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10 de diciembre de 2011

Immigrant song



Necesito una tormenta azul, brumosa, terrible,
una fría noche de diciembre
que calle lo que mi boca grita cada vez que te suspiro.
Mis sábanas me enroscan, me sofocan,
mis brazos me envuelven en sueños, queriendo ser tú,
ignoro si desean mi terminación,
o solo elevan mi exhaltación... sueño húmedo embebido
en lágrimas cantantes...
mis monitores hacen sonar algun track de la escuela Reznor,
el ambiente es subjetivo, idílico, enamoradizo,
mis labios te buscan tras cada bocanada de aire,
mis ojos te buscan en cada espejo, esperando encontrarte
a mis espaldas, con tus hermosas manos
esperando el momento oportuno... para clavarse en mi carne
y despertar esas cantidades industriales de hedonismo.
Necesito un oscuro rincón de tierra virgen
donde las opiniones incorrectas son verdades irrefutables,
donde tu figura perfecta sea mi fuente de sonrisas,
y tus palabras tiernas sangren mi pecho,
y podremos beber del cáliz eterno,
que para unos sabe a amor, para otros, a destierro,
pero siempre mostrándonos escenas del multiverso,
aquellas donde el mal es, incluso, un bonito sueño.
Necesito un rincón donde sentir alucinaciones,
pues el iris de tus ojos me persigue como tales,
y sólo en el silencio se disfrutan tanto los males,
aunque no seas uno de ellos...
pero como a ellos he de gozarte.


12 de julio de 2011

Helado de guanábana

Ha salido de la paletería con un helado de... sí, es correcto, ávido lector. Las deliciosas semillas negras entremezcladas entre la cristalizada solución verde hacían magia en sus papilas gustativas... a la vez que la suave luz grisácea del ambiente húmedo y lluvioso de la calle hacía maravillas en las pupilas de sus ojos café silencioso...

Se atrevió a quitarse el gorro del jersey para sentir la lluvia en su cabello, mientras ésta también se mezclaba con su helado, suavizando su dulzura. Las calles solitarias invitaban a nuestra joven protagonista de cabellos dorados a cantar, a bailar, como en un cuento de hadas. Después de todo, ¿que no iba perfecto ese magistral sábado por la tarde? Nada podía mejorar ese delicioso momento.

Bajó la calle, pues, cantando Bad Reputation, y en lugar de entrar a su pórtico, se dirigió directo al sótano, por la entrada trasera. Cuidó que la vecina no anduviera jugando con los perros o regando los claveles, y abrió sigilosamente el candado. Era hora de divertirse un poco. Entró bajando las escaleras de madera, un paso a la vez.

No quería despertar a los huéspedes...

Se quitó el jersey. Debo admitir que, como relator de este cuento, sé que la silueta de la chica era desesperadamente seductora. A un adolescente le habría encantado observar sus senos. Yo me quedo con lo que vi, con su espalda, tan bien torneada, tan blanca de inicio a fin... tan lisa, y práctica, para lavar rápidamente los accidentes de sus juegos.

Tomó el matamoscas y azotó a los dos huéspedes en la mejilla, literalmente. Ellos, sudando, nerviosos, despertaron abruptamente de su sueño, intentando vociferar a través de sus bozales, intentando liberarse de las cadenas que los ataban a sus cruces de San Andrés.

Tomó lo que quedaba de su helado, aún la mitad, y lo dividió en dos. Los hizo unas jugosas bolitas de hielo saborizado, los puso en sus manos, y las restregó en los pechos de los dos tipos, que estaban uno al lado del otro. El ambiente de cloaca en el que se mantenían presos se endulzaba groseramente con el aroma de la guanábana. Ella, excitada, por turnos, frotaba su cuerpo contra el pegajoso cuerpo de los sujetos, aumentando el deseo. Ellos, aunque aterrorizados, acrecentaban su erección tímidamente. Pues ella era deliciosa, y el sadismo en una mujer es atractivo, por muy mortífero que sea. Siempre lo es. Ley de vida, creo que se dice así.

Cuando ella ya estaba suficientemente excitada, cerró la puerta trasera del sótano por dentro, y abrió la que da a la casa. Fue a la cocina, y de regreso traía una bolsa con picahielos, azadones para salchicha, y cuchillos de distintos tamaños, además de una cajita de condones, y bolsas de basura, trapos limpios, una cinta adhesiva para reparar plomería y unos limones ya cortados.

Luego desperté de mi sueño. No recuerdo el resto, pero estoy seguro que esa mirada, tan sedienta y tan firme, denotaban pasiones febrilmente prohibidas por la sociedad. Invito al lector que imagine cómo terminó la historia de la chica del helado de guanábana.

26 de junio de 2011

Una enferma canción de amor



Bailo a tu ritmo, cadaver en decadencia, 
miro ansioso la pornografía de tu demencia, 
huelo pervertidamente el azufre pestilente
cuando tus pupilas necrosas atraen mi ser... 
Pero no estás muerta, sólo lo pretendes,
aunque tu horrible magia sea tan eficiente
y tus intenciones laceren mi inconsciente
eres hueso, carne, y fuente de placer...

Padezco de insomnio,
cobijado en este velo 
aterciopelado...
es un sueño hermoso
cada vez que mueres 
entre mis brazos.

Contagiandome de la mentira de tu cuerpo,
deseo más fuerte que whiskey de aniversario,
alucinaciones vivas, te violo y me violas
mientras en mi oído susurras miel...
Probablemente perezcamos muy juntos, 
tu por despreciable y yo por mártir fiel,
en el infierno seremos adorados, 
no hay mejor pecado que el nacido del placer!


Padezco de insomnio,
cobijado en este velo 
aterciopelado...
es un sueño hermoso
cada vez que mueres 
entre mis brazos...


En la imagen: Mila Kunis, en una escena de Black Swan

29 de mayo de 2011

Una de tantos poemas inspirados en una imagen fantástica..


Poesia, tatuado tiene tu cuello

Poesia para que me alimente de ella, y la recite

Como si tuviera que devolversela al mundo

Poesia para ser ultrajada en un cafe parisino a media noche, antes de que los amantes hagan lo suyo bajo el velo nocturno

Poesia para ser honrada directamente bajo la luz de la luna, o bajo la luz de tus ojos, igual de hermosos
cada letra exprimiendo mi ser, cada letra a su manera

Mi sangre bailando al ritmo de tu corazon, como si fuera tu musculo quien tira y bombea de ella,

La humedad de mis labios pidiendo un poco de ese sabor tan tuyo, antes que el viento se lo lleve para siempre

Poesia brincando en tus vertebras todas, invitandome a perseguirlas, como si fuera un minino, como si fuera una feroz bestia buscando la manera de salir de su encierro, tan humano, tan atroz...

Y justo cuando tu boca empieza a proferir palabras, a revelarme ese odio febril que me profieres... la poesía desaparece de tu nuca,

Para impactar mis oídos, con hermosura, y con desdén.


Para N.L.

26 de mayo de 2011

Necrante

¿Que hace el? ¿Que hace ella?
Amándose en carne más allá del bosque maldito,
odiando sus almas más allá del infierno de azufre y whiskey.
La luna los mira con envidia.
El demonio hace jirones y cenizas sus cabellos blancos...

Luna y Demonio envidian al hombre y la mujer.
Piden permiso al aire para amar,
y piden perdon a su dios para yacer juntos.
Luna y Demonio no tienen amantes,
y se miran a los ojos... Ella quema con su luz
la piel del capricornio. El gime de placer
ante semejante muestra de poder...

Luna y Demonio crean, de la pasión de la venganza
y de la unión de fuerzas eléctricas,
una criatura, que se encargaría de hacer infelices
al hombre y a la mujer...
una hermosa criatura
con fuego en los ojos y hielo en la piel.

Necrante creció, alimentado
de la ira de sus padres y la comida de sus enemigos.
Creció cultivado en la magia de la Luna
y la astucia del Demonio...
pero tambien, en la sensibilidad de los hombres.

¿Que hace el? ¿Que hace ella?
Preguntose cuando los miró,
frotando sus pieles y lanzando cánticos de calor,
preguntose cuando se acercó,
percibiendo el aroma del caos
y de algo que los hombres llaman amor.

Necrante se acercó, y embrujó a los dos amantes.
Tomó al hombre, lo hizo suyo encima de la hojarasca.
Tomó a la mujer, y la hizo suya, escondidos de la luz nocturna.
Miró sus ojos, estáticos, intentando sentir
eso que sentían los hombres
cuando se... amaban.
Pero ellos se pertenecían, al menos mientras
el clima cediera y sus aromas los atontaran.
Él sentía esa energía, pero no podia asimilarla.
Pues no era capaz de sentir como los hombres.
Solo recelo, desespero, odio y tentación.

(Tan lejos de sus padres, oh, criatura sin igual...
Pero sólo de hombres malos te podrás alimentar )

Bebió de sus fluídos, de su sangre, de su vida,
los dejo tirados en su recinto, ambos cuerpos
compartiendo el calor que les quedaba,
cantando cánticos de calor mientras aún respiraban.

Necrante, criatura negra y sucia,
no limpiarás jamás tu alma
con la purga de almas puras...
busca ese tesoro
al cual los hombres llaman amor
entre la podredumbre humana,
busca entre los violadores, asesinos,
traidores y estafadores,
busca entre aquellos que mienten,
los que desean y corrompen
más allá de la voluntad ajena,
pues entre los amantes verdaderos
jamás hallarás ese tesoro que buscas
en cantidad suficiente
para hacerte morir en paz...


Beso a beso, caricia a caricia
fuiste deslizandote entre la piel
de la dama, y llegando hasta
su ombligo, paso a paso lentamente
en una pausa instantánea, miraste
sus ojos, al darte cuenta de lo
que veían, continuaste tu recorrido
aún mas abajo y al llegar a tu
objetivo bebiste de tan pura
y mágica bebida, una y otra 
vez, sin quererte detener, 
bebiendo y solo bebiendo,
mientras tus manos seguian
acariciando la piel de aquella
dama, con suaves besos entre
sus piernas tus labios
pronunciaban las palabras,
y pasando mas arriba de su ombligo
las palabras que pronunciaban tus labios
ahora eran te quiero,
terminaban en un te amo
en el oido de ella...

Escrito por N.L.

20 de abril de 2011

Súplicas a mi Amante



Llevo dias vagando en este desierto de luz, 
en busca de tus preciosos ojos marchitos,
pues de tus sombras me siento tan ausente...
pues de tus uñas deseo sentir el filo...

Necesito sentir tu caricia en mi mejilla,
absorbiendo la última gota de mi vida, 
Necesito sentir el aroma de tu sexo
reclamando degustar de mi semilla,
antes que tu hoz tome mi cuello
y como mantis inmole mi sonrisa...

Mi amada Muerte, te siento tan lejos...
para tí, este intento de poesía.

Imagen de Togusa

13 de marzo de 2011

Trescientas estacas



A veces quisiera morder firmemente tu cuello

A veces quisiera decir que es menos que deseo

Quisiera juntar tus lágrimas y hacerles sepelio

Tragarme tu orgullo y morir bajo tus venenos

Dejar de aspirar cada aroma que contiene tu encanto

Dejar de tocar tu locura con dedos lascivos

Dejar de clavarme en las manos momentos tan tiernos

Conjurar palabras de amor, sin creer en su magia

Dejar de sentir trescientas estacas hechas de tu mirada

Asesinarte a la luz de la luna, y dejarte humillada

Beber tu sangre y tu éxtasis, dejarte desamparada

Sentir el dolor, pero ya no el mío... sino el de tu alma

Dejar de versar en tu causa, fijar mi atención en la nada

Merecer tu corazón, y perderme en él en un instante

Arruinar el poema presente, navegando entre tu cabello

Deseando descubrir tu espíritu a través del susurro de tu voz

Cubrir cada gramo de tu piel con mi solemne perdición

Sentirte tan cerca, tan cerca como una muerte atroz

Ver partir tu cuerpo lejos, mientras tu corazón

me odia sólo un poco a la vez, como lo hago yo.


Succubus

Caminaba como suelen hacer los personajes de sketches de terror. Una noche fría, con niebla muy húmeda,  donde no cabe la música de fondo de thriller, ni los sonidos de cantina de media noche. Quizá solo el susurro del helado viento que se colaba entre sus cabellos rojizos, tan gruesos al tacto, pero tan finos a la vista. Un cabello saludable que denotaba un cuerpo saludable. Era, pues, una soñadora nocturna, paseando entre las calles buscando emociones, como si fuera prostituta recién iniciada, pero sin serlo.
Acababa de salir de una discoteca, ataviada con un abrigo de cuero negro que brillaba deliciosamente bajo la luz de las luminarias y las mamparas de las calles, repletas de publicidad que anunciaba servicios publicitarios. Además, esa era una noche dedicada a sí misma, la noche, a cultivarse, a divertirse entre sus galas, apenas decoradas de estrellas y jirones de reflejos de arquitecturas coloniales, que poblaban la ciudad. La redundancia cobrava vida junto con los pensamientos de nuestra protagonista, que pensaba en ganar dinero para divertirse para ganar dinero para divertirse para ganar dinero... y así consecutivamente.
Detrás de la discoteca había un pequeño corredor, donde se encontraban las salidas alternativas del lugar. Un lugar oscuro, ideal para hacer el amor en tres minutos, empezar a romperse con ácido o hacer negocios turbios. Más al fondo, sin embargo, se encontraba un tipo que se notaba que no frecuentaba la vida nocturna. Vestía de viernes ejecutivo, y aunque muy arreglado y decente, en su rostro sudoroso había evidencia de exceso de escoceses y humo de cigarro. Tenía toda la finta de que estaba esperando alguien o algo, o que lo habían dejado plantado. Al final, es la misma angustia, igual de presente.
Nuestra pelirroja se acercó hacia él, cruzando un guardia orinando una botella de ron, una chica hasta arriba de coca, sentada sobre el suelo, temblando, cerrando sus ojos como niña regañada a punto de explotar, un trío gay que no aguantaba las ganas o la cartera para entrar el menage, un sujeto con traje, gorra, gafas oscuras y un portafolios de marca, y finalmente, el ejecutivo.
- Te hacía dentro, bailando con mis amigas - decía la pelirroja, convencida ella misma de que no mentía.
- ¿Te conozco? - Preguntó el sujeto de cabello negro y lacio, mientras una marcada y venosa mano se restregaba la cara para quitarse una ligera capa de sudor de la frente y de la nariz. Estaba tenso, y era necesario hacerle relajar para que se levantara
- Que modales... si no me recuerdas esta bien, solo queria pasar el rato con alguien no tan desconocido. - Dio media vuelta y se disponía a irse.
- ¡Espera! - dijo, parándose tan inesperadamente - No te vayas, es que en verdad no te recuerdo de ningun lado.
- ¿De verdad? Volteó de nuevo la pelirroja, esta vez más seductoramente, tanto en su voz como en sus movimientos. Continuó - ¿Sabes lo que es la petite-morte? - Leyó, al fin, en su mente, mientras el trataba de buscar en su memoria a esa chica, que jamás iba a encontrar. Su nombre era Carlos. - La petite morte, chicuelo, es la muerte más divertida de todas. - Se le acercó, mientras recreaba en sus sueños una brutal y deliciosa escena de sexo casual que ella misma había tenido hacía un par de días. La idea era, pues, hacerle a él imaginar esa escena, para que opusiera la menor resistencia.
El sujeto inmediatamente tuvo la erección de su vida. Ella se le acercó, y mientras sus labios atendían al cuello del extraño, sus manos atendían la entrepierna, con caricias, bajando el zipper del pantalón, y haciendo lo propio con su minifalda de cuero negra, apenas disimulada por sus botas.
Cuando Carlos cerró los ojos, la chica supo que era el momento ideal. Se puso de puntillas para poder ser penetrada, y empezó el ligero ejercicio callejero. No había sobreexcitación, tan solo el debido frotamiento, como si la escena debiera ser aprovechada al máximo en cinco minutos antes de que dos enormes doverman llegaran a desalojar el pasillo.
Gemían. Jadeaban. Graznaban en susurros y en silencio mental. Metían sus manos donde cupieran, entre las axilas, entre sus espaldas, sus nalgas, sus senos, sus cuellos, todo lo que pudiera ser tocado bajo los límites de la ropa y sin llamar la atención. Entonces ella buscó la mirada de Carlos. El se negaba a dársela. Era sexo casual, no un encuentro pasional. Estaba relajado y ella tensa. Quería disfrutarlo. Pero finalmente no pudo. Cayó, y sucumbió ante los enormes y bellos ojos color miel de la chica.
Dicen que el enamoramiento de los frívolos entra por los ojos. Ese encuentro, tan casual, era muy frívolo. Por lo tanto, podría decirse que Carlos se enamoró al instante de nuestra chica. Si, como en las películas, una canción pasional estilo María Barracuda featuring Yanni o reencuentro de U2 despues de dos años sabáticos, si es que eso llega a existir. Una canción visceral de amor, pero tambien de mucho deseo. Así se podría decir que se enamoró Carlos. Desesperado, sin ver al pasado ni al futuro. Sin importarle la reputación, el que dirán, los pleitos familiares. Sí, casi mirando de frente al destino, con disposición a enfrentarlo, a "llevar una vida juntos". Ella reclamaba su rostro. Lo miraba. Dejaba de manosearlo con la mano derecha para tocar su rostro suavemente. Y a él tan solo... su mente... se desvanecía.
Hasta llegar al orgasmo.

A la mañana siguiente los guardias de la discoteca encontraron a Carlos, tendido en el suelo. Respiraba, estaba consciente. Seguía con la mirada a las personas que lo atendían. Lo ayudaban a reincorporarse. Puso una mano en el suelo, y le cortó un pedazo de vidrio de alguna botella rota. Se cubrió la mano, pero no sentía dolor. Miró su cortada, sin mostrársela a los guardias. No sangraba. No sentia ni frío, ni calor. Trataba de sentir odio por aquella chica pelirroja, por haberlo dejado en ese estado.
Pero ni siquiera supo en que estado se encontraba. Por el resto de su vida.
No tenía cartera, y no recordaba quien era. No recordaba como había llegado ahí. No recordaba que esa chica le hubiera drenado la sangre. No recordaba cómo es que sus boxers estaban pegados a su miembro. Solo recordaba los ojos miel de la chica. Una sonrisa diabólica, un aliento de deseo ansioso de ser saciado, un sexy cuerpo brincoteando sobre él, mientras ella manoseaba su trasero, mitad en busca de sustancia carnosa, mitad en busca de un buen fajo de billetes y tarjetas de crédito.

Dicen que él está en un albergue del Estado, esperando recordar su nombre, y esperando sentir al menos ira por sentirse tan vacío.

Una chica rubia pasó a la oficina al lado de la mía, la oficina de Carlos Rivera, el sujeto con el que solía salir de noches de alcohol, a recoger unos papeles importantes. Quizá acciones de bolsa, o quizá estados financieros muy importantes. Las esposas entre su muñeca y su portafolios lo denotaban.

Pero pude ver debajo de su peluca. Una chica pelirroja, tan jovial, como si en ella el tiempo retrocediera al revés, pero eternamente.

12 de enero de 2011

El plomero y la MILF



Ella se lavó las manos.

Bajó las escaleras, entró al zótano, encendió un foco ahorrador y una luz blanca empezó a difuminar, a la velocidad de la luz, las sombras que aún se proyectaban de la luz del pasillo de su puerta. Al fondo, metálica, yacía la puerta adornada con un candado de siete segmentos. Tomó el candado y giró las perillas. Cinco. Tres. Ocho. Cuatro. Dos. Cuatro. Dos.

Una mirada empezó a recorrerla. Era su esclavo de la semana. Su figura atlética y su piel morena se vieron severamente afectados por la inanición, así como su rostro, desencajado, que claramente pedía clemencia durante veintitrés horas y media del día, y orgasmos múltiples el resto del día.

Ella se acercó, con una cubeta de agua y un trapo, y empezó a limpiarlo. Repasaba con su mano todo el cuerpo del tipo, que no hacía mas que mirar al suelo, avergonzado de no poder defenderse, de ser sometido por una mujer más fuerte que él. Una mujer demostraba su poderío sujetándolo de brazos y piernas a través de grilletes, que no eran grilletes, sino extensiones de sus frágiles pero poderosas manos.

Se paró enfrente de él, acercó su cuerpo desnudo, y empezó a separarse nuevamente mientras deslizaba con lenta furia sus uñas en su pecho, en su abdomen, en su miembro, en sus piernas. Viejas heridas de la sesión de la noche anterior volvieron a abrirse. El aroma de la sangre la ayudó a excitarse, a tomar el taladro y empezar a rasguñar su carne con una broca para concreto de tres octavos.

La habitación secreta, tan metálica como de costumbre, empezó a tomar calor, la energía de los gritos del custodio. El cuerpo de la mujer estaba bañado en piel y carne, en sudor y sangre.

Cuando terminó de limpiar, se llevó ciertas menudencias, riñones, hígado y tripas arriba, a la cocina, para la comida del día siguiente. Su marido llegaría de Londres en la noche, así que debería estar hambriento de comida casera y barata. Los huesos, medio triturados, estaban guardados en una bolsa detrás del refrigerador, listas para cuando no esté el, se tape "accidentalmente" el fregadero y haya que llamar a un... plomero.

26 de diciembre de 2010

Dead body rapist

Ha pasado mas de veintidos años cazando el olor de la carne magra, fresca. No es que malgaste su vida, puesto que jamás morirá mientras exista tierra que pisar. Simplemente malgasta su energía, y la manera en que obtiene su energía.

Y aparece, entonces, en las oficinas de los registros de todos los velatorios del estado, recorriendo uno a uno con su velocidad impresionante, a la espera de una jovencita, quizá señora, de complexión mediana y curvas pronunciadas. El rostro no importa: sólo hubo un rostro que realmente le gustó, y decidió terminar con su vida, al igual que con su alma... y ahora pasa las noches buscando cadáveres con los cuales desahogar su aún humano instinto sexual... cadáveres a los cuales contarles sus vivencias, sus experiencias, sus anteriores amantes, esos amores (dieciseis, pocos considerando quinientos sesenta y dos años de vida) que jamás olvidará.

Y ellas, como buenas amantes, escucharán pacientes, con los ojos cerrados, quizá desfigurados por la estrepitosa muerte que hayan tenido, pero siempre descansadas, aliviadas del dolor perimortem, y, a los ojos de nuestro amigo inmortal, satisfechas por el frío pero musculoso miembro que carga entre sus lampiñas piernas de adolescente en apogeo, apenas consumidas por la eternidad.

Es decir, ¿Como puede ser violación, si ellas no dicen que no? Y en todo caso, ¿como puede ser juzgado por humanos si hace tiempo que dejó de pertenecer a ese... rubro?

Y bajo esta justificación, les da un beso en la frente, vuelve a arroparlas en su bolsa negra o manta blanca, y emprende la huída a su guarida, esperando el alba mientras solloza por un destino que pidió y del cual ahora se arrepiente.

8 de noviembre de 2010

Adornar tu cuello



Dejame ser la sombra
que habita en las esquinas
de esa prisión maldita en la que tienes tu sonrisa
Dejame arroparte
entre restos de inmundicia,
dejame adornar tu cuello con mis caricias malditas

El llanto nocturno reclama tu muerte, 
tus cálidos ojos aún lo estremecen,
hambrientos fantasmas contemplan inertes
la vida volátil que en tus manos tienes...


Tómame ya,
deja de hacerme llorar, 
toma este cáliz mortal,
y dame una gota...
Una gota, una gota más,
rompe el dolor de mi faz,
toma este cáliz mortal,
y dame una gota... 

... 

Quiero mirar tu obra,
la inhumación perfecta,
tu ser que deja huella en las almas más perversas,
quiero limpiar tu crimen,
maquillar las evidencias,
ser tu fiel aprendiz de cacería suculenta.

Mi cuerpo te sigue, mi alma te entiende,
quiero beber más, quiero pertenecerte,
apaga este fiero deseo que duele, 
de tí, de la Muerte, mi ser no discierne...


Tómame, tómame ya,
deja de hacerme llorar, 
toma este cáliz mortal,
y dame una gota...
Una gota, una gota más,
rompe el dolor de mi faz,
toma este cáliz mortal,
y dame una gota... 

(Una gota, una gota más)


El origen de la imagen es obvio.

19 de octubre de 2010

Parasyte



Semilla del mal
germina bajo sombras frescas
el hambre falaz
tu ser más profundo anhela

Le dejas pasar
se difumina en tus venas
quieres respirar
tu llanto ya no será seco...

Llorará por ti...
Sentirá todo ese dolor
que no puedes sentir...
Vivirá por ti...
Tu cuerpo consume...
Taquicárdica sensacion
Morirá por ti...

Préstame tu ser,
cuidaré de tu cuerpo bien
quiero ser tú,
tengo sed de sentir tu sed

Dejame pasar,
en tus venas no doleré
quiero devorar
las circunstancias de tu piel


Lloraré por ti...
Sentiré todo ese dolor
que no puedes sentir...
Viviré por ti...
Tu alma devoro...
Taquicárdica sensacion
Moriré por ti...


Imagen de DouceAgonie

3 de octubre de 2010

Pastel



Mira mi mano deslizarse por encima de la tuya... sé que puedes ver mis venas palpitando de emoción, mientras acarician tu palma, y se elevan por tus muñecas, tus antebrazos, lentamente, tu cuello, y terminan en tu mejilla, rozando tu piel que es tan hermosa...

Oh, no, espera, aún no deseo hacerte el amor. Siéntate, querida, en esta enorme cama queensize. Puedes sentir la suave seda tratando de envolver tus piernas, tus brazos, tu vestido mismo... tu cabello parese adherirse a su superficie, tratando de buscar su compañero molecular de vida. Podrías, si quisieras, fusionarte a esta enorme seda roja, que combina deliciosamente con tu cabellera y tu piel, tan luminosa, parece artificial...

Reincorpórate, por favor. Mira lo que he traído. Adoro esa sonrisa en tu rostro, esa sonrisa maliciosa que reclama placer y entrega, como en las telenovelas ridículas de televisión abierta. Sólo que tu malicia tiene sentido. Quiero pertenecerte, preciosa, pues para eso he destinado este regalo que he elaborado con el más ínfimo deseo. Sientate, para que puedas degustar del contenido de esta charola. Anda, sin pena, destápala. Por supuesto que es un aperitivo del cual yo también degustaré, pero lo haré tan sólo para acompañarte.

Oh, es precioso. Es apetitoso, ¿cierto? Pasé toda la mañana eligiendo los ingredientes ideales. Un buen pastel que quedara a la medida del sabor de tus labios, aunque no puedo recrear su sensualidad por medio de especias y frutos exóticos. Así que elegí hacer la masa con vainilla, con un toque de café y unos duraznos entre capa y capa. Créeme, la consistencia te convencerá más que el sabor mismo. Enseguida, una capa de crema chantillí, igualmente casera, consistencia en verdad cremosa, no como esos betunes azucarados que se solidifican en segundos. Unas pequeñas chispas de chocolate oscuro, y unas hojuelas de chocolate blanco. Fue, en sí, un pastel bastante sencillo. Pero sé que lo disfrutarás tanto como yo al verte haciéndolo.

Anda, ahí tienes el tenedor. Toma un trozo y deposítalo en tu boca... tu saliva deshaciendo el chocolate, deshaciendo e intensificando los sabores... cierras los ojos, me complace saber que te ha gustado. Continúa, preciosa, continúa degustando de este pastel que te he preparado con... amor.

Ahora te acompañaré con una rebanada, no tan generosa como la tuya. Verás, yo ya he comido un poco antes de venir a esta suite.

Oh, ha sido tan delicioso. Créeme que el silencio de la habitación ha acentuado de manera muy sugerente el sonido de tu boca cuando comes cada bocado. Lo sé, no es de muy buen gusto, pero es que seguido de eso escucho tu respiración, un largo suspiro que denota placer. Y eso me excita, tanto como en este momento ya lo debes estar tú. Verás, este relato mental es sólo para mí, y no sabrás que he puesto en el postre un riquísimo coctel de éxtasis, LSD y morfina encapsulada en un proceso químico, que la liberará progresivamente.

Ven, acompáñame a la ventana. La vista de la ciudad es hermosa, tanta gente caminando allá abajo, sin imaginar que esta habitación estará llena de demonios y sensualidad... puede que lleguen a escuchar nuestros gritos... oh, sí, quítame la ropa al mismo tiempo que yo lo hago contigo... tranquila, tenemos toda la noche para ello...

... aunque sólo sea esta noche.

Mira los colores en tu piel, son tan profundos... quiero saborearlos todos, déjame saborear los colores de tu piel, de tus ojos, los agujeros negros de tus senos, tan perfectos... el enigma de tu sexo, que me grita como loco que lo devore, como si fuera un virus que se expande por nuestros cuerpos, y sólo queda aniquilarlo comiéndolo... una y otra vez... tu cuello despide aromas que no le piden nada a los perfumes más exóticos... las horas pasan como minutos, los minutos como lustros... esta noche será eterna, preciosa. Tu y yo fusionados para toda la eternidad...

Han pasado horas, pero ha llegado la hora de descansar. Dulces sueños, querida. Nos vemos en el infierno al cual pertenecimos desde el momento de haber entrado aquí. Ahí vienen los paramédicos... no te resistas. No te preocupes, todo será indoloro ahora. Lo importante... es que estamos juntos.

25 de septiembre de 2010

A un recién iniciado



Desvaneces.
El umbral de la melancolía desvanece contigo.
No quedan recuerdos, nada que te pueda herir,
ni tampoco nada que te pueda hacer sonreir. 
Sientes panico, o quizá no lo sientes.
La sensibilidad ha decaído junto con el resto de tu humanidad.
Pero sigues apreciando la belleza
que tienes ante tus ojos. 
¿Como puedes dejar de ser humano 
sin dejar de sentir la belleza?
O quizá no se te ha ocurrido pensar
que puedes apreciar la belleza, precisamente, 
porque dejaste de ser humano,
porque dejaste de ser.
Reniega de tu pasado y presente. Eres un monstruo.
No importa. No puedes mantenerte en pie
ante una batalla tan absurda.
Tu realidad triunfará sobre tu voluntad. 
Siempre lo ha hecho. No hay diferencia ahora.
Deja de quejarte, criatura hermosa. 
Ante mí seguirás siendo ese amor inolvidable.
Ahora sal de esta catacumba, sin más que tus manos poderosas
y tu visión de lo invisible,
y sal a cazar tu alimento de la noche. 
Cuando vuelvas y ambos hayamos manchado
nuestros labios con vida ajena, tan sugerente,
mancharemos nuestras pieles una vez más, 
quejándonos de nuestro destino,
sintiéndonos felices de compartirlo. 

10 de septiembre de 2010

Sex night (for the living dead)!



Se despierta a media noche,
desentierra su cabeza,
sale de su mausoleo
con las medias medio puestas
Quita cucarachas negras 
de su negra cabellera,
ella no mira tus ojos,
sólo mira tu bragueta

Forrada en bisutería,
una chaqueta bien coqueta,
falda de a pelos de escoba
y unas botas muy ruidosas
Caminando sigilosa,
ella está sexy, y está muerta
Ella no mira tus ojos,
sólo mira tu bragueta

Sex night for the living dead!
Quieren carne y te van a morder,
entre tus piernas van a enloquecer,
just join the party for the living dead!

31 de agosto de 2010

Tormenta dama


Te encuentro apagada, 
lascivia,
una tremenda tormenta 
incomoda al silencio,
huye desquiciado,
te abandona.
Pero tiene miedo,
y regresa a tí,
a tus pensamentos.
No digas nada. 
No tomes el barandal 
si no es necesario.
El fin está cerca,
tan sólo rondando
tu erótica sombra.
No quiere que sufras.
Tomará tu corazón,
beberá de él, 
sacrificio noble,
y lo devolverá
para que vuelvas a latir,
y aspires fuerte...
saboreando el clímax.

22 de agosto de 2010

WhyVersusWhat



Hay voces. Hay llantos. Hay mujeres clamando muerte en el aire. Hay hombres orando porque sus espadas se manchen de la sangre del enemigo. Hay una hermosa fiesta de sangre en Valaquia. Hay cuerpos empalados en toda el ala norte del palacio Real, pero hoy ha sido noche de caza, asì que los cadáveres son frescos. Ahì estoy yo, sentado al costado izquierdo de la gran mesa del banquete de victoria. Mucho vino, mucha carne, enormes pescados y demás delicias importadas de las antiguas costas griegas y demás países del sur. Procuro tener mi copa siempre llena, degustando de las personas a mi lado después de haber dado muerte a tantos enemigos. Francamente, no entiendo cómo es que los otomanos se empeñan en expandirse de manera tan... imperial. Considero esta época deleznable en materia de política y relaciones exteriores. Pero al menos me permite dar de comer a mi familia y a mis súbditos, a quienes aprecio mucho, muy a pesar de lo que puedan decir mis colaboradores.
He ahí. A seis bancas de mí está el príncipe Vlad Tepes. Esa expresión dura. Un héroe para la mayoría de los que están sentados en esta mesa, incluído yo. Ingenuos. Inspirar terror en los pueblos de manera tan alardeante es tan... infantil. No puedo mirarlo a los ojos sonriendo, o me mandará empalar por adulador. No puedo mirarlo a los ojos con el odio que le profiero, o me mandará empalar por obviedad. No puedo mirarlo con ojos vacíos, o me mandará empalar. Me burlo para mis adentros de su torpeza política.
A mi lado, un comenzal ha empezado a taparse la boca. Parece que uno de los soldados empalados ha empezado a defecar. Es cierto, el aroma es bastante llamativo y desagradable. El pobre sujeto empezó a toser, y se ha levantado de la mesa, quizá a vomitar en una esquina. Vlad también se ha levantado. ¡Si no le gusta estar en esta mesa, quizá prefiera estar acompañándolos en su asco! Profirió mientras sus guardias personales van por una nueva estaca de madera, y agujeran el piso para ensartar al pobre hombre. El asco, sin duda se le quitó. La punta del palo no está lo suficientemente afilada, por lo que tardará un buen rato en morir.
El mandatario se ha reincorporado a la mesa, y continúa su comida. Me parece bastante triste el no poder contemplar cómo el brillo de los ojos de la víctima no podrá llegar a mis pupilas. Poesía pura. Aunque ya ha sido bastante poesía mortuoria por hoy. Aún recuerdo a esa mujer, llorando por la vida de su pequeña. Ambas mujeres eran de una belleza extraordinaria. Recuerdo haberle partido el cuello rápidamente a la pequeña, para que no sufriera, y así complacer a su madre, a la cual le degollé el cuello, mientras la sujetaba entre mis brazos y le dí un beso, mientras yo me deleitaba de su aroma otoñal y ella me entregaba su último aliento, y manchaba mi armadura de un precioso rojo sangre. Sé que estuvo mal, pero no me arrepiento. Yo cumplí órdenes, y lo hice a mi antojo. Sé que moriré en batalla, quizá en tres dias, cuando las fuerzas turcas intenten llegar a mis dominios.
Sé que algún día alguien dirá algo como esto: "Al final, el porqué nunca importa, tan sólo tus acciones". Ver a todos esos aduladores me provoca más asco que la mierda y la orina de las mujeres detrás mío, parecieran estar en esa etapa roja de su ciclo lunar. Clamando piedad por seguir existiendo, aunque dicha existencia tarde o temprano carezca de significado. No pueden ni siquiera llamar a un tema de conversación por temor de insultar al príncipe con comentarios idiotas, los cuales suelen proferir. Por miedo, por ventaja, por placer, ¿que mas da? Al final son todos aduladores.

Incluyéndome.

5 de julio de 2010

Lindo vals



Corto y corto, con empeño sin igual.
A este cuchillo le falta afilar,
pero el placer de descuartizarte
me hace excitarme, ¡me hace estallar!
Cara con cara, vamos a bailar, 
chorreando sangre en la pista de baile,
¡regàlame una sonrisa post-mortem,
pues te voy a momificar!

¡Vals con tus huesos!

Tus huesos tibios, erotizantes,
son deliciosos al compás de este vals...
eternamente entre mis brazos,
aún queda carne por mordisquear...
En tu pelvis estilizada
esconderé mi virilidad,
eres pura misantropía,
¡en tus costillas me siento brutal!

¡Vals con tus huesos!

11 de mayo de 2010

Oniria



En sueños me enamoré,
En sueños te asesiné,
Locura y sed

En sueños eras cliché,
Eras canción, eras mujer,
Locura y sed

La lluvia quema mi piel, 
Va susurrando tu calor,
Las olas se estremecen con tu voz...

En sueños te respiré,
En sueños te incineré,
Ceniza y miel

En sueños viví tu ser,
Jinete andando en placer,
Ceniza y miel

La lluvia quema mi piel, 
Va susurrando tu calor,
Las olas se estremecen con tu voz...