por mi orbital izquierdo, y se alojó en mi hipotálamo, enamorándome locamente de tí, haciéndome contemplarte mientras preparabas el calabozo en el que me torturarías eternamente, en el que pagaría de la manera más extraña la traición que ejecuté contra el mundo: el hecho de existir...
6 de junio de 2010
Por la libertad
Entre nosotros hay un punto muerto,
absorto;
mi pistola apunta y dispara a tu pecho,
perfumado de cenizas de poemas lejanos,
pero no caes... pero no caes...
y cuando despierto
soy el nuevo huésped del agujero negro
del que tan solo fuiste
el señuelo perfecto...
absorto;
mi pistola apunta y dispara a tu pecho,
perfumado de cenizas de poemas lejanos,
pero no caes... pero no caes...
y cuando despierto
soy el nuevo huésped del agujero negro
del que tan solo fuiste
el señuelo perfecto...
10 de mayo de 2010
Mi andar no ha encontrado freno en este bosque insolente.
Hago marchas forzadas, mis pies descalzos, lastimados
incluso bajo la débil y crujiente hojarasca.
Me persiguen los alientos de la noche y de los pinos,
trazando mi camino como si fueran ley natural.
Sin embargo, sólo boy en busca de un aliento.
Las bestias noctámbulas hacen acto de presencia.
¿Como pueden estar presentes, si son incorpóreas?
Fantasmas tuyos me mutilan, me provocan horrores,
azotando sus brazos de nihilo contra mi rostro.
No siento tus bofetadas, sin embargo lloro
mientras hilos de sangre resbalan de mis labios.
He elegido dejar que corras, huyendo de mí.
Te he enseñado mi hoz de dolor, empero, inocua.
El ímpetu de la noche me hizo admirar tu partida,
con ojos de esperanza y hambre descarriada.
Y ahora que te encuentro, me doy cuenta
que quiero ser cazado, mientras te sigo cazando.
Las notas recias del viento atocigan mi mente,
pretenden frenar mi búsqueda exacta.
Hace tanto tiempo que conozco la fuerza de tus dientes,
la ternura de tus ojos, dadores de vida.
Estoy, pues, lleno de vida, y una vez que te encuentre
y me mates
me matarás dos veces.
4 de mayo de 2010
PRO SCIENTIA
Tomarte entre mis brazos.
Arrancarte el labio superior a mordidas, y chupar el inferior.
Extraer el aroma de por detras de tus orejas. Recorrerte entera.
Tomarte entre mis brazos y azotarte contra un muro. Proteger tu cabeza mientras lo hago.
Besarte como si fueras una prostituta de los años veinte en cantina mexicana, pero sin ofenderte ni agredirte.
Mirarte a los ojos y decir que te deseo sin decir que te deseo. El amor viene despues, es una consecue ncia.
Arrancarte la ropa. No lo notarás siquiera. Tan sólo sentirás mis dedos recorriendo lo que recorrerá mi boca después.
Tomar la botella de jarabe de chocolate que está en mi maleta, abrirla y vaciarla toda en tu espalda. Lo siento, debo limpiar todo. Lo haré con mi lengua. No quedará ni rastro.
Vaciar el resto en tu pecho, tus senos y quiza tu ombligo. De nuevo, limpiar todo con meticulosidad.
Navegar entre la selva de tu vello púbico. Pronto me adentraré en esa selva.
Cargarte de nuevo contra el muro, y explorar tus piernas. No se, hay algo que no me cuadra. Debo encontrarlo. Tengo todo el tiempo del mundo para buscar ahi y en el resto de tu cuerpo.
Morder tus glúteos, despacio. No quiero maltratarlos, tan sólo debo probar que todo esté en orden. No me gustaría encontrar un defecto del cual me sienta realmente culpable o insatisfecho. Porque sí, los defectos bien logrados conllevan satisfacción ante los ojos del amante.
Moverme entre tus labios, en tu monte de Venus, con mis labios, con mi lengua, con mis manos. Esta área es muy peligrosa. Debo examinarla con especial cuidado. Debo recopilar información sobre cada contracción, cada suspiro y cada espasmo que salga de tu ser. No puedo dejar de tomar notas mentales sobre la manera en que reaccionas ante mis dedo húmedos entre mi saliva y mojados por tus propios fluídos. Podría pasarme toda una eternidad ahí. Pero no puedo. Hay mucho que hacer.
Recostarte sobre una mesa. Lo sé, puede ser incómodo, pero compensaré eso.
Penetrarte despacio. Mirarte a los ojos mientras lo hago. Intentas sonreir, pero no puedes. No tienes ganas de sonreír. Tan sólo quieres entrecerrar los ojos. Lo entiendo. Las endorfinas de tu cuerpo ya han saturado tu sistema.
Cabalgarte a ritmos cambiantes. Tengo que volver a examinar tu cuerpo con mis manos mientras lo hago. Quizá algo ha cambiado desde la última vez que lo hice.
Darle media vuelta a tu cuerpo.
Darme cuenta que esto ha ido demasiado mecánico. Las mujeres suelen ser muy fáciles.
Regresar a mi maleta sin dejar de cabalgar, y tomar el tenedor. Clavarlo entre tus costillas. Una, dos, tres, cuatro puñaladas. Preguntarme cuanto podría tardar un médico en cortar esos tres tramos de intestino que te acabo de dañar. Sostenerte fuerte, para que no escapes. Correrme dentro de tí., mientras te doy otra media vuelta.
Contemplar cómo tu respiración se apaga. Correrme de nuevo. Mirarte a los ojos. Se te cortó, lo siento. Pero sólo así me darías tu verdadero rostro. Acercarme a tu rostro y lamer tus lágrimas. Sabn especialmente delicioso.
No lo tomes a mal, no soy un misógino ni mucho menos. Todo es en pro de la ciencia.
Deshacerme de tu cadáver y anotar todo meticulosamente en mi cuaderno de notas. Elaborar los reportes pertinentes y entregarlos a mi organización, incomprendida por la sociedad actual. Llevarte en mi corazón por el resto de mi vida, hasta que tu demonio me atormente. Creo que se llama culpa, o algo así.
Arrancarte el labio superior a mordidas, y chupar el inferior.
Extraer el aroma de por detras de tus orejas. Recorrerte entera.
Tomarte entre mis brazos y azotarte contra un muro. Proteger tu cabeza mientras lo hago.
Besarte como si fueras una prostituta de los años veinte en cantina mexicana, pero sin ofenderte ni agredirte.
Mirarte a los ojos y decir que te deseo sin decir que te deseo. El amor viene despues, es una consecue ncia.
Arrancarte la ropa. No lo notarás siquiera. Tan sólo sentirás mis dedos recorriendo lo que recorrerá mi boca después.
Tomar la botella de jarabe de chocolate que está en mi maleta, abrirla y vaciarla toda en tu espalda. Lo siento, debo limpiar todo. Lo haré con mi lengua. No quedará ni rastro.
Vaciar el resto en tu pecho, tus senos y quiza tu ombligo. De nuevo, limpiar todo con meticulosidad.
Navegar entre la selva de tu vello púbico. Pronto me adentraré en esa selva.
Cargarte de nuevo contra el muro, y explorar tus piernas. No se, hay algo que no me cuadra. Debo encontrarlo. Tengo todo el tiempo del mundo para buscar ahi y en el resto de tu cuerpo.
Morder tus glúteos, despacio. No quiero maltratarlos, tan sólo debo probar que todo esté en orden. No me gustaría encontrar un defecto del cual me sienta realmente culpable o insatisfecho. Porque sí, los defectos bien logrados conllevan satisfacción ante los ojos del amante.
Moverme entre tus labios, en tu monte de Venus, con mis labios, con mi lengua, con mis manos. Esta área es muy peligrosa. Debo examinarla con especial cuidado. Debo recopilar información sobre cada contracción, cada suspiro y cada espasmo que salga de tu ser. No puedo dejar de tomar notas mentales sobre la manera en que reaccionas ante mis dedo húmedos entre mi saliva y mojados por tus propios fluídos. Podría pasarme toda una eternidad ahí. Pero no puedo. Hay mucho que hacer.
Recostarte sobre una mesa. Lo sé, puede ser incómodo, pero compensaré eso.
Penetrarte despacio. Mirarte a los ojos mientras lo hago. Intentas sonreir, pero no puedes. No tienes ganas de sonreír. Tan sólo quieres entrecerrar los ojos. Lo entiendo. Las endorfinas de tu cuerpo ya han saturado tu sistema.
Cabalgarte a ritmos cambiantes. Tengo que volver a examinar tu cuerpo con mis manos mientras lo hago. Quizá algo ha cambiado desde la última vez que lo hice.
Darle media vuelta a tu cuerpo.
Darme cuenta que esto ha ido demasiado mecánico. Las mujeres suelen ser muy fáciles.
Regresar a mi maleta sin dejar de cabalgar, y tomar el tenedor. Clavarlo entre tus costillas. Una, dos, tres, cuatro puñaladas. Preguntarme cuanto podría tardar un médico en cortar esos tres tramos de intestino que te acabo de dañar. Sostenerte fuerte, para que no escapes. Correrme dentro de tí., mientras te doy otra media vuelta.
Contemplar cómo tu respiración se apaga. Correrme de nuevo. Mirarte a los ojos. Se te cortó, lo siento. Pero sólo así me darías tu verdadero rostro. Acercarme a tu rostro y lamer tus lágrimas. Sabn especialmente delicioso.
No lo tomes a mal, no soy un misógino ni mucho menos. Todo es en pro de la ciencia.
Deshacerme de tu cadáver y anotar todo meticulosamente en mi cuaderno de notas. Elaborar los reportes pertinentes y entregarlos a mi organización, incomprendida por la sociedad actual. Llevarte en mi corazón por el resto de mi vida, hasta que tu demonio me atormente. Creo que se llama culpa, o algo así.
2 de mayo de 2010
Me rasqué las uñas y salieron libélulas
No es la primera vez que el conejo plateado brinca sobre mi cabeza. Me molesta en gran medida su enorme cola, pues el condenado conejo me acecha por la espalda cuando estoy en la cocina, y usando mi cabellera de trampolín salta hacia la alacena, toma una galleta con chispas y se larga, sin dar gracias siquiera. Pero es muy amable, después de todo, el otro día llevaba un helado de pasas con camarones entre sus orejas. Notó mi interés, y me convidó un poco. Era crujiente, las cáscaras de los camarones estaban frescas y pululantes de jugo. Era tan brillante que mi dentadura rechinó y mis ojos brincaron de sus órbitas cuando terminé de degustarlo. Tomé un tenedor, clavé mis globos oculares con él y pude reinsertarlos en su lugar. Luego, con los residuos grasos que quedaron entre los trinches, le hice un taco de tuétano a mi amigo el conejo. Se lo comió con un tallo de apio y se fue.
Es muy extraño, pareciera que supiera que las galletas no son mías. Mañana comeré algunas con riñones de cordero del Amazonas. Es una especie muy exótica, con sabor muy dulce. Espero que el conejo se aparezca con el aroma, debo preguntarle sobre la catsup que usan para los hot-dogs de New York.
Es muy extraño, pareciera que supiera que las galletas no son mías. Mañana comeré algunas con riñones de cordero del Amazonas. Es una especie muy exótica, con sabor muy dulce. Espero que el conejo se aparezca con el aroma, debo preguntarle sobre la catsup que usan para los hot-dogs de New York.
5 de marzo de 2010
Angel del mal
Soy el hombre solitario,
que cabalga persiguiendo el sol,
esperando no encontrarlo aún...
el que permanece cerca de la luz,
tan sólo para hacerse su amiga,
tan sólo para no ser atacado
por su poderoso brazo de verdad.
Soy el que en mentiras se esconde,
pues sólo la blasfemia es pura,
enemiga constante que da la cara,
arponera que arremete y sesga,
tengo poder y alimento
en los brazos de la mentira.
Soy el guerrero de trescientos años,
gastado en mediocres batallas,
esperando aquella guerra suprema
donde sin miedo entregará el alma.
Soy el arquero que caza sueños,
y como un malvado, heridos los libera.
Soy el ocaso del mundo perverso,
pues mi reino es de maldad y deseo,
la compasión será castigada
con la furia de mil ballestas.
Terminaré con el asco a lo impuro
difuminándolo en todas mis tierras.
Soy el cocinero de los muertos,
adorador del sabor de las guerras.
Las almas que aún claman dolor
dan gran sabor a memorias y penas,
un poco de fuego, y expugnar pecados
harán de mi Señora la sonrisa más tierna...
que cabalga persiguiendo el sol,
esperando no encontrarlo aún...
el que permanece cerca de la luz,
tan sólo para hacerse su amiga,
tan sólo para no ser atacado
por su poderoso brazo de verdad.
Soy el que en mentiras se esconde,
pues sólo la blasfemia es pura,
enemiga constante que da la cara,
arponera que arremete y sesga,
tengo poder y alimento
en los brazos de la mentira.
Soy el guerrero de trescientos años,
gastado en mediocres batallas,
esperando aquella guerra suprema
donde sin miedo entregará el alma.
Soy el arquero que caza sueños,
y como un malvado, heridos los libera.
Soy el ocaso del mundo perverso,
pues mi reino es de maldad y deseo,
la compasión será castigada
con la furia de mil ballestas.
Terminaré con el asco a lo impuro
difuminándolo en todas mis tierras.
Soy el cocinero de los muertos,
adorador del sabor de las guerras.
Las almas que aún claman dolor
dan gran sabor a memorias y penas,
un poco de fuego, y expugnar pecados
harán de mi Señora la sonrisa más tierna...
19 de febrero de 2010
Sentimientos vs Hedonismo
Buenas lunas, buen lector. Te invito a leer esta reflexión que surge no del desamor, sino de las extrañas oleadas de éste que he experimentado. No pretendo aburrirte, así que seré tan breve como mi idea lo permita.

Primero que nada, no olvidemos que somos animales desde el punto de vista biológico. La biología, como ciencia, permite un estudio y un análisis sólido y difícil de quebrantar. Ahora, ¿que nos diferencía de ellos, como humanos, además de las capacidades mentales? Es muy fácil. Nuestra "mente superior" nos da la posibilidad de guardar en nuestra memoria no sólo experiencias, sino sensaciones. Por lo mismo, nuestra necesidad de sensaciones es completamente distinta al resto de los animales. Así como nos podemos conformar con uno de estos recuerdos, también podemos sentir deseos de reafirmarlos para refrescarlos, avivarlos. En el caso del placer, por ejemplo, éste es el origen del amor.
Mucho se ha hablado a lo largo de los años del placer y del dolor como dos sensaciones contrarias, mutantes y quebrantadoras de las emociones humanas. el origen de esta idea se puede deber a que, retomando el ámbito biológico, todo ser vivo y cognosciente tiene capacidades naturales para ambas emociones. Son, desde un punto de vista práctico y razonado, las emociones ideales, intrínsecas, inmutables y totalmente renovables en la vida de todo individuo, incluso si éste no es consciente de su existencia y de su ser. Temporalmente son unitarias, multiplicativas y acumulativas. Pueden extinguirse, pero también ser recuperadas en las condiciones adecuadas.
Esta característica, la acumulativa, es precisamente el origen del amor y el deseo, en el caso del placer, y de la pesadez y el desespero, en el caso del dolor (nótese que se citaron a Deseo y Desespero, dos de los Eternos de esa famosa historia de Neil Gaiman). Es muy simple: la memoria acumulativa sobre estas emociones fundamentales producen sobrecarga en la mente del afectado, alterando por supuesto su capacidad intelectual y de discernimiento de sus acciones, tanto por el dolor como por el placer.

Por tanto, invito a todos los sobrecargados de estas emociones a que se liberen de tremenda pesadez, y confíen plenamente en la búsqueda de las emociones fundamentales (que muchos de ustedes seguramente conocen como Hedonismo). No olviden que todo exceso es dañino. Los invito a que no busquen la felicidad, sino que la dejen ir de vez en cuando, pues no podrán apreciarla si no sienten desdicha. Los invito a que dejen su depresión a un lado, salgan y tomen algo de aire fresco, pues no podrán degustar del amargo y adictivo dolor si no descansan un poco de él. El sexo será libre, los crímenes pasionales serán cosa del pasado, las envidias serán todas saciadas sin consecuencias, y toda lágrima e hilo de sangre derramado brotará sólo si es por consenso.

Primero que nada, no olvidemos que somos animales desde el punto de vista biológico. La biología, como ciencia, permite un estudio y un análisis sólido y difícil de quebrantar. Ahora, ¿que nos diferencía de ellos, como humanos, además de las capacidades mentales? Es muy fácil. Nuestra "mente superior" nos da la posibilidad de guardar en nuestra memoria no sólo experiencias, sino sensaciones. Por lo mismo, nuestra necesidad de sensaciones es completamente distinta al resto de los animales. Así como nos podemos conformar con uno de estos recuerdos, también podemos sentir deseos de reafirmarlos para refrescarlos, avivarlos. En el caso del placer, por ejemplo, éste es el origen del amor.
Mucho se ha hablado a lo largo de los años del placer y del dolor como dos sensaciones contrarias, mutantes y quebrantadoras de las emociones humanas. el origen de esta idea se puede deber a que, retomando el ámbito biológico, todo ser vivo y cognosciente tiene capacidades naturales para ambas emociones. Son, desde un punto de vista práctico y razonado, las emociones ideales, intrínsecas, inmutables y totalmente renovables en la vida de todo individuo, incluso si éste no es consciente de su existencia y de su ser. Temporalmente son unitarias, multiplicativas y acumulativas. Pueden extinguirse, pero también ser recuperadas en las condiciones adecuadas.
Esta característica, la acumulativa, es precisamente el origen del amor y el deseo, en el caso del placer, y de la pesadez y el desespero, en el caso del dolor (nótese que se citaron a Deseo y Desespero, dos de los Eternos de esa famosa historia de Neil Gaiman). Es muy simple: la memoria acumulativa sobre estas emociones fundamentales producen sobrecarga en la mente del afectado, alterando por supuesto su capacidad intelectual y de discernimiento de sus acciones, tanto por el dolor como por el placer.

Por tanto, invito a todos los sobrecargados de estas emociones a que se liberen de tremenda pesadez, y confíen plenamente en la búsqueda de las emociones fundamentales (que muchos de ustedes seguramente conocen como Hedonismo). No olviden que todo exceso es dañino. Los invito a que no busquen la felicidad, sino que la dejen ir de vez en cuando, pues no podrán apreciarla si no sienten desdicha. Los invito a que dejen su depresión a un lado, salgan y tomen algo de aire fresco, pues no podrán degustar del amargo y adictivo dolor si no descansan un poco de él. El sexo será libre, los crímenes pasionales serán cosa del pasado, las envidias serán todas saciadas sin consecuencias, y toda lágrima e hilo de sangre derramado brotará sólo si es por consenso.
La imagen vino de aquí
26 de noviembre de 2009
Veritas veritatis
Hay poesías que subliman el sufrir,
que hacen que el dolor propio atraviese corazones,
poesías que laudan las almas perdidas,
aquellas que parten en sufrimiento,
aquellas que yacen inocentes en el laberinto real,
que propician el clima idóneo
de una historia de terror para niños y crédulos.
Hay poesías que alaban a los dioses,
tan sólo declamables en glorias y cánticos,
incuestionables palabras terricolas
que descienden desde los reinos de los cielos,
depositando esperanza y fe
en las almas de los débiles de mente.
Hay poesías que rayan en lo divino,
poesias que riman como los fractales,
otras tantas que aluden la belleza al punto de recrearla,
y otras que encarnan el deseo,
el jugo preciado de los bebedores de vida,
el veneno perfecto para los agonizantes románticos.
Hay discursos que ofrecen justicia y valor
al desposeido, al necesitado, al falto de fe,
discursos poeticos que elevan la moral
al grado de darle calidez a una patria falsa,
a un ideal falso.
Pero yo conozco la verdadera poesía,
aquella que no se lleva en el corazón,
pues tiene corazón propio.
Aquella que no causa ni exhala dolor,
pues el dolor mismo es su carne misma,
aquella que no pierde como el laberinto del minotauro,
pues es la mas brutal y cruel de las carceles,
la que no asusta al mas incredulo de los hombres,
pues es ardor puro y no lo necesita.
La que no se dedica a alabar a un dios falso,
pues su sola fragancia es digna de alabanza.
La que no es rima, ni simetría, ni cordura,
es entropía, es caos, un mar de salvajes formas.
La que no encarna la belleza, cosa insulsa,
pues llamarle Belleza es menospreciar su ser,
pues llamarle Deseo es desdeñar su culto.
La que me es tan prohibida, tan oculta,
que en letras no puede manchar al mundo.
Pero yo conozco la poesía prohibida,
que tiene cuerpo y aliento de mujer.
Θέλω να πεθάνω στα χείλη σας. Αλλά ξέρετε ήδη.
15 de noviembre de 2009
delirio
ese maldito caballo... ya me cansaron sus ojos verdes relampagueantes... tomaré mi arcabuz y le dispararé zapatos... sí... zapatos... patearé su trasero con el poder de mi arcabuz... y quiza su sangre salpique... y pinte mis ropas tornasol, y asi ya no brillaran con esas pinches luces que salen de quien sabe donde... puede ser que hasta pueda ver de donde salen... las buscare, las cazare como los ratones huesudos y sonrientes y panzones que son... huele a su caca... caca de colores... las moradas comen carne, y las azules verduras... huele mas las de verduras... ya no hay carne para comer por aqui, por eso abunda la mierda azul... creo que comere un poco... la... mierda de raton de hueso azul sabe a chocolate, y la verde sabe a fresa... como los pollitos... los pollos de fresa me hacen rechinar los dientes... como los girasoles... me hacen rechinar los dientes y no es divertido porque es feo y porque las semillas parecen monjas y las hojas parecen voladores de papantla y parece que nunca me miran a la cara... nunca me habia dado cuenta que miran al sol... el caballo... el sol... que le ven esos pendejos girasoles al sol... lo unico que hace el cabron es mear sus lucecitas y manchar mi ropa de colores... huelo a caliente... huelo a sol... y esos ojos verdes relampagueantes... ahi esta el caballo... mi escopeta... donde esta... voy a arrancarme un diente y arrojarselo a ver si le doy al cuello y se desmaya y se cae y se desgarra el rostro cuando toque tierra y haga un dibujo bonito de arcoiris o una anj o una suastica o una carita feliz... lo que sea que deje de bueno el caballo en esta tierra infertil donde no salen mas que gatos que cogen y cogen todo el dia con los espantapajaros...
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