You can´t survive this
you can´t avoid my toor privileges
you can´t stop me,
my name is Violence, I´m punching fist
I´m not leaving you
alone into santiy chains,
you asked for it,
you must be brutally spanked,
you wanted no mercy
now wait for a gorgeous death!
I am despair
sucking your feet
Darkness is increasing
screwing up your nerves
Desist, I won´t get tired,
I´m gonna dress you in sinful red
Quise escribir en este espacio una analogía al color rojo. Pude citar la sangre, la carne, los ojos vampíricos, el aroma de la muerte... Pero no. Este blog es rojo porque yo lo deseo. Eso debería bastar.
5 de febrero de 2009
31 de enero de 2009
Disorder
No place for pleasure
no place to die
feel the mind disorder
get te pain crown
.
Confess your sin,
Confess your sin,
you like this shit
My pure hunger
sticking yout skin
.
Blow off your world
Taste my sex poison
Attend your taxes,
pain and devotion
Feel your ass bouncing
Feel the flesh motion,
my word, a burning treasure
my hands are elevations
.
Confess your sin,
you like this shit
My pure hunger
sticking yout skin!
Al Hrrera
26 de enero de 2009
La Polla Records - Johnny
De la crema y nata del verdadero Punk para la crema y nata del verdadero y agonizante gobierno de Estado.
Johnny coge el bombardero
y lo eleva por el cielo,
no hay cañon que alcanze a Johnny
ni rival que lo derribe.
Johnny está en un videojuego
controlando la pantalla
Johnny nunca ve la muerte
Johnny tira los pepinos
oyendo heavy-metal
Es nuestro campeón.
y lo eleva por el cielo,
no hay cañon que alcanze a Johnny
ni rival que lo derribe.
Johnny está en un videojuego
controlando la pantalla
Johnny nunca ve la muerte
Johnny tira los pepinos
oyendo heavy-metal
Es nuestro campeón.
Johnny no mata la gente,
elimina el objetivo.
Johnny no es un asesino.
Johnny tiene un buen oficio.
Johnny es frío y profesional.
Johnny escribe en una bomba
"el petroleo para mi"
y la gente quiere a Johny
que defiende a su pais...
Se acabo la gasolina.
Y aunque Johnny vuelve a casa
convencido de su hazaña.
Johnny solo es un cretino
que maneja un bombardero.
Johnny es un bastardo
Johnny es un bastardo
Johnny es un bastardo
Johnny es un bastardo
Extrema derecha
- Papa que es la extrema derecha?
- Pues mira hija, la extrema derecha es la banca, la policia y tambien el ejercito, los politicos, el tendero que quiere ser como ellos, el vecino que no quiere despertar y prefiere odiar al que protesta y obedecer al que le pisa...
De extrema derecha puede ser cualquiera. Los cristianos, los musulmanes, los ateos...
La extrema derecha es muy dificil de admitir, porque vive aqui, dentro de la cabeza de la gente y del cerebro de Dios y del demonio y ademas puede estar en cualquier cosa que hagas, porque casi todo lo que hacemos en la vida esta pensado por unos señores que tienen una enfermedad muy mala que se llama "Obligar a los demas a que vivan para conseguir dinero", para que? para tener las cosas que ellos venden y que nosotros hacemos con nuestro trabajo. El coche, el piso... eso es lo que nos hace la extrema derecha y ademas nos hace vivir en unos horarios, tener miedo, desconfiar de los demas, comer lo que ellos quieran, vestirnos todos con la misma ropa, comer lo mismo, comprarlo todo en esas tiendas tan grandes donde papa te lleva en el carrito y muchas cosas mas. La extrema derecha hija buff!!
De extrema derecha puede ser cualquiera. Los cristianos, los musulmanes, los ateos...
La extrema derecha es muy dificil de admitir, porque vive aqui, dentro de la cabeza de la gente y del cerebro de Dios y del demonio y ademas puede estar en cualquier cosa que hagas, porque casi todo lo que hacemos en la vida esta pensado por unos señores que tienen una enfermedad muy mala que se llama "Obligar a los demas a que vivan para conseguir dinero", para que? para tener las cosas que ellos venden y que nosotros hacemos con nuestro trabajo. El coche, el piso... eso es lo que nos hace la extrema derecha y ademas nos hace vivir en unos horarios, tener miedo, desconfiar de los demas, comer lo que ellos quieran, vestirnos todos con la misma ropa, comer lo mismo, comprarlo todo en esas tiendas tan grandes donde papa te lleva en el carrito y muchas cosas mas. La extrema derecha hija buff!!
- Papa, y que es la extrema izquierda?
- A esa la castigaron a irse, muy, muy lejos y a que no volviera nunca, pero yo creo que un dia volvera y le dara una patada en el culo a la extrema derecha para que se vaya a hacer puñetas.
- Papa, que son puñetas?
- Las que nos hace la extrema derecha hija... mira, mira, mira, mira! Goooooooooooool del Celta!!
Hala Celta!! Oe, oe, oe, oe!!
Hala Celta!! Oe, oe, oe, oe!!
Evaristo
16 de enero de 2009
Sobre la prostitución
Te escribo mis lineas, sonriendo,
tocando la miseria entre mis dedos.
Arenas amargas resbalando al suelo,
solución salina de arrepentimiento.
Soy un actor, pues, según entiendo.
Me levanto muy temprano a ensayar,
pues la obra suprema está por llegar,
y una línea errónea deriva en estruendos.
Maquillajes y técnicas de relajación.
Muy bello, me dicen, lucirá mi rubor
de chiquillo alimentado y por cristos converso.
Aunque ellos ya saben que de fé no entiendo.
Mi argumento es simple, simple y encantador:
"Amo la vida, la adoro con pasión,
y aunque patadas en el culo yo reciba
en mi corazón sólo cabe puro amor",
unas alabanzas antes de dar la espalda
a mi amado público, siempre conocedor,
antes de abandonar mi pedazo de escenario
y recibir el plomo ardiente de algún tirador.
He pues, de morir gustosamente asesinado.
La sociedad, crítica dura, no gusta de mi trabajo.
Naturalmente, ¿A quien si? no soy ni un actor acabado.
Soy sólo un prostituto cuya dignidad se fué al carajo.
Nunca tuve una carrera. Hoy actúo que estoy actuando.
Y todo por dejarte ir, tontamente, de entre mis brazos.
Y todo por buscar que quedaras de mí admirada,
a costa de prostituírme...
de terminarte mis líneas rimando.
10 de enero de 2009
Mango
Rodrigo Perez no era conocido por ser un científico. Mas bien tenía nombre de ladrón, o incluzo de violador: el Pervertido de la Progreso, o qué se yo. Sin embargo, la ciencia era su arma, y el hedonismo su bandera. Es raro y hasta contradictorio encontrar a un científico con esas características.
Quizá por eso su mujer, Camila (Camila Pérez es nombre de narcotraficante) se fijó en él. Porque estaba loco. Llega un momento en la vida de toda persona que es necesario emprender la búsqueda de la locura. Y a ella, a sus treinta y cinco de plenitud, ya le había llegado.
Rodrigo, en un arranque poètico-práctico, decidió hacer la mejor fruta del mundo. Buscó por muchos lugares. No salió del país por, además de razones económicas, la idea de que la fruta perfecta debía ser conocida, no por mediocre, sino para no inspirar temor a la hora de venderla. ¿Porqué venderla? Porque todo el mundo debía conocerla, tan sólo para que la humanidad supiera de qué trata eso que le llaman "verdadera perfección".
- La fruta será perfecta. Un torrente salvaje, arrollador, enajenante, casi agresivo de sensaciones placenteras, que traigan la felicidad a quienquiera que pruebe su poderosa carne o semilla, y que le dure hasta el resto de su vida. Debe ser deliciosa, duradera en las manos y en la boca, no tan dulce, para no empalagar. No tan ácida, si lo es, para no hacer rechinar los dientes - decía.
La respuesta a su pregunta era el mango. Fruto exótico, conocido, fino cuando se le sabe tratar, y un sabor muy particular cuando se respetan sus tiempos de maduración. Eso sí, como toda fruta jugosa, habría que cuidar escoger la temporada correcta, la del clima sensual del verano. Su aspecto, pelado, es sucio, enmarañado y desordenado. Su piel no siempre podía ser perfecta, debido a las coloraciones. A veces, la carne es demasiado fibrosa. Problemas simples para un científico de la talla del delincuente Rodrigo Pérez, que supo solucionar sin inconvenientes gracias a la meditación correcta de la información y una sana alimentación a base del mismo mango, para conocer la materia.
El producto estuvo finalmente listo. Un hermoso y bien formado árbol de invernadero era el primer ejemplar de una familia entera de productores de placer. Tanto placer que la felicidad simplemente no tendría cabida, o sería indistinguible.
La egolatría de Rodrigo le impidió ser el primero en probar la maravillosa, carnosa (supongo que hay que insistir en este adjetivo) y uniforme fruta de pasión.
La primera, entonces, fue la narcotraficante Camila. Después de cuestionar tantas veces la falta de prueba con animales propios de la actividad y del contrargumento de que los animales no tienen sentimientos (a juicio del intérprete), accedió a probar.
Camila, con ojos de protagonista de telenovela, tomó un cuchillo sin mucho filo, y empezó a partir una rebanada, como si fuera un aguacate. El jugo salió de entre la cáscara. EL aroma inmediatamente, y de una extraña manera, empezó a actuar cual masaje directamente sobre la vagina.
Ella guardó silencio, y siguió.

Carne y jugo.
Con los dedos desprendió una parte de la cáscara a la rebanada, y la introdujo a su boca. Mordió despacio.
El mundo estaba oscuro. Camila había perdido la vista. Una centelleante oscuridad la acribilló desde atrás, indolora.
Carne y jugo.
Fuegos artificiales, como la sensación de los polvitos efervescentes de las paletas con maltodextrina, empezaron a aparecer en los párpados cerrados de Camila.
Su pantalón de mezclilla se ajustaba a la piel de las piernas. El aire empezaba a faltar, despacio. Se estaba asfixiando. Y se estaba excitando. Los dientes empezaban a rechinar, no por el efecto de la fruta, sino por las endorfinas que se estaban reproduciendo como conejos en todo el complejo sanguíneo de la dama. Sólo quería exclamar ¡Placerrr! Pero su inconsciente le ordenaba que siguiera masticando, que siguiera liberando ese extraño sabor.
Jugo.
Cada choque de moléculas de jugo de mango contra la garganta era una quemazón insoportable, pero aliviadora. Cada desliz de los azúcares sobre la lengua eran percibidos por medio de la pesadez de los ojos, de la palpitación de su clítoris, de la sensación de caer en pie, de todos los sentidos menos la vista agudizados.
Después de varios minutos, Camila terminó la rebanada. Rodrigo se limitaba a verla lamiendo cada centímetro cuadrado de la cáscara y de sus dedos sucios, sin decir palabra, asombrado.
Camila cayó al suelo del invernadero. Sus cabellos, rojos y rizados, se ensuciaron con el polvo. Pronto toda ella estaría sucia, por retorcerse de placer.
Era una escena asquerosa.
Era una situación envidiable.
Camila pidió más. Rodrigo, tratando de ocultar su asombro y su maravillado semblante, cortó una nueva rebanada del mismo grueso que la anterior, y la partió por la mitad. Quitó la cáscara y le puso el trozo de carne directo en la boca, como si careciera ella de manos y ojos. Porque de hecho, sus ojos eran inservibles por los párpados y sus manos se encontraban ocupadas, masturbándola suave pero frenéticamente.
Los dientes volvían a masticar. Camila se había mordido la lengua. La sangre probablemente suavizó e hizo un poco áspero el sabor del mango, pero todo indicaba que no había reparado en eso.
El orgasmo llegó, lenta, prolongada y terminantemente.
Jugo.
Un orgasmo líquido explotó entre las vísceras de la mujer. La cabeza le dolía, pero era delicioso. La boca, con sabor a sangre luego de varios minutos de disipado el sabor del mango, le intrigaba. La cabeza por la presión, la lengua por la cortada, el vientre y la vulva por las contracciones. Los dedos y los labios por lo quemante del jugo. Los pies por engarrotados. Todo le dolía.
Pero el orgasmo no acababa.
Aún se retorcía por el suelo nitrogenado. La sangre de sus oídos empezaba a bañar el cabello rojo y rizado de Camila, a modo de brocha.
Pero el orgasmo no acababa.
Intentó incorporarse en pleno éxtasis, y sólo consiguió caer temblorosamente. Las venas de sus brazos ya tenían color oscuro, además de textura. Los ojos estaban rojos, y cansados de la presión.
Pero el orgasmo no acababa.
La combinación de olores, mango, sudor, genitales, sangre marchita, tierra mojada. Era todo perfecto.
Pero el orgasmo acabó.
El cadáver deforme de Camila nunca se liberó de su forma contraída. No mientras Rodrigo, llorando, tomaba notas en su libreta de proyectos.
"La fruta será perfecta. Un torrente salvaje, arrollador, enajenante, casi agresivo de sensaciones placenteras, que traigan la felicidad a quienquiera que pruebe su poderosa carne o semilla, y que le dure hasta el resto de su vida. Debe ser deliciosa, duradera en las manos y en la boca, no tan dulce, para no empalagar. No tan ácida, si lo es, para no hacer rechinar los dientes".
Recogió el cadáver en un enorme agujero para composta. Tiró el mango, cerró el invernadero y camino a su habitación, se puso a analizar los resultados.
- Hasta el resto de su vida... pero los dientes añun rechinan.
Le esperaba una nueva tarea a Rodrigo Pérez. Esta vez sería más sencillo.
Quizá por eso su mujer, Camila (Camila Pérez es nombre de narcotraficante) se fijó en él. Porque estaba loco. Llega un momento en la vida de toda persona que es necesario emprender la búsqueda de la locura. Y a ella, a sus treinta y cinco de plenitud, ya le había llegado.
Rodrigo, en un arranque poètico-práctico, decidió hacer la mejor fruta del mundo. Buscó por muchos lugares. No salió del país por, además de razones económicas, la idea de que la fruta perfecta debía ser conocida, no por mediocre, sino para no inspirar temor a la hora de venderla. ¿Porqué venderla? Porque todo el mundo debía conocerla, tan sólo para que la humanidad supiera de qué trata eso que le llaman "verdadera perfección".
- La fruta será perfecta. Un torrente salvaje, arrollador, enajenante, casi agresivo de sensaciones placenteras, que traigan la felicidad a quienquiera que pruebe su poderosa carne o semilla, y que le dure hasta el resto de su vida. Debe ser deliciosa, duradera en las manos y en la boca, no tan dulce, para no empalagar. No tan ácida, si lo es, para no hacer rechinar los dientes - decía.
La respuesta a su pregunta era el mango. Fruto exótico, conocido, fino cuando se le sabe tratar, y un sabor muy particular cuando se respetan sus tiempos de maduración. Eso sí, como toda fruta jugosa, habría que cuidar escoger la temporada correcta, la del clima sensual del verano. Su aspecto, pelado, es sucio, enmarañado y desordenado. Su piel no siempre podía ser perfecta, debido a las coloraciones. A veces, la carne es demasiado fibrosa. Problemas simples para un científico de la talla del delincuente Rodrigo Pérez, que supo solucionar sin inconvenientes gracias a la meditación correcta de la información y una sana alimentación a base del mismo mango, para conocer la materia.
El producto estuvo finalmente listo. Un hermoso y bien formado árbol de invernadero era el primer ejemplar de una familia entera de productores de placer. Tanto placer que la felicidad simplemente no tendría cabida, o sería indistinguible.
La egolatría de Rodrigo le impidió ser el primero en probar la maravillosa, carnosa (supongo que hay que insistir en este adjetivo) y uniforme fruta de pasión.
La primera, entonces, fue la narcotraficante Camila. Después de cuestionar tantas veces la falta de prueba con animales propios de la actividad y del contrargumento de que los animales no tienen sentimientos (a juicio del intérprete), accedió a probar.
Camila, con ojos de protagonista de telenovela, tomó un cuchillo sin mucho filo, y empezó a partir una rebanada, como si fuera un aguacate. El jugo salió de entre la cáscara. EL aroma inmediatamente, y de una extraña manera, empezó a actuar cual masaje directamente sobre la vagina.
Ella guardó silencio, y siguió.

Carne y jugo.
Con los dedos desprendió una parte de la cáscara a la rebanada, y la introdujo a su boca. Mordió despacio.
El mundo estaba oscuro. Camila había perdido la vista. Una centelleante oscuridad la acribilló desde atrás, indolora.
Carne y jugo.
Fuegos artificiales, como la sensación de los polvitos efervescentes de las paletas con maltodextrina, empezaron a aparecer en los párpados cerrados de Camila.
Su pantalón de mezclilla se ajustaba a la piel de las piernas. El aire empezaba a faltar, despacio. Se estaba asfixiando. Y se estaba excitando. Los dientes empezaban a rechinar, no por el efecto de la fruta, sino por las endorfinas que se estaban reproduciendo como conejos en todo el complejo sanguíneo de la dama. Sólo quería exclamar ¡Placerrr! Pero su inconsciente le ordenaba que siguiera masticando, que siguiera liberando ese extraño sabor.
Jugo.
Cada choque de moléculas de jugo de mango contra la garganta era una quemazón insoportable, pero aliviadora. Cada desliz de los azúcares sobre la lengua eran percibidos por medio de la pesadez de los ojos, de la palpitación de su clítoris, de la sensación de caer en pie, de todos los sentidos menos la vista agudizados.
Después de varios minutos, Camila terminó la rebanada. Rodrigo se limitaba a verla lamiendo cada centímetro cuadrado de la cáscara y de sus dedos sucios, sin decir palabra, asombrado.
Camila cayó al suelo del invernadero. Sus cabellos, rojos y rizados, se ensuciaron con el polvo. Pronto toda ella estaría sucia, por retorcerse de placer.
Era una escena asquerosa.
Era una situación envidiable.
Camila pidió más. Rodrigo, tratando de ocultar su asombro y su maravillado semblante, cortó una nueva rebanada del mismo grueso que la anterior, y la partió por la mitad. Quitó la cáscara y le puso el trozo de carne directo en la boca, como si careciera ella de manos y ojos. Porque de hecho, sus ojos eran inservibles por los párpados y sus manos se encontraban ocupadas, masturbándola suave pero frenéticamente.
Los dientes volvían a masticar. Camila se había mordido la lengua. La sangre probablemente suavizó e hizo un poco áspero el sabor del mango, pero todo indicaba que no había reparado en eso.
El orgasmo llegó, lenta, prolongada y terminantemente.
Jugo.
Un orgasmo líquido explotó entre las vísceras de la mujer. La cabeza le dolía, pero era delicioso. La boca, con sabor a sangre luego de varios minutos de disipado el sabor del mango, le intrigaba. La cabeza por la presión, la lengua por la cortada, el vientre y la vulva por las contracciones. Los dedos y los labios por lo quemante del jugo. Los pies por engarrotados. Todo le dolía.
Pero el orgasmo no acababa.
Aún se retorcía por el suelo nitrogenado. La sangre de sus oídos empezaba a bañar el cabello rojo y rizado de Camila, a modo de brocha.
Pero el orgasmo no acababa.
Intentó incorporarse en pleno éxtasis, y sólo consiguió caer temblorosamente. Las venas de sus brazos ya tenían color oscuro, además de textura. Los ojos estaban rojos, y cansados de la presión.
Pero el orgasmo no acababa.
La combinación de olores, mango, sudor, genitales, sangre marchita, tierra mojada. Era todo perfecto.
Pero el orgasmo acabó.
El cadáver deforme de Camila nunca se liberó de su forma contraída. No mientras Rodrigo, llorando, tomaba notas en su libreta de proyectos.
"La fruta será perfecta. Un torrente salvaje, arrollador, enajenante, casi agresivo de sensaciones placenteras, que traigan la felicidad a quienquiera que pruebe su poderosa carne o semilla, y que le dure hasta el resto de su vida. Debe ser deliciosa, duradera en las manos y en la boca, no tan dulce, para no empalagar. No tan ácida, si lo es, para no hacer rechinar los dientes".
Recogió el cadáver en un enorme agujero para composta. Tiró el mango, cerró el invernadero y camino a su habitación, se puso a analizar los resultados.
- Hasta el resto de su vida... pero los dientes añun rechinan.
Le esperaba una nueva tarea a Rodrigo Pérez. Esta vez sería más sencillo.
1 de enero de 2009
22 de diciembre de 2008
Verde navidad
Estaba furiosa. La niña Murcia realmente estaba furiosa por no haber recibido su regalo de navidad. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa por hacer su reclamo. ¿Cómo era posible que Santa, el siempre cumplidor (como un gigoló), le hubiera fallado este año?
Tomó su chamarra más abrigadora, su cartera (usted, lector, no pregunte de dónde tiene esta niña cartera con dinero) y esperó a media noche. Tenía suerte que sus padres no practicaran el postcopeo y durmieran temprano. Dió un brinco a la acera y echó a correr a la avenida principal a tomar un taxi, el cual la conduciría al aeropuerto.
Compró el boleto y a las dos y media, con algo de retraso, partió el vuelo diario único al Polo Sur, que es donde estaban las oficinas gubernamentales de Corporación Santa y el Partido Navideño Internacional. Esto era una ventaja, pues llevar el caso a política sería escandaloso para el corporativo. Además, en el avión estarían pasando la película de Santa Cláusula 2, lo cual le producía a la niña Murcia la suficiente ira para como para dejarse intimidar.
Después de un vuelo retrasado, soportar los pedos de una señora que parecía pavo mal cocido y la gangosa voz de la amable azafata, llegó al aeropuerto del Polo. Se detuvo a comer una Big Mac (que, por supuesto, aún hoy sigue digiriendo) y un Peppermint Mocha Twist, y sin perder más tiempo corrió a tomar un taxi para ir al corporativo.
Gracias a los infiernos que la fila de quejas estaba categorizada por tipo. Su fila, la de reclamos por falta de regalo, era muy corta, debido a las pocas personas que se pueden pagar un boleto de avión al Polo. Después de esperar sentada una hora (eso es suerte) fue atendida por un amable robot que suplía a la encargada, pues apenas estaba desayunando. "El primer refunfuño de la mañana", pensó la niña Murcia.
La niña, elegante y altivamente accesible como fue educada, le planteó su problema al robot. Éste tecleó el número de afiliado en la base de datos y resolvió la causa prima, diciéndole al cliente que no había pedido cita con Santa Claus cuando estuvo de diligencia en uno de los siete diferentes centros comerciales de su localidad, y que por eso Santa no tenía ninguna petición de su parte. Segundo refunfuño. La niña Murcia fue la primera de la fila aquel día, ni siquiera desayunó por ir a ver al representante oficial de Santanás.
La hamburguesa hizo su efecto. La niña Murcia estaba encabronada. Tomó al robot de la pantalla táctil y le palmoteó: "Quiero ver al delegado en México, ahora". La empleada desayunando se alteró, dejó los dildos en la mesa, se limpió las manos con la falda y finalmente le dijo a la niña, nerviosa: "Sígame, por favor".
El delegado, también desayunando, interrumpió su alimento y su llamada telefónica pseudoimportante para atender a la primera persona en más de medio siglo que exigía su persona directamente. De su puerta cerrada salieron sonidos de una mujer siendo empujada, el uso del baño de manera frenética y unas respiraciones agitadas, antes de abrir la puerta.
La niña Murcia tomó asiento.
- A verrr... - dijo el barbudo y desaseado hombre, de traje barato y reloj espantoso - Dice usted que no recibió su regalo de este año. Murcia López, ocho años, afiliada 00012354351321, reside en... México, por supuesto, sino no estaría conmigo... - Hizo una pausa para mirar sus pequeños y rabiosos ojos negros, en busca de alguna señal delatora, la cual no encontró. - Mire, señorita López... la base de datos local no encuentra si usted realizó su cita previa con Santa... Entonces le voy a pedir su comprobante de pago para verificar que haya sido correctamente introducido a la base... - Tercer refunfuño. Murcia sacó el boucher de la chamarra y lo exhibió al tipo.
- Oiga... - Dijo el delegado después de examinar el anverso, que contenía el sello de la delegación, el sello oficial de Corporativo Santa y el sello del trasero de la niña, juzgando donde lo guardó aquel día. - Este boucher está incompleto... ¿No le dijeron que debía tener el sello del sindicato y del Partido? Este boucher es, de hecho, ilegal. Lo siento mucho, - se lame el labio - no puedo ayudarle.
La hamburguesa había dado al traste con la paciencia de la niña. ¿Qué ganaba reclamando por un regalo cuyo único costo era percibido por los esclavos obreros ensambladores de Hawaii? Un regalo que, de entrada es gratis, carece de valor. Pero la niña Murcia no se iba a dejar por vencida.
Después de un largo proceso de un día y medio, que por obvias razones no describiré, la niña Murcia consiguió una cita entre la apretadísima agenda vacacional del mismísimo Santa.
Entra a su oficina.
La niña Murcia estaba cansada, hambrienta y su Winchester recortada sólo tenía municiones para dos disparos. En un rápido viaje al baño, se lavó la cara y cargó el fusil, antes que Santa terminara su llamada oficial de esas que suele durar quince minutos de a minuto y medio cada uno.
Santa lucía poderoso en esa oficina oscura, iluminado sólo de la nariz para abajo, como en las películas. Santa sabía que esta patética forma de esconderse da miedo.
Pero a la niña Murcia no le importaba.
Estaba sedienta, la boca le sabía a fierro, el hambre la doblaba, el sueño la neutralizaba y las lágrimas eran tantas que tenían olor (delicioso, si quiere el lector que lo describa), Su brazo y un ojo eran lo único que necesitaba. El temor a morir de Santa era lo único que le podría alimentar. Sacó la escopeta. Apuntó a Santa. Pensó cuán facil esa escopeta libró la seguridad del edificio. Pero no había tiempo de pequeñeces.
Pull the trigger. Estruendo mágico. Daño irreparable. Chorros de sangre. Todo eso y paz esperaba la niña Murcia. Esperó horas interminables, llorando al fin su pena. Esperaba la sangre de Santa salir de entre las sombras. Lamerla o tenerla de recuerdo, en un pañuelo.
La sangre no apareció. Desconcertada, y convencida por el silencio del lugar, dio media vuelta, dispuesta a marcharse.
Ahí estaba Santa. Pasivo, enérgico, desgraciado. Una Colt dorada calibre .45 lucía ajustada a su guante blanco.
- Nunca destruirás MI navidad, niña estúpida y sucia. - Murcia hizo una mueca, como si masticara algo. El balazo en la frente fue fulminante.
Las lágrimas de Murcia cayeron después del cuerpo, suspendiéndose y deshaciéndose en hermosos fractales en el éter...
- No es mi culpa - patea el cadáver mientras habla en inglés - que no hayas tramitado bien tu boucher. No tengo tiempo para pendejadas. Por tí no se acabará la navidad que a tanta gente cura su corazón. Por tí - patea de nuevo - no se extinguirá el imperio mercadotécnico más - patea - grande - patea - del mmmundoo, perra!! - patea cuatro veces a la cara.
Unos instantes después, la secretaria había encontrado, en su oficina, al señor S muerto, una niña de ocho años con un balazo en la cabeza, una escuadra, una escopeta y un raro olor a heno, que provenía de la boca de la niña.
Era gas fosgeno. Santa estaba rojiazul.
Tomó su chamarra más abrigadora, su cartera (usted, lector, no pregunte de dónde tiene esta niña cartera con dinero) y esperó a media noche. Tenía suerte que sus padres no practicaran el postcopeo y durmieran temprano. Dió un brinco a la acera y echó a correr a la avenida principal a tomar un taxi, el cual la conduciría al aeropuerto.
Compró el boleto y a las dos y media, con algo de retraso, partió el vuelo diario único al Polo Sur, que es donde estaban las oficinas gubernamentales de Corporación Santa y el Partido Navideño Internacional. Esto era una ventaja, pues llevar el caso a política sería escandaloso para el corporativo. Además, en el avión estarían pasando la película de Santa Cláusula 2, lo cual le producía a la niña Murcia la suficiente ira para como para dejarse intimidar.
Después de un vuelo retrasado, soportar los pedos de una señora que parecía pavo mal cocido y la gangosa voz de la amable azafata, llegó al aeropuerto del Polo. Se detuvo a comer una Big Mac (que, por supuesto, aún hoy sigue digiriendo) y un Peppermint Mocha Twist, y sin perder más tiempo corrió a tomar un taxi para ir al corporativo.
Gracias a los infiernos que la fila de quejas estaba categorizada por tipo. Su fila, la de reclamos por falta de regalo, era muy corta, debido a las pocas personas que se pueden pagar un boleto de avión al Polo. Después de esperar sentada una hora (eso es suerte) fue atendida por un amable robot que suplía a la encargada, pues apenas estaba desayunando. "El primer refunfuño de la mañana", pensó la niña Murcia.
La niña, elegante y altivamente accesible como fue educada, le planteó su problema al robot. Éste tecleó el número de afiliado en la base de datos y resolvió la causa prima, diciéndole al cliente que no había pedido cita con Santa Claus cuando estuvo de diligencia en uno de los siete diferentes centros comerciales de su localidad, y que por eso Santa no tenía ninguna petición de su parte. Segundo refunfuño. La niña Murcia fue la primera de la fila aquel día, ni siquiera desayunó por ir a ver al representante oficial de Santanás.
La hamburguesa hizo su efecto. La niña Murcia estaba encabronada. Tomó al robot de la pantalla táctil y le palmoteó: "Quiero ver al delegado en México, ahora". La empleada desayunando se alteró, dejó los dildos en la mesa, se limpió las manos con la falda y finalmente le dijo a la niña, nerviosa: "Sígame, por favor".
El delegado, también desayunando, interrumpió su alimento y su llamada telefónica pseudoimportante para atender a la primera persona en más de medio siglo que exigía su persona directamente. De su puerta cerrada salieron sonidos de una mujer siendo empujada, el uso del baño de manera frenética y unas respiraciones agitadas, antes de abrir la puerta.
La niña Murcia tomó asiento.
- A verrr... - dijo el barbudo y desaseado hombre, de traje barato y reloj espantoso - Dice usted que no recibió su regalo de este año. Murcia López, ocho años, afiliada 00012354351321, reside en... México, por supuesto, sino no estaría conmigo... - Hizo una pausa para mirar sus pequeños y rabiosos ojos negros, en busca de alguna señal delatora, la cual no encontró. - Mire, señorita López... la base de datos local no encuentra si usted realizó su cita previa con Santa... Entonces le voy a pedir su comprobante de pago para verificar que haya sido correctamente introducido a la base... - Tercer refunfuño. Murcia sacó el boucher de la chamarra y lo exhibió al tipo.
- Oiga... - Dijo el delegado después de examinar el anverso, que contenía el sello de la delegación, el sello oficial de Corporativo Santa y el sello del trasero de la niña, juzgando donde lo guardó aquel día. - Este boucher está incompleto... ¿No le dijeron que debía tener el sello del sindicato y del Partido? Este boucher es, de hecho, ilegal. Lo siento mucho, - se lame el labio - no puedo ayudarle.
La hamburguesa había dado al traste con la paciencia de la niña. ¿Qué ganaba reclamando por un regalo cuyo único costo era percibido por los esclavos obreros ensambladores de Hawaii? Un regalo que, de entrada es gratis, carece de valor. Pero la niña Murcia no se iba a dejar por vencida.
Después de un largo proceso de un día y medio, que por obvias razones no describiré, la niña Murcia consiguió una cita entre la apretadísima agenda vacacional del mismísimo Santa.
Entra a su oficina.
La niña Murcia estaba cansada, hambrienta y su Winchester recortada sólo tenía municiones para dos disparos. En un rápido viaje al baño, se lavó la cara y cargó el fusil, antes que Santa terminara su llamada oficial de esas que suele durar quince minutos de a minuto y medio cada uno.
Santa lucía poderoso en esa oficina oscura, iluminado sólo de la nariz para abajo, como en las películas. Santa sabía que esta patética forma de esconderse da miedo.
Pero a la niña Murcia no le importaba.
Estaba sedienta, la boca le sabía a fierro, el hambre la doblaba, el sueño la neutralizaba y las lágrimas eran tantas que tenían olor (delicioso, si quiere el lector que lo describa), Su brazo y un ojo eran lo único que necesitaba. El temor a morir de Santa era lo único que le podría alimentar. Sacó la escopeta. Apuntó a Santa. Pensó cuán facil esa escopeta libró la seguridad del edificio. Pero no había tiempo de pequeñeces.
Pull the trigger. Estruendo mágico. Daño irreparable. Chorros de sangre. Todo eso y paz esperaba la niña Murcia. Esperó horas interminables, llorando al fin su pena. Esperaba la sangre de Santa salir de entre las sombras. Lamerla o tenerla de recuerdo, en un pañuelo.
La sangre no apareció. Desconcertada, y convencida por el silencio del lugar, dio media vuelta, dispuesta a marcharse.
Ahí estaba Santa. Pasivo, enérgico, desgraciado. Una Colt dorada calibre .45 lucía ajustada a su guante blanco.
- Nunca destruirás MI navidad, niña estúpida y sucia. - Murcia hizo una mueca, como si masticara algo. El balazo en la frente fue fulminante.
Las lágrimas de Murcia cayeron después del cuerpo, suspendiéndose y deshaciéndose en hermosos fractales en el éter...
- No es mi culpa - patea el cadáver mientras habla en inglés - que no hayas tramitado bien tu boucher. No tengo tiempo para pendejadas. Por tí no se acabará la navidad que a tanta gente cura su corazón. Por tí - patea de nuevo - no se extinguirá el imperio mercadotécnico más - patea - grande - patea - del mmmundoo, perra!! - patea cuatro veces a la cara.
Unos instantes después, la secretaria había encontrado, en su oficina, al señor S muerto, una niña de ocho años con un balazo en la cabeza, una escuadra, una escopeta y un raro olor a heno, que provenía de la boca de la niña.
Era gas fosgeno. Santa estaba rojiazul.
19 de diciembre de 2008
Ravenous
Feel the rage in all of your holes,
You must realize I am your foe.
Feel my whipping destruction,
feel the blood in your asshole...
Machines torturing your guts,
your assflesh bouncing with my chains,
I`ll hurt you till you worn out
and your mind can´t feel no pain.
Your skin... Ravenous... of paddles!
Bones crashing, superbondage,
outraging screaming carcass,
carving the Hell beneath your eyes,
stop shouting me your disgrace
Your skin... Ravenous... of paddles!
Your skin... Ravenous... of paddles!
You must realize I am your foe.
Feel my whipping destruction,
feel the blood in your asshole...
Machines torturing your guts,
your assflesh bouncing with my chains,
I`ll hurt you till you worn out
and your mind can´t feel no pain.
Your skin... Ravenous... of paddles!
Bones crashing, superbondage,
outraging screaming carcass,
carving the Hell beneath your eyes,
stop shouting me your disgrace
Your skin... Ravenous... of paddles!
Your skin... Ravenous... of paddles!
16 de diciembre de 2008
Moonspell - Scorpion Flower (ft A.V. Giersbergen)
Disfruten y no pregunten, sólo por esta vez.
Curse the day, hail the night
Flower grown in the wild
In your empty heart
In the breast that feeds
Flower worn in the dark
Can I steal your mind for a while?
Can I stop your heart for a while?
Can I freeze your soul and your time?
Scorpion flower
Token of death
Ignite the skies with your eyes
And keep me away from your light
Surrender tears to your mortal act
Flower cursed be thy fruit
Of your courage last
Of your grand finale
Flower crushed in the ground
In your empty heart
In the breast that feeds
Flower worn in the dark
Can I steal your mind for a while?
Can I stop your heart for a while?
Can I freeze your soul and your time?
Scorpion flower
Token of death
Ignite the skies with your eyes
In your empty heart
In the breast that feeds
Flower worn in the dark
Can I steal your mind for a while?
Can I stop your heart for a while?
Can I freeze your soul and your time?
Scorpion flower
Token of death
Ignite the skies with your eyes...
Flower grown in the wild
In your empty heart
In the breast that feeds
Flower worn in the dark
Can I steal your mind for a while?
Can I stop your heart for a while?
Can I freeze your soul and your time?
Scorpion flower
Token of death
Ignite the skies with your eyes
And keep me away from your light
Surrender tears to your mortal act
Flower cursed be thy fruit
Of your courage last
Of your grand finale
Flower crushed in the ground
In your empty heart
In the breast that feeds
Flower worn in the dark
Can I steal your mind for a while?
Can I stop your heart for a while?
Can I freeze your soul and your time?
Scorpion flower
Token of death
Ignite the skies with your eyes
In your empty heart
In the breast that feeds
Flower worn in the dark
Can I steal your mind for a while?
Can I stop your heart for a while?
Can I freeze your soul and your time?
Scorpion flower
Token of death
Ignite the skies with your eyes...
Cognosis
Mira al cielo. Gris, negro, verde. No hay diferencia. La multitud que en él se desparrama te acosa. Te reclama que abras los ojos y mires la belleza.
Buscas, y no encuentras. Lo sé, porque lo he vivido. Suele pasar.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Mira la música. Luces de neón bailando al ritmo del electro. Visualizaciones llenas de matemáticas y colores. Treinta y dos bits de resolución. Tan exacta como el sentimiento.
Tratas de sentir, pero no puedes. Lo sé, porque lo he intentado.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Mira tus pies descalzos. Hongos diminutos, imperceptibles a la vista, tratando de sobrevivir a la crueldad del clotrimazol. Uñas recortadas, todas al más puro estilo militar, excepto aquel meñique sangrante. Tan doloroso como aquello que llamas "el mismo infierno".
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Mira tus manos. Olorosas a cabello sucio. Trata de recordar a quién pertenece esa grasa capilar. Trata de recordar la cabeza de quién acariciaste, pues el aroma a flores revela que no ha sido la tuya. Mira más de cerca. Ahí, en tus uñas. Sin duda, son rastros de piel humana. Te agarraste de las greñas con alguien, literalmente. Lo sé, porque ese alguien fui yo.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Mira al suelo. Llevas horas mirando al frente. Ya era hora que el vértigo hiciera efecto en el interior de tus oídos. ¡Manos al frente!
Has caído. Por suerte, te he advertido. Espera, no te levantes. Voltea a tu izquierda. Anda, gira la cabeza un poco. Sí, es mi rostro. Míralo. Te he estado observando aquí, desde hace un rato, desde que me tiraste al suelo, desde que perdiste la razón y te quedaste ahí, paralizada, como pájaro enjaulado, espantado por un gato a medianoche.
Me encanta tu mirada de perplejidad. Resalta lo hermosa que eres. Lo sé, porque te conozco.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Reincorpórate. Lentamente, aún debes estar mareada. Recuperarse del shock será la excusa perfecta para comprar uno de esos refrescos derriteclavos. Pero, espérame. ¿Me podrías echar una mano? ¿Podrías cargar mi cabeza y llevarme a una funeraria, o al menosme dejarías dormir en el refrigerador de tu casa? Es lo menos que puedes hacer después de matarme, como lo has hecho. No te preocupes por el resto del cuerpo, es pesado, hace frío y nadie se lo llevará.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Aún no entiendo porqué me has matado. Aún no entiendo porqué separaste mi cuerpo de mi cabeza. Aún no entiendo que de feo e incongruente tienen mi cuerpo respecto de mi cabeza. Aún no entiendo porqué pelaste los dientes placenteramente cuando veías mi cuerpo gozar como nunca, mientras mi mente se retorcía de dolor, de saber que tienes una buena razón para matarme: el puro gusto.
Aún no te entiendo. Nunca quise hacerlo. Quizá por eso no he muerto.
Fuera de bromas, me gustaría saber cuanto tiempo permaneceré al lado de este helado barato de chocolate y las veduras americanas. No me gusta tener frío y hambre al mismo tiempo...
Buscas, y no encuentras. Lo sé, porque lo he vivido. Suele pasar.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Mira la música. Luces de neón bailando al ritmo del electro. Visualizaciones llenas de matemáticas y colores. Treinta y dos bits de resolución. Tan exacta como el sentimiento.
Tratas de sentir, pero no puedes. Lo sé, porque lo he intentado.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Mira tus pies descalzos. Hongos diminutos, imperceptibles a la vista, tratando de sobrevivir a la crueldad del clotrimazol. Uñas recortadas, todas al más puro estilo militar, excepto aquel meñique sangrante. Tan doloroso como aquello que llamas "el mismo infierno".
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Mira tus manos. Olorosas a cabello sucio. Trata de recordar a quién pertenece esa grasa capilar. Trata de recordar la cabeza de quién acariciaste, pues el aroma a flores revela que no ha sido la tuya. Mira más de cerca. Ahí, en tus uñas. Sin duda, son rastros de piel humana. Te agarraste de las greñas con alguien, literalmente. Lo sé, porque ese alguien fui yo.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Mira al suelo. Llevas horas mirando al frente. Ya era hora que el vértigo hiciera efecto en el interior de tus oídos. ¡Manos al frente!
Has caído. Por suerte, te he advertido. Espera, no te levantes. Voltea a tu izquierda. Anda, gira la cabeza un poco. Sí, es mi rostro. Míralo. Te he estado observando aquí, desde hace un rato, desde que me tiraste al suelo, desde que perdiste la razón y te quedaste ahí, paralizada, como pájaro enjaulado, espantado por un gato a medianoche.
Me encanta tu mirada de perplejidad. Resalta lo hermosa que eres. Lo sé, porque te conozco.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Reincorpórate. Lentamente, aún debes estar mareada. Recuperarse del shock será la excusa perfecta para comprar uno de esos refrescos derriteclavos. Pero, espérame. ¿Me podrías echar una mano? ¿Podrías cargar mi cabeza y llevarme a una funeraria, o al menosme dejarías dormir en el refrigerador de tu casa? Es lo menos que puedes hacer después de matarme, como lo has hecho. No te preocupes por el resto del cuerpo, es pesado, hace frío y nadie se lo llevará.
"Sólo quien sea capaz de odiar sin razón será capaz de amarme."
Aún no entiendo porqué me has matado. Aún no entiendo porqué separaste mi cuerpo de mi cabeza. Aún no entiendo que de feo e incongruente tienen mi cuerpo respecto de mi cabeza. Aún no entiendo porqué pelaste los dientes placenteramente cuando veías mi cuerpo gozar como nunca, mientras mi mente se retorcía de dolor, de saber que tienes una buena razón para matarme: el puro gusto.
Aún no te entiendo. Nunca quise hacerlo. Quizá por eso no he muerto.
Michelle Jenner. Actriz cualquiera, excelente foto.
Fuera de bromas, me gustaría saber cuanto tiempo permaneceré al lado de este helado barato de chocolate y las veduras americanas. No me gusta tener frío y hambre al mismo tiempo...
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