Quise escribir en este espacio una analogía al color rojo. Pude citar la sangre, la carne, los ojos vampíricos, el aroma de la muerte... Pero no. Este blog es rojo porque yo lo deseo. Eso debería bastar.
2 de agosto de 2011
Sobre la entrega
Puedo sentir.
Aún están ahi. ¿Los sientes?
Son los poetas, que buscan entregarse.
Al amor, a la desdicha, al descaro y al desdén.
Podría decir que son los siete Eternos de Neil Gaiman,
aquellos entes a los que se entregan los poetas.
Como si fueran las amantes perfectas.
Qué afán de sentir destruir y ser destruido de todo aquel
que se hace llamar poeta.
Que afán el mío de, alguna vez, quererme también autonombrar así.
Puedo escribir mucho,
sobre mis sentimientos, sobre los de los que me rodean,
sobre la rabia, la ira.
Y todo eso que se plasma en un caracter sin significado,
todas aquellas palabras formadas por cadenas discretas de bits,
de corrimientos de tinta sobre un papel,
todos no hacen mas que simbolizar
el sentimiento último del ser humano:
la entrega.
Cada poesía, hasta la más absurda,
posee algo de entrega.
Quiero, incluso, entregarme a tí,
con este texto que en realidad no trata de nada.
Quiero sentir que muero, que amo, que lastimo y soy lastimado.
Quiero sentir que me acompañas y me imitas en todas esas sensaciones,
enclaustradas en un cuerpo, en un grito, en una idea, una perversión.
Este texto parece discurso para comercial de whiskey,
podrías leerlo con esa misma entrega
con la que te lo presentan en televisión.
Pero abre los ojos, lector, y dime
realmente qué es eso
a lo que te estás entregando.
A qué le cedes tu ser... o a quién.
Yo me entrego a tí, quien me lees,
si es que me lees,
si es que te animaste a leer hasta el final,
pues gracias a tí una poesía es una poesía,
aunque el poeta no sea un poeta,
aunque el poema no tenga temática,
ni fin aparente.
25 de julio de 2011
Después de andar muchos pasajes oscuros
he decidido dar una larga caminata
en ese que le llaman... el camino de la luz.
Sentí tu mano todo este camino,
sentí cómo tu sonrisa suspiraba,
tergiversando la realidad que siempre he conocido,
enmarañando con tus caricias mi cabello,
susurrando que lo mejor estaba aún por ocurrir...
Y ví hermosos paisajes, la bruma del mar,
acantilados que por primera vez no me invitaban
a lacerar mi cuerpo y morir en sus fauces,
pude ver el sol directamente,
sin arder en sus llamas como en mis vidas pasadas.
Perdí el miedo, a tu lado, a ser tocado por estos haces
de realidad profanada por mi sola presencia.
Y cuando estaba listo, tomaste mi rostro,
lo dirigiste hacia el tuyo,
invitándome a que ocurriera
eso que siempre ocurre en los cuentos de hadas,
a mirarte tiernamente
y darnos el statu quo de nuestras sensaciones,
a sentir el aroma de tu cabello
entintado en flores muertas y brillos lúcidos,
a escuchar la vibración de tus palabras
más dulces, más eternas, más hermosas
que la más fina de las mieles egipcias...
Ahora que he hecho eso,
todo eso y más, en este mundo de luz hermosa,
no me siento digno de quedarme,
pues yo pertenezco a otras tierras,
soy extranjero en esta tierra maldita,
y soy extranjero en mi propia tierra,
las garras de la desdicha me persiguen
justo ahora que no quiero ceder,
y aún me pregunto, ingenuamente,
si estás dispuesta, alma de bien
a interceder por mi en este valle de luces sofocantes...
18 de julio de 2011
Dein blut, mein heil
Llega la noche, como siempre, aletargada
bajo los efectos sedativos del Sol.
El ocaso reflejado en esta laguna dulce
luce perfecto al teñir tu cabello.
Las bugambilias, desprendiendo su deliciosa fragancia,
combinan sistemáticamente con la fragancia tuya.
Y ahora, preciosa dama, que lees los poemas
descritos en el firmamento, famélico de sueños
y de extravagancias terrestres,
es cuando más encantado quedo de tí.
Tus dedos, bailando, acariciando al viento
como si fuera mascota moribunda,
tus dedos trazan muerte en mi pecho,
en mi rostro,
en mi espíritu.
Percátate, silueta moldeada en poesía,
que cada segundo que permanezco iluminado
por la refracción de la luz reveladora en tu piel,
debo otro segundo más a la Muerte,
y me cobrará caro el permitirme
estar contigo, así, tan... cerca.
Y ahora,que debo partir,
hacia donde los sueños y las realidades convergen,
donde ser un alma maldita es el menor de los pecados,
donde desearle el bien a alguien como tú es motivo de castigo,
te pido el tesoro más preciado que te puedo pedir,
lo más íntimo que puedes dar de tu ser,
para atesorarlo eternamente
en lo más oscuro de mi corazón.
Tomaré tu dedo, tan suave y curioso,
y lo pincharé con esta daga sagrada.
No me atreveré a corromper esa bebida
ni con mi saliva ni con mis labios
bebiendo de ella, aunque
se que su sabor, su sensación en el paladar
sería la más deliciosa que jamás haya probado.
No, en vez de eso,
la depositaré en este medallón,
cerca de esta orgánica caja de ritmos,
donde pueda sentirla
cada vez que ande mi camino.
Y cuando sienta que esté a punto de partir,
podré abrirla, y beberla,
para hacer ese amargo sentimiento
la más dulce de las despedidas...
una despedida con una sonrisa
y sabor a tí.
12 de julio de 2011
No mereces
Hace poco me miraste a los ojos.
Y cuando eso pasó,
me desvanecí por un momento...
para pedirle a la Luna
que te robara un poco,
solo un poco
de toda esa alegría
y esa hermosura,
pues a veces creo que
simplemente,
no mereces tanta.
Hace poco fue, mi dama melancólica,
que me regalaste una bocanada
de tu aliento,
reflejo de una energía
que no parece marchitarse.
Me desvanecí, para pedirle a la Naturaleza
que te arrebatara
un poco de esa energía tan sublime,
pues a veces creo que,
simplemente,
no mereces tanta.
Hace poco aspiré
de tu aroma tan trágico,
tan mortal, y tan delicioso
de naturaleza muerta.
Frutos cosechados, flores cortadas,
es vida aniquilada, al final de cuentas,
vida que aniquila tu ser,
vida que te da más vida.
Me desvanecí, para pedirle a la Muerte
que te arrebatara
un poco de esa vida impetuosa,
pues a veces creo que,
simplemente,
no mereces tanta.
Hace poco sentí
el ardor de tus palabras,
tu voz tan preciosa, tan aniquilante,
no importaba si lo que decian
era alegría o llamas hirientes,
pues igual me dolían,
las sentía muy profundo
en mi cabeza, en mi corazón.
Y entonces retorné al mundo real,
recordé mis plegarias
a la Luna, a la Muerte, a la Naturaleza,
y me arrepentí de ellas
con toda mi alma.
Todo lo contrario, ahora deseaba
que esas virtudes, tan tuyas,
emanaran de tí de manera inagotable,
para poder maravillarme
eternamente de ellas.
Pues a veces creo que,
simplemente,
el misterio te pertenece.
Para N.L.
Helado de guanábana
Ha salido de la paletería con un helado de... sí, es correcto, ávido lector. Las deliciosas semillas negras entremezcladas entre la cristalizada solución verde hacían magia en sus papilas gustativas... a la vez que la suave luz grisácea del ambiente húmedo y lluvioso de la calle hacía maravillas en las pupilas de sus ojos café silencioso...
Se atrevió a quitarse el gorro del jersey para sentir la lluvia en su cabello, mientras ésta también se mezclaba con su helado, suavizando su dulzura. Las calles solitarias invitaban a nuestra joven protagonista de cabellos dorados a cantar, a bailar, como en un cuento de hadas. Después de todo, ¿que no iba perfecto ese magistral sábado por la tarde? Nada podía mejorar ese delicioso momento.
Bajó la calle, pues, cantando Bad Reputation, y en lugar de entrar a su pórtico, se dirigió directo al sótano, por la entrada trasera. Cuidó que la vecina no anduviera jugando con los perros o regando los claveles, y abrió sigilosamente el candado. Era hora de divertirse un poco. Entró bajando las escaleras de madera, un paso a la vez.
No quería despertar a los huéspedes...
Se quitó el jersey. Debo admitir que, como relator de este cuento, sé que la silueta de la chica era desesperadamente seductora. A un adolescente le habría encantado observar sus senos. Yo me quedo con lo que vi, con su espalda, tan bien torneada, tan blanca de inicio a fin... tan lisa, y práctica, para lavar rápidamente los accidentes de sus juegos.
Tomó el matamoscas y azotó a los dos huéspedes en la mejilla, literalmente. Ellos, sudando, nerviosos, despertaron abruptamente de su sueño, intentando vociferar a través de sus bozales, intentando liberarse de las cadenas que los ataban a sus cruces de San Andrés.
Tomó lo que quedaba de su helado, aún la mitad, y lo dividió en dos. Los hizo unas jugosas bolitas de hielo saborizado, los puso en sus manos, y las restregó en los pechos de los dos tipos, que estaban uno al lado del otro. El ambiente de cloaca en el que se mantenían presos se endulzaba groseramente con el aroma de la guanábana. Ella, excitada, por turnos, frotaba su cuerpo contra el pegajoso cuerpo de los sujetos, aumentando el deseo. Ellos, aunque aterrorizados, acrecentaban su erección tímidamente. Pues ella era deliciosa, y el sadismo en una mujer es atractivo, por muy mortífero que sea. Siempre lo es. Ley de vida, creo que se dice así.
Cuando ella ya estaba suficientemente excitada, cerró la puerta trasera del sótano por dentro, y abrió la que da a la casa. Fue a la cocina, y de regreso traía una bolsa con picahielos, azadones para salchicha, y cuchillos de distintos tamaños, además de una cajita de condones, y bolsas de basura, trapos limpios, una cinta adhesiva para reparar plomería y unos limones ya cortados.
Luego desperté de mi sueño. No recuerdo el resto, pero estoy seguro que esa mirada, tan sedienta y tan firme, denotaban pasiones febrilmente prohibidas por la sociedad. Invito al lector que imagine cómo terminó la historia de la chica del helado de guanábana.
Se atrevió a quitarse el gorro del jersey para sentir la lluvia en su cabello, mientras ésta también se mezclaba con su helado, suavizando su dulzura. Las calles solitarias invitaban a nuestra joven protagonista de cabellos dorados a cantar, a bailar, como en un cuento de hadas. Después de todo, ¿que no iba perfecto ese magistral sábado por la tarde? Nada podía mejorar ese delicioso momento.
Bajó la calle, pues, cantando Bad Reputation, y en lugar de entrar a su pórtico, se dirigió directo al sótano, por la entrada trasera. Cuidó que la vecina no anduviera jugando con los perros o regando los claveles, y abrió sigilosamente el candado. Era hora de divertirse un poco. Entró bajando las escaleras de madera, un paso a la vez.
No quería despertar a los huéspedes...
Se quitó el jersey. Debo admitir que, como relator de este cuento, sé que la silueta de la chica era desesperadamente seductora. A un adolescente le habría encantado observar sus senos. Yo me quedo con lo que vi, con su espalda, tan bien torneada, tan blanca de inicio a fin... tan lisa, y práctica, para lavar rápidamente los accidentes de sus juegos.
Tomó el matamoscas y azotó a los dos huéspedes en la mejilla, literalmente. Ellos, sudando, nerviosos, despertaron abruptamente de su sueño, intentando vociferar a través de sus bozales, intentando liberarse de las cadenas que los ataban a sus cruces de San Andrés.
Tomó lo que quedaba de su helado, aún la mitad, y lo dividió en dos. Los hizo unas jugosas bolitas de hielo saborizado, los puso en sus manos, y las restregó en los pechos de los dos tipos, que estaban uno al lado del otro. El ambiente de cloaca en el que se mantenían presos se endulzaba groseramente con el aroma de la guanábana. Ella, excitada, por turnos, frotaba su cuerpo contra el pegajoso cuerpo de los sujetos, aumentando el deseo. Ellos, aunque aterrorizados, acrecentaban su erección tímidamente. Pues ella era deliciosa, y el sadismo en una mujer es atractivo, por muy mortífero que sea. Siempre lo es. Ley de vida, creo que se dice así.
Cuando ella ya estaba suficientemente excitada, cerró la puerta trasera del sótano por dentro, y abrió la que da a la casa. Fue a la cocina, y de regreso traía una bolsa con picahielos, azadones para salchicha, y cuchillos de distintos tamaños, además de una cajita de condones, y bolsas de basura, trapos limpios, una cinta adhesiva para reparar plomería y unos limones ya cortados.
Luego desperté de mi sueño. No recuerdo el resto, pero estoy seguro que esa mirada, tan sedienta y tan firme, denotaban pasiones febrilmente prohibidas por la sociedad. Invito al lector que imagine cómo terminó la historia de la chica del helado de guanábana.
26 de junio de 2011
Una enferma canción de amor
Bailo a tu ritmo, cadaver en decadencia,
miro ansioso la pornografía de tu demencia,
huelo pervertidamente el azufre pestilente
cuando tus pupilas necrosas atraen mi ser...
Pero no estás muerta, sólo lo pretendes,
aunque tu horrible magia sea tan eficiente
y tus intenciones laceren mi inconsciente
eres hueso, carne, y fuente de placer...
Padezco de insomnio,
cobijado en este velo
aterciopelado...
es un sueño hermoso
cada vez que mueres
entre mis brazos.
Contagiandome de la mentira de tu cuerpo,
deseo más fuerte que whiskey de aniversario,
alucinaciones vivas, te violo y me violas
mientras en mi oído susurras miel...
Probablemente perezcamos muy juntos,
tu por despreciable y yo por mártir fiel,
en el infierno seremos adorados,
no hay mejor pecado que el nacido del placer!
Padezco de insomnio,
cobijado en este velo
aterciopelado...
es un sueño hermoso
cada vez que mueres
entre mis brazos...
En la imagen: Mila Kunis, en una escena de Black Swan
20 de junio de 2011
Forjando un alma
El hierro ya está candente.
He pasado largo tiempo frente a este fogón, pintando de rojo este azadón ante el fuego. Está listo para acercarse a tí... a forjar en tí todo aquello que deseo de un alma, de una mujer, de un cuerpo y de un suspiro. Hecha a mi gusto, al compás y temperatura de este instrumento maldito, con el que tanto me he herido... barata analogía de un alma y un corazón rotos, seguro piensas. Pero ya verás cuando la ardiente punta toque tu mejilla, verás cuando el humo de la carne quemándose empañe tus ojos...
Acércate, criatura. quiero contemplar ese bonito rostro, antes que le haga sonreir de más. Tengo también alcayatas, un martillo y un cincel, para pulir las asperezas que me encuentre mientras acaricio tu frente y destrenzo tus dorados cabellos...
Eso. Siente este poderoso azadón, lleno de la energía de mi pasión y de mi furia, siendo clavado en tu cráneo, una y mil veces, hasta conseguir la forma que deseo...
... y mientras el instrumento penetra el ectoplasma de tu ser, tu sonríes... pues sabes que no podré hacerte daño... quizá jamás. Esa sonrisa era justo lo que quería dibujar en tu rostro... tu rostro de malicia encantadora. Mi cuerpo siente el frío de tu ser, al igual que el azadón. Cierro los ojos, siento esa caricia tuya, tan fantasmal... y siento como mi ser se pierde por ella.
Puedo ser un herrero de una y mil almas, pero es la tuya la única que jamás podré siquiera ablandar. Ni es mi voluntad hacerlo. Despierta en mi esa inspiración para hacer arte, mi princesa volátil, como lo has hecho hasta ahora. Pues sigues atormentando mi corazón, y de la desgracia es de donde proviene el arte más puro.
Para tí cada herraje, cada unión, cada fundición enblandecida, cada escudo de sabiduría y fortaleza. Cada candelabro cuyas sombras provocan pesadillas en los temerosos, cada daga que le da valor a los asaltantes nocturnos, cada espada que defiende del mal al indefenso en este reino olvidado... y el molde de la corona que quizá algún dia portarás...
No necesito forjarte. Ya eres esa pieza única y perfecta en la que tanto soñé.
Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única. Jorge Luis Borges
He pasado largo tiempo frente a este fogón, pintando de rojo este azadón ante el fuego. Está listo para acercarse a tí... a forjar en tí todo aquello que deseo de un alma, de una mujer, de un cuerpo y de un suspiro. Hecha a mi gusto, al compás y temperatura de este instrumento maldito, con el que tanto me he herido... barata analogía de un alma y un corazón rotos, seguro piensas. Pero ya verás cuando la ardiente punta toque tu mejilla, verás cuando el humo de la carne quemándose empañe tus ojos...
Acércate, criatura. quiero contemplar ese bonito rostro, antes que le haga sonreir de más. Tengo también alcayatas, un martillo y un cincel, para pulir las asperezas que me encuentre mientras acaricio tu frente y destrenzo tus dorados cabellos...
Eso. Siente este poderoso azadón, lleno de la energía de mi pasión y de mi furia, siendo clavado en tu cráneo, una y mil veces, hasta conseguir la forma que deseo...
... y mientras el instrumento penetra el ectoplasma de tu ser, tu sonríes... pues sabes que no podré hacerte daño... quizá jamás. Esa sonrisa era justo lo que quería dibujar en tu rostro... tu rostro de malicia encantadora. Mi cuerpo siente el frío de tu ser, al igual que el azadón. Cierro los ojos, siento esa caricia tuya, tan fantasmal... y siento como mi ser se pierde por ella.
Puedo ser un herrero de una y mil almas, pero es la tuya la única que jamás podré siquiera ablandar. Ni es mi voluntad hacerlo. Despierta en mi esa inspiración para hacer arte, mi princesa volátil, como lo has hecho hasta ahora. Pues sigues atormentando mi corazón, y de la desgracia es de donde proviene el arte más puro.
Para tí cada herraje, cada unión, cada fundición enblandecida, cada escudo de sabiduría y fortaleza. Cada candelabro cuyas sombras provocan pesadillas en los temerosos, cada daga que le da valor a los asaltantes nocturnos, cada espada que defiende del mal al indefenso en este reino olvidado... y el molde de la corona que quizá algún dia portarás...
No necesito forjarte. Ya eres esa pieza única y perfecta en la que tanto soñé.
Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única. Jorge Luis Borges
11 de junio de 2011
Mar dulce
No llames a mi puerta hoy.
Estoy escribiendo, estoy ocupado.
Estoy ocupado tratando de escribirte un poema.
Un poema que exhalte tu belleza,
que eleve a los ojos de los dioses
todo aquello que amo de tí.
No abras esa puerta,
no contamines con tu preciosa prescencia
este vil intento de literatura profana.
No engalanes mis ojos con tus ojos,
no endulces la delicia de este aroma a flores marchitas
con el aroma de tu cabello agitando la habitación.
No te acerques, te lo imploro,
no te acerques, no roces tu piel con la mía,
no borres de mi mente mis deseos perversos,
no los conviertas en sentimientos puros,
no me hagas proferirlos hacia tí,
sentir que en carne y alma te necesito.
No me mires a los ojos, silenciosos,
no exprimas cada gota de mi vida,
esta pluma ha dejado de escribirte,
pues mis dedos solo quieren tocar tu rostro
mientras lo acerco al mio, encarando
aquella energía febril que me sofoca.
No me beses, por favor, no me beses,
no me des de tu sabor el tibio suspiro
que me hace languidecer frente a tu porte,
no quemes mis mejillas con la suavidad de tu pelo,
pues no puedo hacer poesía sobre hermosura
si la hermosura misma me embriaga en su locura.
No me tomes, ahora no, elíxir benigno,
no me hagas beber de tu piel llena de vida,
pues deseo sumergirme entre tus aguas,
pero se que en esos mares no hay dolores,
rabiosos mares de agua dulce y lágrimas tersas...
si lloro en ti, mi poesía toda estará muerta.
Estoy escribiendo, estoy ocupado.
Estoy ocupado tratando de escribirte un poema.
Un poema que exhalte tu belleza,
que eleve a los ojos de los dioses
todo aquello que amo de tí.
No abras esa puerta,
no contamines con tu preciosa prescencia
este vil intento de literatura profana.
No engalanes mis ojos con tus ojos,
no endulces la delicia de este aroma a flores marchitas
con el aroma de tu cabello agitando la habitación.
No te acerques, te lo imploro,
no te acerques, no roces tu piel con la mía,
no borres de mi mente mis deseos perversos,
no los conviertas en sentimientos puros,
no me hagas proferirlos hacia tí,
sentir que en carne y alma te necesito.
No me mires a los ojos, silenciosos,
no exprimas cada gota de mi vida,
esta pluma ha dejado de escribirte,
pues mis dedos solo quieren tocar tu rostro
mientras lo acerco al mio, encarando
aquella energía febril que me sofoca.
No me beses, por favor, no me beses,
no me des de tu sabor el tibio suspiro
que me hace languidecer frente a tu porte,
no quemes mis mejillas con la suavidad de tu pelo,
pues no puedo hacer poesía sobre hermosura
si la hermosura misma me embriaga en su locura.
No me tomes, ahora no, elíxir benigno,
no me hagas beber de tu piel llena de vida,
pues deseo sumergirme entre tus aguas,
pero se que en esos mares no hay dolores,
rabiosos mares de agua dulce y lágrimas tersas...
si lloro en ti, mi poesía toda estará muerta.
29 de mayo de 2011
Una de tantos poemas inspirados en una imagen fantástica..
Poesia para que me alimente de ella, y la recite
Como si tuviera que devolversela al mundo
Poesia para ser ultrajada en un cafe parisino a media noche, antes de que los amantes hagan lo suyo bajo el velo nocturno
Poesia para ser honrada directamente bajo la luz de la luna, o bajo la luz de tus ojos, igual de hermosos
cada letra exprimiendo mi ser, cada letra a su manera
Mi sangre bailando al ritmo de tu corazon, como si fuera tu musculo quien tira y bombea de ella,
La humedad de mis labios pidiendo un poco de ese sabor tan tuyo, antes que el viento se lo lleve para siempre
Poesia brincando en tus vertebras todas, invitandome a perseguirlas, como si fuera un minino, como si fuera una feroz bestia buscando la manera de salir de su encierro, tan humano, tan atroz...
Y justo cuando tu boca empieza a proferir palabras, a revelarme ese odio febril que me profieres... la poesía desaparece de tu nuca,
Para impactar mis oídos, con hermosura, y con desdén.
Para N.L.
26 de mayo de 2011
Necrante
¿Que hace el? ¿Que hace ella?
Amándose en carne más allá del bosque maldito,
odiando sus almas más allá del infierno de azufre y whiskey.
La luna los mira con envidia.
El demonio hace jirones y cenizas sus cabellos blancos...
Luna y Demonio envidian al hombre y la mujer.
Piden permiso al aire para amar,
y piden perdon a su dios para yacer juntos.
Luna y Demonio no tienen amantes,
y se miran a los ojos... Ella quema con su luz
la piel del capricornio. El gime de placer
ante semejante muestra de poder...
Luna y Demonio crean, de la pasión de la venganza
y de la unión de fuerzas eléctricas,
una criatura, que se encargaría de hacer infelices
al hombre y a la mujer...
una hermosa criatura
con fuego en los ojos y hielo en la piel.
Necrante creció, alimentado
de la ira de sus padres y la comida de sus enemigos.
Creció cultivado en la magia de la Luna
y la astucia del Demonio...
pero tambien, en la sensibilidad de los hombres.
¿Que hace el? ¿Que hace ella?
Preguntose cuando los miró,
frotando sus pieles y lanzando cánticos de calor,
preguntose cuando se acercó,
percibiendo el aroma del caos
y de algo que los hombres llaman amor.
Necrante se acercó, y embrujó a los dos amantes.
Tomó al hombre, lo hizo suyo encima de la hojarasca.
Tomó a la mujer, y la hizo suya, escondidos de la luz nocturna.
Miró sus ojos, estáticos, intentando sentir
eso que sentían los hombres
cuando se... amaban.
Pero ellos se pertenecían, al menos mientras
el clima cediera y sus aromas los atontaran.
Él sentía esa energía, pero no podia asimilarla.
Pues no era capaz de sentir como los hombres.
Solo recelo, desespero, odio y tentación.
(Tan lejos de sus padres, oh, criatura sin igual...
Pero sólo de hombres malos te podrás alimentar )
Bebió de sus fluídos, de su sangre, de su vida,
los dejo tirados en su recinto, ambos cuerpos
compartiendo el calor que les quedaba,
cantando cánticos de calor mientras aún respiraban.
Necrante, criatura negra y sucia,
no limpiarás jamás tu alma
con la purga de almas puras...
busca ese tesoro
al cual los hombres llaman amor
entre la podredumbre humana,
busca entre los violadores, asesinos,
traidores y estafadores,
busca entre aquellos que mienten,
los que desean y corrompen
más allá de la voluntad ajena,
pues entre los amantes verdaderos
jamás hallarás ese tesoro que buscas
en cantidad suficiente
para hacerte morir en paz...
Amándose en carne más allá del bosque maldito,
odiando sus almas más allá del infierno de azufre y whiskey.
La luna los mira con envidia.
El demonio hace jirones y cenizas sus cabellos blancos...
Luna y Demonio envidian al hombre y la mujer.
Piden permiso al aire para amar,
y piden perdon a su dios para yacer juntos.
Luna y Demonio no tienen amantes,
y se miran a los ojos... Ella quema con su luz
la piel del capricornio. El gime de placer
ante semejante muestra de poder...
Luna y Demonio crean, de la pasión de la venganza
y de la unión de fuerzas eléctricas,
una criatura, que se encargaría de hacer infelices
al hombre y a la mujer...
una hermosa criatura
con fuego en los ojos y hielo en la piel.
Necrante creció, alimentado
de la ira de sus padres y la comida de sus enemigos.
Creció cultivado en la magia de la Luna
y la astucia del Demonio...
pero tambien, en la sensibilidad de los hombres.
¿Que hace el? ¿Que hace ella?
Preguntose cuando los miró,
frotando sus pieles y lanzando cánticos de calor,
preguntose cuando se acercó,
percibiendo el aroma del caos
y de algo que los hombres llaman amor.
Necrante se acercó, y embrujó a los dos amantes.
Tomó al hombre, lo hizo suyo encima de la hojarasca.
Tomó a la mujer, y la hizo suya, escondidos de la luz nocturna.
Miró sus ojos, estáticos, intentando sentir
eso que sentían los hombres
cuando se... amaban.
Pero ellos se pertenecían, al menos mientras
el clima cediera y sus aromas los atontaran.
Él sentía esa energía, pero no podia asimilarla.
Pues no era capaz de sentir como los hombres.
Solo recelo, desespero, odio y tentación.
(Tan lejos de sus padres, oh, criatura sin igual...
Pero sólo de hombres malos te podrás alimentar )
Bebió de sus fluídos, de su sangre, de su vida,
los dejo tirados en su recinto, ambos cuerpos
compartiendo el calor que les quedaba,
cantando cánticos de calor mientras aún respiraban.
Necrante, criatura negra y sucia,
no limpiarás jamás tu alma
con la purga de almas puras...
busca ese tesoro
al cual los hombres llaman amor
entre la podredumbre humana,
busca entre los violadores, asesinos,
traidores y estafadores,
busca entre aquellos que mienten,
los que desean y corrompen
más allá de la voluntad ajena,
pues entre los amantes verdaderos
jamás hallarás ese tesoro que buscas
en cantidad suficiente
para hacerte morir en paz...
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