Quise escribir en este espacio una analogía al color rojo. Pude citar la sangre, la carne, los ojos vampíricos, el aroma de la muerte... Pero no. Este blog es rojo porque yo lo deseo. Eso debería bastar.
7 de noviembre de 2011
Aero
Volar, dicen los hombres, es propio de las aves,
y de los seres que piensan.
Volar, dicen, es desprender los pies del cielo,
elevar la mente sobre la conciencia,
sentir que existe un todo más allá del todo...
Volar no es mas que un sueño.
Volar es propio de los impacientes
que desean encontrar en el viento
aquello que no encuentran en tierra firme,
Volar es alcanzar estrellas teñidas en ardor,
quemar la piel en ella, cual carne al fogón.
Ser carne de estrellas, comida de estrellas,
degustado por estrellas, consumido por ellas.
Demonios alados persiguen el viaje,
esperando a que algun incauto caiga,
para trasladarlo a la penumbra,
donde las alas son sólo jirones de papel...
Volar es propio de los soñadores,
aquellos que no desean ver dolor en el mundo,
aquellos que quisieran dormir volando,
entre sábanas de lluvia y almohadas de nubes,
volar es de los habitantes del reino de Oneiros,
que hacen el amor con las musas celestiales,
mientras Apolo revoluciona la lira
creando música de eterno descanso,
mientras los pies se regocijan con algodones,
con vino y con estelas de vientos alegres.
Pero volar no es mas que el eterno descender...
El mundo entero vuela, pues el mundo entero cae,
pecadores ardiendo al roce del viento con sus pieles,
sollozando de euforia, enmascarada de dolor,
lágrimas brotando e hirviendo, muriendo al nacer,
un enorme abismo, tan sublime
como el existir, como el vivir al límite.
Volar no es ir al cielo, ni estancarse en el infierno,
es reclamar las sensaciones de la olas en la cara,
exhaltar la adrenalina ante tremenda hazaña,
matar de dolor al alma tanto que en placer renazca,
Volar no es ascender, es precipitarse, ir en picada.
No es extenderse, es agudizarse, afinar el espíritu
y embestir una dimensión física
que puede reclamar la vida.
Volar no es ser libre, no es llorar de alegría,
es el vivir mismo, forjar la aerodinámica de la existencia,
pasar por el infierno mismo antes de librarse de él,
congelar el alma, y sentir por siempre,
temer por siempre,
amar por siempre...
Quiero volar,
y quiero que vueles conmigo.
25 de octubre de 2011
1878
Hace ciento treinta y tres años que sentía tu abrazo.
Ciento treinta y tres de vagar en este mundo tan... humano,
un mundo que me rechazó,
un mundo al que yo pertenecí...
Aún recuerdo cuando tendían la primera telefónica
que partía del castillo de Chapultepec.
Tantos héroes que nacieron de ahí,
hechos para defender nuestra patria,
y ahora el general Díaz quería usar para la guerra
el pilar intrínseco del hombre: la comunicación.
Y ahí estabas, soberbia, pero con esa hermosa
mirada púrpura, sobrenatural...
Fue ayer cuando yo vagaba entre las haciendas,
pidiendo trabajo a cambio de comida,
yo que alguna vez fui un periodista destacado,
víctima de la censura terrible del porfiriato,
y tu, entre los maizales, erguida cual guerrera,
limpiando tus labios de aquello que creía sangre...
Me llevaste a tus aposentos, a tu preciosa sala
adornada de sugerentes maquetas de la era industrial inglesa,
me sugeriste ese precioso habano, para posarlo en mi boca,
y en medio de la humareda, contemplaste mi rostro,
me describiste aquella asombrosa máquina de vapor,
autónoma, que prometía velocidades de 50 kilómetros por hora
para un coche de producción masiva.
Me mostraste un sistema experimental
que podía llevar múltiples conversaciones
en tan solo un par de cobre, en una sola línea telefónica...
Me mostraste tu habitación, con tus copias originales
de Tolouse-Lautrec, de Seurat, de Gauguin,
un borrador del actual Fatata te miti,
tan bizarro como hermoso ante mis ojos...
Me mostraste la espesura de tu cabellera
al quitarte ese molesto intento de cofia...
me mostraste que mi cuerpo, famélico y endeble,
aún era lo suficientemente fuerte para amar,
me mostraste que tu desnudez no es una obra de arte,
que tu carne no es cálida por que estuvieras realmente viva,
que tu piel tornasol es deliciosa al contacto de la noche...
y ese cálido ocaso de septiembre
me tomaste entre tus brazos, te convertiste en mi dueña,
me ordenaste que bebiera de tu cuerpo,
de tu piel, de tus labios, de tu miel, de tu sangre,
al tiempo que tu hacías lo mismo conmigo,
y así lo hice...
y mientras yo te amaba, tu me matabas,
y mientras yo enloquecía, tu me mirabas,
y mientras yo perecía... te regocijabas...
y la oscuridad se convertía en bebida,
y nos embriagábamos sin cesar...
Y esa noche, al hablar pestes de nuestro dictador,
al discutir de las nuevas tendencias de arte,
al cantar bajo las estrellas cánticos paganos,
descubrí la terrible hambre que contagiaste en mi ser...
Cuando amaneció, al siguiente dia, me encontraba en la cárcel.
Decían que devoré ferozmente siete cabezas de ganado,
que hice incisiones en sus yugulares, y que casi devoro sus fluídos...
y yo podía percibir tu aroma,
a mujer, a demonio, a vampiro,
alejándose para siempre de estas tierras corruptas.
Te lloré, sufrí de hambre, sufrí de hastío, tuve mi inicio duro
como todos los de mi especie.
Y ahora, que soy respetado, que soy poderoso,
extraño mi vieja profesión humana,
ser un periodista virtuoso
y ser vetado por ello,
porque como todo ser eterno,
a veces es bueno sentir el desprecio en carne
de alguien que no sea uno mismo.
16 de octubre de 2011
Pensar sobre pensar
Quiero pensar que sé lo que estás pensando.
Quiero pensar que odias que piense que sé lo que piensas.
Yo también he pensado cosas así.
Yo también he pensado cosas así, sobre tí.
Yo también he pensado que este mundo no vale la pena.
Yo también he pensado que la bondad del alma es recompensada con un mal rostro.
Yo también he pensado que dar las gracias es sólo valioso de palabra, pero no de acto.
Yo también he pensado a veces que tu amor no vale gran cosa para mí.
Yo también he pensado que sonreir no me resolverá ni la vida ni mi destino.
Yo también he pensado en abandonarlo todo.
Yo tambien he pensado en resignarme a esta vida que no me complace.
Yo también he pensado en que debería dejarme llevar por las circunstancias.
Yo también he pensado en que los frenos morales no siempre son los adecuados para alcanzar la paz.
Yo también he pensado en que la paz es sólo una palabra.
Yo también he pensado en que la perfección existe, aún cuando no la he palpado.
Yo también he pensado en que los cuentos de hadas existen, y que puedo vivir en uno de ellos.
Yo también he pensado que mi vida no vale nada, ni para mí, ni para otros.
Yo también, a veces, mojo mi almohada por las noches, deseando no volver a llorar jamás...
¿Y que mas da si algo de esto es remotamente cierto?
¿Porque terminar, cuando puedes volver a comenzar?
¿Para qué terminar algo que no ha siquiera empezado?
Pero en el momento en que decidiste tomar mi mano
supuse que querías que te acompañara en tus andanzas.
Quiero pensar... que valgo algo para tí,
al igual que tu vales demasiado para mí.
Y que todo lo demás son circunstancias.
9 de octubre de 2011
Vestigios piratas
Media noche, el barco ha llegado.
Espero que hayas traído tu abrigo de lana.
En cuanto arribe a puerto, presentaremos papeles
y subiremos a nuestro camarote.
Será un largo viaje, dicen, debido a las aguas densas...
no digas a nadie que a un mes de partir
me sumergiré en el océano atlántico,
y buscaré tesoros británicos
restos de ataques piratas...
y ese extraño anillo que te dará inmortalidad.
No olvides tomar la llave del cuarto
donde guardan el equipo de buceo.
Yo me encargaré del resto.
Sube más tu sombrero, no sea que piensen los guardias
que intentas ocultar tu rostro, o que eres una ladrona.
No, eso es para mí.
Deja que me descubran. Guardaré el anillo en mi boca.
Cuando me descubran, me golpearán, y me exigirán
decir la verdad.
Pero no les dire nada hasta verte, amada mía,
y te entregaré el anillo, para que lo uses.
Sólo no olvides portarlo
hasta llegar a tierra firme, donde no puedan mirarte
ni intentar robártelo.
Prometeme, en este puerto lleno de niebla,
en esta cruda noche de octubre,
que te olvidarás de este horrible cáncer
que ha mermado tus preciados dias.
Prométeme que llegando a la India
me olvidarás, que no te preocuparás
por lo que me pudiera pasar.
Tendrán que liberarme tarde o temprano, te lo garantizo.
Y cuando yo sea libre
me dedicaré a contemplar tu arte,
y a mirar las estrellas intentando dibujar en ellas
tu rostro, que hoy es pálido y débil,
y pronto será lozano y colorido,
como esas hermosas pinturas
que nacieron de tu alma, mientras compartías
tu vida conmigo...
y cuando sea el momento, cuando estés curada,
te quitarás el anillo,
y lo volverás a arrojar al mar,
justo donde lo encontramos,
para darle vida a un soñador más,
y así permitir que cumpla su objetivo,
y que deje su huella en el mundo.
1 de octubre de 2011
Termíname
No vivo más, no en mi carne,
no en la lágrima de sabor añejo,
no en la densidad de esta niebla tierna
que alguna vez en mis mejillas se divirtió.
No, hoy no queda más calor bajo esta carne
que alguna vez ardió como hierro forjado,
en la que la pasión alguna vez posó.
En tus alas de muerte
encontré un exquisito alivio,
al fin pude cerrar los ojos
y mirar más allá del infinito.
Te entrego mis despojos, mi ser entero,
mi única posesión que pudiera valer algo,
renacen tus plumas de exquisito tacto,
renace el fulgor de tus ojos pardos,
dame la vida al ser devorado
por el encanto de tus labios tiernos,
que es mi anhelo por tí ser bebido,
y perecer tranquilo en tu regazo.
En tus alas de muerte
encontré un exquisito alivio,
al fin pude cerrar los ojos
y mirar más allá del infinito...
3 de septiembre de 2011
The flesh of a fallen angel
Quiero comerte la carne
debajo de tu carne.
Siento tanto deseo de embriagarme del aroma de tu cuello, contaminar mi perfume
con el tuyo, sentir que me consumes poco a poco, al tiempo que yo me alimento
de tu belleza, un intercambio de energías tan delicioso, tan seductor… tan
erótico… tan saludable… tan tierno, que no hay lugar a la tregua.
Tengo tantos deseos de borrar todo dolor de tu espalda, absorberlos con mis
labios, sentir cómo empiezan a arder mientras tu piel se hace más adictiva, más
tersa… sentir tus delicados senos con mi mano derecha, mientras la izquierda se
dedica a bailar por tu vientre, tus caderas, tu pierna y luego tu entrepierna,
recorriendo ese delicioso camino una y otra vez, al revés y al derecho, sin que
encuentres un momento de tranquilidad… deseo que sientas éxtasis, la
sensualidad que sólo una mujer puede conocer en sí misma, usando mis manos como
un instrumento…
Quiero comer al unísono los labios de tu vagina y de tu boca, comparar ambos
elíxires, deleitarme de ellos, beber sin cesar… beber sin parar… como si no
hubiera otra cosa en el mundo que saciara mi sed, porque la única sed que tengo
es de ti… quiero decidirme por sólo uno de esos brebajes, sólo uno, pues moriré
eternamente en tus brazos si bebo un solo instante más de ambos… mi corazón
estalla, tan sólo desea más… mis ojos buscan los tuyos, pero mi lengua busca tu
calor más íntimo…
Quiero penetrarte, suavemente, sin desespero, no hay nada de que desesperarse…
quiero sentirme dentro de ti, que me sientas dentro de ti, aguantando la
respiración con sutileza… quiero sentir tus manos amoldando sus uñas y sus
yemas en mi pecho y en mi espalda, preparándose para desgarrar toda la carne
que puedan tomar de mí… quiero que no te preocupes en lastimarme, quiero que
desesperes y enloquezcas cuanto sea necesario esta noche…
… porque esta noche soy solo tuyo, soy tu objeto de deseo, soy tu sumiso,
quiero que me tomes, me humilles bajo el poderío de tu cuerpo, mientras mis
ojos empiecen a revelar disgusto y sentimiento de revolución, y los tuyos, tan
marrones y tan tiernos, me ordenan que siga, que obedezca, que me entregue… que
coma de tí cada vez que tu comas de mí…
28 de agosto de 2011
Alimenta
Siento, absorto, la maldad oculta en tu ser.
Siento lujuria que enajena mis sentidos mortales,
que eleva mi raciocinio a niveles inimaginables.
Fuerza sobrehumana, percepciones dispersas,
la gotadora esencia de tu transpiración,
tan sucia, tan suave, tan femenina,
el lenguaje de tus ojos al tocar mi espiritu,
nuestras respiraciones entretejiéndose
en este telar, tu pintas el rojo y el dorado,
y yo el blanco y el negro,
la tela de el erótico vestido que viste esta noche,
el whiskey acariciando nuestros labios,
mi nariz fría descifrando tu espalda,
se niega a bajar tan rápido,
me niego a apresurar el saborearte,
pues tan sólo bastarían tres eternidades...
mientras tu voz mágica me cuenta en susurros
los secretos que no serán jamás descifrados.
No mires mis ojos con tu alma de dulzura,
o me llevarás tan alto, tan alto,
que tendré que llevarte conmigo
donde el dolor no es más un pretexto.
Para N.L.
14 de agosto de 2011
Lágrima diamante
Hoy, la luna está retrasada.
Tiene miedo a ser tan blanca.
Tiene miedo a que los hombres lobo
se inspiren en su figura.
Quiere ser, por siempre, nueva,
que las olas sean pacíficas,
al igual que los hombres tristes
que por ella son poetas.
Miro atento,
con deseo,
con anhelo en este monte oscuro,
mis plegarias
a tus haces
em mi rostro son lágrimas,
gotas finas,
diamantadas,
joya vasta de tus deseos...
El abismo entre el deseo
y la magna recompensa,
es cuestión de hipocresía
cuando miras las estrellas.
Vuela alto y toma todas,
roba toda su hermosura,
que tal vez no sean tan frías
como la femenina luna...
Siento ardiente
tus pupilas
suave rojo en las mias,
dejame tomar tu mano,
dejame sentir tu fuerza,
el vigor de la mentira,
seducción de luna llena
10 de agosto de 2011
Despierta, súbitamente, como si algo importante estuviera por acontecer ese sábado. No lleva calcetas ni medias, así que lo primero que hace su pie desnudo al buscar su sandalia es tocar el frío del piso marmolado, casi tan frío como metálico.
Se repasa su larga cabellera castaña oscura con sus manos, tratando de arreglar su entropía, producto de sueños infames, de sueños rotos, tan hermosos y tan bizarros como sólo una mujer joven puede tenerlos. Sus manos, firmes pero delgadas, buscan entonces esos delgados y pequeños anteojos que acabarán por tapar la hermosura de unos ojos tan claros como el fuego del infierno, y tan cautivadores como éste. Se incorpora, y una vez en pie, un pequeño ajuste a su playera de dormir la prepara para ir en busca del sagrado café matutino.
Camina lentamente, pero no con pereza, más bien con paciencia, pues sabe que todo lo malo del mundo puede ocurrirle precisamente hoy, pero también sabe que la vida no está para vivir con temor, hay que enfrentar lo que sea, en el momento que sea. La vida es una guerra, y no importa cuán rápido te muevas, mientras ella se sienta determinada a ganar.
El agua hirviendo. Abre una gaveta para sacar una taza, y brinca un libro que llevaba escondido ahí tres días. Algún título tan históricamente relacionado, como Porqué perdí la guerra (una genial narrativa de los últimos momentos de Hitler), o La hora 25 (la otra cara de la moneda, la del proletariado oprimido). Un bonito libro de pasta dura de esos que a poca gente le apasiona, excepto a nuestra protagonista. Toma el libro con una mano, pues sabe que es momento de continuar leyendo, y con el otro toma la taza más negra que se encuentra. Sabe que en una mañana fría es delicioso ver cómo la espuma se clarifica y dibuja formas en la superficie del café... fantasmas mutilados, rostros con pesares humanos, dragones guapos, emoticones aburridos pero de uso obligatorio, cuchillos clavándose en la carne... cosas tan caprichosas, tan insalubres...
Pero al momento de beber el primer sorbo, la calma llega a su bronceada piel: el color se recompone, una sonrisa sincera se dibuja en ella. El sabor invoca en ella recuerdos aprisionantes que sabe que no deben volver, lágrimas provocadas por los errores del pasado, la oscuridad invadiendo sus sentidos... siente dolor, pero sabe que no puede sentirlo igual que otras personas, sabe que la mayoría de las veces es necesario transformarlo, hacerlo digerible. Y en ese momento, su mente volátil se convierte en hedonista. Al final, el placer es el único remedio ante la pesadez del alma y del ser. Sigue bebiendo, entonces, como si su vida pendiera de ese sabor tan delicioso... pero sabe que no bastará. ¿Sexo? ¿Drogas blandas? ¿Ejercicio? ¿Embriagarse en una lectura? ¿Bailar diabólicamente con algún disco de 69 Eyes, o exaltar su feminidad con alguno otro de Depeche Mode? Sólo ella lo sabe. Pero esa tarde solitaria debe ser bien aprovechada. Porque la soledad también es un momento tan íntimo, tanto como lo es estar con su amante favorito, como lo es irse de copas con sus amigas feas (seguramente muy feas en comparación a ella misma), como lo es enamorarse de alguien imposible, como lo es confesar su fetiche más oculto.
En la mesa ve un pequeño alfiler. Lo toma, y empieza a jugar con él en su brazo. Se pincha con él. no pretendía herirse. Sin embargo, la creciente gotita de sangre le empieza a llamar la atención. La mira, atenta, se pierde en su rojo amarillento. Ya puede sentir su aroma, distinguirlo sobre el de la infusión. Duda acercarse, duda contemplar ese precioso elíxir que de ella misma nace. No puede nadie atreverse a llamarle narcisismo, porque ese ser interior que en su sangre se expone es otro ser, totalmente distinto al que ella contempla en el espejo cada vez que se desmaquilla para visitar a Oneiros.
No. Se trata de otra naturaleza. Una naturaleza prohibida, más allá del bien y del mal. Una naturaleza a la cual yo mismo, quien describe, siente un sometimiento terrible, una obsesión enfermiza por probar la exquisitez de esa vibra roja, una exquisitez a la cual el mundo material me restringe...
Pero a ella no la restringe.
Finalmente, se atreve a posar esa sustancia en su lengua. Sus ojos se cierran, su corazón late más rápido, pero también más preciso. una sonrisa maléfica se dibuja ahora. Tierna, pero maléfica.
Y yo, en mis sueños, le digo: Nunca es suficiente.
Para Jenny.
Cualquier concepto alejado de la realidad debería usted aclarármelo.
4 de agosto de 2011
Conciencia hecha ser
Abriste la puerta de la libertad,
la luz escapa,
no quiere estar cerca
de los seres que aman,
no quiere estar cerca de mí,
y este calabozo enfermizo,
tan frio como el alma que me presumiste,
se dedica pretenciosamente
a matarme un infinito
numero de veces.
No puedo,
no puedo perecer
tantas veces
ante todos estos castigos,
tu indiferencia,
este terrible sentimiento oscuro,
y mi eterna cárcel que comprime
mi cuerpo,
bondage perfecto,
donde el color de la sangre
es un elemento prohibido
en la decoración tan soberbia
de tu palacio de oscuridad.
Me concedes libertad,
y lo único que consigo
es que el poco calor que queda
se vaya, lejos de mi,
a perderse en el ocaso,
mientras miro tu sonrisa
al percatarte que mi ser
no es mas que jirones,
inertes, expuestos,
presos de la devoción
que alguna vez te profesé.
la luz escapa,
no quiere estar cerca
de los seres que aman,
no quiere estar cerca de mí,
y este calabozo enfermizo,
tan frio como el alma que me presumiste,
se dedica pretenciosamente
a matarme un infinito
numero de veces.
No puedo,
no puedo perecer
tantas veces
ante todos estos castigos,
tu indiferencia,
este terrible sentimiento oscuro,
y mi eterna cárcel que comprime
mi cuerpo,
bondage perfecto,
donde el color de la sangre
es un elemento prohibido
en la decoración tan soberbia
de tu palacio de oscuridad.
Me concedes libertad,
y lo único que consigo
es que el poco calor que queda
se vaya, lejos de mi,
a perderse en el ocaso,
mientras miro tu sonrisa
al percatarte que mi ser
no es mas que jirones,
inertes, expuestos,
presos de la devoción
que alguna vez te profesé.
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