Quise escribir en este espacio una analogía al color rojo. Pude citar la sangre, la carne, los ojos vampíricos, el aroma de la muerte... Pero no. Este blog es rojo porque yo lo deseo. Eso debería bastar.
4 de junio de 2009
Mors concisa
24 de mayo de 2009
Historias de versos: Autum Whore
Estaba el gran Tony escribiendo la cuarta y última estrofa del texto, cuando la belleza exótica de medio oriente le mordió el pene, pues su mandíbula estaba cansada y adolorida de permanecer abierta durante varios minutos. El gran Tony soltó un grito del sincero dolor, se retiró a la chica que succionaba la sangre sin darse cuenta, y después de perder la firmeza (y con ello, la inspiración), le rompió el Santory en la cabeza.
El gran Tony estaba asustado, pues su arrebato borracho de ira lo llevó a cometer un posible homicidio. La belleza de medio oriente yacía en el suelo, encima de una manchita creciente de sangre proveniente de su oriental cabellera. Pero seguía respirando, así que el susto del gran Tony sólo lo hizo contemplarla. Sus ojos veían los labios de la prostituta, embebida en semen reposado, sangre y abundante saliva.
Es así como surgió Autum Whore.
Bloody knees decorating my soul,
bloody and warm floors
where I walk on,
bloody are the hands I stroke you with,
bloody the cum I asphixiate you with
Let me give you the best pain,
the only dying you will never forget!
Is it crude? I know,
I wish
you realize the delight you´ll carry on,
I´ll see you asking for fucking more,
You´ll waste my ears yith your fucking noise
Let me give you the best pain,
the only dying you will never forget!
23 de mayo de 2009
De eones
19 de mayo de 2009
Rebelde con causa
Llevaba media hora despierto, pero inmóvil. Así que esperó a que el despertador del celular timbrara y con una mano la apagó y con el pulgar de la otra se rascó el testículo izquierdo. Se levantó hacia el refrigerador y sacó un frasco, lo vació en una sartén, y encendió dos llamas de la estufa. En una puso la sartén y en la otra un comal con un bolillo blando del día anterior. En unos instantes, el olor a sangre humana y orégano tostado llenó de una atmósfera cálida la cocina y el comedor adjunto.
Cinco minutos y la mesa estaba puesta. Las sandalias aún estaban mojadas por la regadera, así que la estática que se generó en la cámara de torturas el día anterior se descargó de un golpe en el meñique izquierdo de Samael. Lo resintió bestialmente, pero le quedaba el consuelo del sabor de su cucharada de sangre. El último plato, decía, que probaba en su vida. Ya se había deshecho de todas las vísceras, trozos de piel, huesos fragmentados y ojos secos que quedaban en la casa, y sólo quedaban dos frascos de sangre condimentada a modo de consomé.
Terminó el plato y el bolillo, se puso una rara playera morada y salió a la calle, para aprender del mundo normal. Estaba dispuesto a convertirse por completo. Estaba maravillado por lo que el mercado ofrece, imágenes pretenciosas, eróticas, salvajes, compulsivas y autoritarias impactaban en sus ojos, reprogramando una y otra vez su sentido de la lógica y del sentir. Por ejemplo, por un lado, estaba el anuncio del jugo energético infantil, con una bonita niña rubia de imagen. Y, compartiendo la mampara, estaba el cartel de condones ultrasensibles. Samael, que a pesar de ser un ex-asesino salvaje era una mente inocente, empezó a imaginar niños cabalgados brutalmente. No era sano, y lo sabía, pero sólo si dejaba de mirar la enorme mampara era capaz de retraer esos pensamientos que, de hecho, no eran suyos.
Vió gente insultándose, luchando por la esquina propia del vendedor de pomadas fungicidas y cajas de doscientos cerillos de madera a cinco pesos. Caras, pensó Samael. Compró una y continuó su caminata dejando una estela de aroma de cerillos de plástico extintos a lo largo de su travesía de mediodía. La luz del sol era insuficiente y el frío no hacía mas que encajarle los dedos entre las costillas de tela morada.
Vió a la señora limosnera del zaguán del café internet más caro de la ciudad, y no reparó en darle los otros cinco pesos de los diez que llevaba encima. Miró su rostro agradecido y su carpeta universitaria escondida tras su espalda. Ella sabía que Samael no le daría empleo, así que no se esforzó en mostrarle su título de química farmacobióloga.
Al caer la tarde, el hambre había llegado para azotar su mente, y súbitamente ésta desapareció, al pasar al costado de cierto restaurante de pollo frito y percibir un asqueroso aroma de aceite reciclado varias veces en la cocina. Se sintió mareado. Vió a traves de la ventana media docena de familias y parejas felices, otro tanto bonche de niños, todos destazando pollos con los dientes de la misma manera que el lo hacía con sus cuchillos y tenedores. Todos sonrientes, menos los pollos. Lo podía oler sobre el aceite quemado, cada uno de esos pollos, desfigurados, rellenos de ellos mismos hasta la engorda, sin futuro, y muertos a golpes "para ablandar la carne". Hacía mucho que Samael no lloraba.
A media tarde, al regresar, abrió la puerta y vió su casa. Un póster de una aztriz porno de pechos pequeños, DVD de él mismo destazando a sus víctimas después de hacerlas pelear por una caja de lápices con punta para asesinarse entre ellos mismos, y al fondo un cuarto frío donde revela sus fotos y deja secar la carne y los cuerpos en ganchos para reces.
No había mucha diferencia en contraste con el mundo exterior.
Así que desistió de tomar una decisión que francamente no le convencía.
Se dió de nuevo un baño, se perfumó, sacó dinero de las carteras de los hombres que estaban tendidos en el refrigerador, se vistió casual en colores discretos y salió al Ragnarok a seducir un par de springbreakers.
17 de mayo de 2009
Follow me
P.D: Alguna vez dije que me iba a retirar de la escritura. Hoy me di cuenta que no puedo... y pido disculpas, y agradezco a Roger, a Jenny, a la Mitch, y absolutamente a todos quienes pasaron a leer.
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Estuve trabajando en borradores, pero como no tengo idea de cómo moverlos de lugar y no quisiera borrar esta entrada (aún), pueden encontrar varios textos nuevos en entradas anteriores. De nuevo, gracias. Espero que estos nuevos aires les gusten aunque sea una pizca.
30 de abril de 2009
Shock Culture
P.D. Roger, tienes razón. Gracias por tus palabras. Gracias a todos. Pronto...
25 de abril de 2009
Una despedida que no es una despedida
Pero resulta que yo no soy artista, y aunque alguna vez pretendí serlo, no puedo sostenerlo. Porque no lo soy.
Mi "racha creativa" ha terminado. De vez en cuando se me ocurren ideas descabelladas para letras de canciones (estoy trabajando en un proyecto de música, a ver que resulta), pero la poesía y los cuentos tontos ya no surgen de mi podrida mente. Quizá dejó de echarse a perder para ser sólamente polvo de neuronas secas diseminándose en el éter.
Usaré este blog para plasmar mis ideas, como siempre. Simplemente digo que mi faceta de escritor, si hubo alguna, ha terminado. No le debo nada a la vida y no me importa si ella me debe algo. Esperaré a mi amada la Muerte como la gente normal, sin soñar sobre cómo será su llegada ni estar a la expectativa como niño con los brazos abiertos. Degustaré del hedonismo, la herejía conceptual y el BDSM como el primer día que sucumbí ante ellos.
Pero la escritura, como arte, ya no tiene sentido para mí. Me consideré bueno, y por eso seguí, pero eso se acabó. Pruebas de ello son el hecho de que casi no subo ya nada y que mi proyecto con Asrham, mi amada dama de las buenas letras, se ha quedado en el olvido. Eso es mas que suficiente para "darme de baja" de esta actividad que tanto he amado y tanto me ha hecho sufrir deliciosamente.
Mejor terminar con mi farsa aquí, antes de que el ego me corrompa y me dedique a crear estupideces de peor calidad a lo que estuve haciendo estos últimos días.
Si alguien lee esto, que francamente lo dudo, por última vez les digo que son libres de mentarme la madre. Llàmenme cobarde, idiota, insolente, paria de la literatura, oveja negra, hereje pedero o desprotegido de Dios.
Pero prefiero dejar de mentirles a todos ustedes. Yo no escribo. Y si alguna vez en verdad lo hice, dudo volver a hacerlo.
Estoy vacío.
Como sea, no voy a dejar de leer a todos aquellos que me leyeron alguna vez, y aquellos cuyas letras me encantan. Siempre me daré oportunidad de lerlos, porque amo leer y admiro más lo que yo no soy capaz de hacer.
Gracias, si has leído esto, por regalarme segundos de vida. En serio, gracias.
15 de abril de 2009
Sobre la perfección
Alguna vez me dijeron que moriría viendo mi pasado correr en camara lenta, pero todo en una fracción de segundo.
Alguna vez estuve cerca de la muerte, y esperé ver toda esa mierda de vida, aunque bien vivida, que llevo a cuesta mía.
Alguna vez saludé a la Muerte, mi única amante, en uno de esas visitas fugaces que me hace a diario.
Esta vez, mientras yo la miraba a los ojos, sin esperanzas, me dijo: Si te dejara entrar en tu hiperreal vida, vivirías todo lo que ves, de nuevo. Tus caídas y tus logros, y todas esas cursilerías. Pero llegarás al momento en que, en esa vida hiperreal, vuelvas a soñar con tu vida en el instante de tu muerte. Y ese sueño, a su vez, vivirá entera tu vida. ¿Te das cuenta que si yo te dejo vivir una vez, vivirás eternamente, como una ecuación exponencial con límite tendiente al tiempo de tu muerte?
Alguna vez se me ocurrió entender matemáticas para resolver lo que me dijo. Ahora que lo sé, sé que la perfección es imposible, porque la vida tiende límites. Los límites de la muerte.
Y sólo cuando estemos a punto de morir, estaremos cerca de la perfección, rozándola con los dedos mientras caemos en la nada.
7 de abril de 2009
Afrodisias (Parte III)
Circe, quien no terminaba de acostumbrarse al lugar ni de reconocer la figura que tenía ante sí, asintió con la cabeza de una manera muy tosca y nerviosa.
- Se que vas a ser la nueva reina de las reuniones orgiásticas y de las decisiones del pseudogobierno griego allá en la tierra de Platón – Dijo de manera inquisidora -. Así que debes saber unas cuantas cosas antes de salir a gobernar el mundo real. No fuiste expuesta antes para que no fueras conocida. Pero ahora que eres madura y estás por cumplir tu destino, tu belleza guardada irradiará tanta luz que todo mundo te reconocerá con solo verte a los ojos, y les inspirarás paz, pero tu rostro no será recordado cuando mueras. Así tu sucesora conservará tu vitalidad, y el personaje de Persefonia. Tu lema será “El placer a costa de la muerte”, y deberás vigilar que esto sea así.
Persefonia no entendía que era la nueva voz del inframundo (una voz muy hedonista, por cierto). Así que Astaroth continuó:
- Debes dominar tu tierra con un concepto muy preciso en la mente: Este mundo en el que te encuentras ahora, que es tu tierra natal, se rige por cuatro partes principales, que responden a las cuatro preguntas principales de la existencia del ser. La materia, que responde al qué. La ciencia, que responde al cómo. El tiempo, por supuesto, responde al cuando. Y el arte, que responde al porqué. Si eres capaz de responder a estas preguntas en todo momento en que se te formulen, tu autoridad será permanente, invulnerable.
Por unos instantes, la ahora Persefonia intentó contestar a las preguntas elementales. Astaroth se dio cuenta, y la interrumpió:
- Ya tendrás tiempo de hacerlo cuando regreses a tu mundo. – Se acercó, y tendió su mano hacia la joven – Toma mi mano, y te llevaré a dar un paseo eterno, antes que regreses a la temporalidad terrenal. – Ella obedeció.
La bestia jaló su brazo hacia arriba, de tal modo que su feroz hocico alcanzó el vientre de la dama, y sin siquiera bufar de exhaltación, trozóla de un mordisco. Una vez que sus entrañas estuvieron expuestas, Astaroth disminuyó su tamaño, y mientras mágicamente cerraban de nuevo las heridas de la joven, él se introdujo en ellas. Para cuando Persefonia se hubo de recuperar, Astaroth se había diluído en su sangre. Una burda pesadez cerró sus ojos y tumbó sus piernas, y cayó en un profundo sueño, tan sólo turbado por el dolor minúsculo de la caída.
En su sueño vió formas y colores que nunca había visto antes. Pudo, de hecho, volar entre ellas, admirando cómo todo el mundo se distorsionaba con unos simples ángulos de diferencia. Apareció un suelo negro, y ella se puso en pié sobre él. Luego voló sobre su cénit, y los colores y las sombras se volvían exactamente sus negativos y luces, todo lo contrario a lo que se puede ver con los pies en tierra, “incluso en el mundo irreal”, pensó para sí.
De nuevo cayó y azotó en el suelo salvajemente. Esta vez no tuvo tiempo de sentir el dolor, porque ya estaba de vuelta en el mundo real, envuelta en la humedad de la belladona mezclada con ella misma, encadenada, manoseada, masturbada brutalmente por esas doncellas que ya no tenían el mismo angelical rostro que cuando las conoció.
Entonces lo entendió.
Ella no podía gobernar al mundo con una filosofía hedonista si veía entre ella bondad y paz. Estos conceptos sencillamente van en contra del hedonismo. No se trata de luchar para ganar, sino lo contrario. No se trata de matar, sino de quitar la vida a quien lo desea, a quien considere que ha vivido suficiente. No se trata de la guerra, sino del porqué de la guerra. No se trata de hacer el bien a los demás, sino de procurar a los demás a través de uno mismo. No se trata de castigar el mal, sino de castigar la falta de raciocinio. Sólo entonces se puede gobernar con el poderoso brazo del placer.
Y esto no lo hubiera podido lograr viendo lo hermoso del mundo.
Cuando salió de la cueva, el sol calentaba su piel con coraje. La multitud al pie del monte la observaba con alegría. Ella no veía mas que corrupción y ultraje humano.
Pero todo cambió cuando levantó su mano derecha y todos callaron. Vio gente que gozaba del placer, pero no entendía porqué.
El acto de Persefonia había comenzado.
Imagen encontrada en ImagenesGoticas
Afrodisias (Parte II)
Finalmente llegó un día en que Circe iba a ser liberada. Ella no lo sabía, pero estaba destinada a ser la autoridad máxima de todas las mafias griegas: la mafia religiosa pagana (porque, por supuesto, también había herejes entre ellos). Llegaron sus doncellas, previamente instruidas, para prepararla para la venida de su nuevo y único rey, Astaroth.
Le prepararon un baño de zarzaparrilla y belladona, a manera de infusión. La llevaron a la cueva de la combustión cognitiva (que no tenía de particular mas que una densa carga de oxígeno) para prepararla frente al desgaste físico y la exaltación que le produciría el poderoso enervante penetrando su torrente sanguíneo a través de toda su piel. Sus doncellas la amarraron con cuerdas forradas de seda, de pies y manos, a ellas mismas, para que no se resistiera cuando llegara el Grande.
Así, las doncellas ayudaron a Circe, cada una sosteniéndola de un brazo, a subir los pocos pero empinados escalones que volvían a bajar a una elegante bañera de mármol y cerámicas decorativas, con dibujos alusivos a la intervención del poderoso Astaroth sobre los actos de la cotidies humana. Esos dibujos llenos de símbolos extraños figuras disconexas de la realidad tendrían al fín, quizá, sentido para la joven, que años antes trataba de imaginarse el mundo exterior por medio de las pocas pistas que se le proporcionaban. Quizá tendría ahora la fuerza suficiente para escapar, aunque naturalmente, lo dudaba mucho, pues una vez fuera el siguiente paso a la libertad le resultaba totalmente desconocido.
El agua estaba tan caliente que los ojos de la pobre muchacha se giraban por completo, mostrando un desesperado y demacrado rostro necroso ansioso por descubrir el placer.
Pero lo que no sabía era que esta era la última vez que alguien la penetraba con un objeto punzocortante para realizar un ritual.
Una vez que todo su cuerpo, colorado como las zarzaparrillas, hubo entrado completamente hasta el cuello en la infusión enervante, las doncellas tomaron tres varas de madera, cuya punta era tan filosa como lo sería el cabello humano. Una por cada mano, y la sobrante sosteniendo el libro de oratorias. Así, mientras ambas perforaban la debil y tierna carne de la sacrificada, una voz, la de la oradora, resonaba terriblemente, retumbando sobre los muros de la cueva, creando un eco sobre otro, una endemoniada armónica sobre otra, tan sólo interrumpida por el golpe de las consonantes.
El agua de la tina, violácea, se volvió ahora roja. El hedor era rarísimo. Pero Circe se sentía excelente. Su mente flotaba. Nunca lo había experimentado sin estar sedada. Pero ahora era delicioso.
Abrió los ojos y se encontraba en un raro cubo. No sabía de que se trataba hasta que recordó las viejas escrituras que leía de niña: era el Teseracto. Había leído que se trataba de una prisión especial para criminales que se encontraban en un nivel de conciencia más alla del que suelen percibir los humanos. Aquí no era el tiempo el que regía el comportamiento de la materia. Naturalmente, no sabía qué.
Angustiada por sus raros recuerdos, y temiendo encontrar algún ser extraño que le pudiera hacer daño, corrió a lo largo del teseracto, donde las paredes al principio la confundían por su apariencia tornasol. Cuando pudo visualizar el único color que las componen, y las texturas atabicadas que se podía sentir en ellas, buscó cada una de las esquinas, para ver si el equilibrio se había fragmentado con su presencia (o, mejor dicho, para buscar el lugar por donde pudo haber entrado).
Mediante un razonamiento matemático elaborado logró comprobar que ninguna de las dieciséis esquinas ni los treinta y dos bordes habían cuarteado su poderosa unión. Circe se sintió a salvo, pues si no había entrado ahí por ningun lado entonces se trataba de una fantasía, de un sueño. Aunque no tenía conciencia, aún, de la piscina rojioscura ni de las cuerdas forradas de seda que la sujetaban a los arneses en el fondo de su altar.
Un cubo aparecío detrás de ella. “Al fin algo que conozco”, dijo para sí. Notó que estaba acolchonado. Así que tomó asiento, por simple inercia. Después de todo, el agotamiento del cuerpo no se remedia con un simple sueño. Acto seguido, un extraño murmullo empezó a surgir desde una extraña luz de una de las esquinas del Teseracto. La luz empezaba a hacerse más poderosa, e incluso quemante, conforme se acercaba, aunque llegó un punto en que esto se revertía. Era una extraña silueta, caminando hacia ella. Era un hombre, por la forma en que caminaba. Era un ave, por la extensión de sombra a su espalda. Era un reptil, por la forma de sus patas extendidas en forma de brazos abiertos.
- “Así que tu eres Circe” – dijo Astaroth, que tomó asiento en el otro de los cubos que se había aparecido conforme el caminaba -.


